Temores y presagios
Publicado 2006/06/10 23:00:00
- José Pineda
"Se trata de un hombre y su cifra es 666". En nuestro medio cultural panameño el asunto de los números es manjar diario como el arroz con guandú.
TITULARES de medios escritos se hicieron eco de los rumores sobre el famoso 666 y no faltaron personas inquietadas con antelación sobre las calamidades apocalípticas que nos esperaban con manifestaciones cósmicas y alteraciones metereológicas, y absurdos comportamientos morales que nos ponían en situaciones escatológicas.
Muchos no le dieron importancia y se manifestaron indiferentes y apáticos, como lo hacen siempre con todo lo que suceda a su alrededor, y más bien preocupados por sus deudas, y de ver cómo hacen un par más reales.
Otros, más preocupados, hacían preguntas y fomentaban el temor aludiendo a las calamidades como las erupciones en Indonesia, inundaciones, la interminable guerra en Irak, el kilométrico muro para evitar el ingreso ilegal de latinos en los EE.UU., las pateras llenas de senegaleses que invaden a Europa en busca de mejor vida, la violencia urbana desatada en las balaceras entre las bandas; los asaltos no resueltos a Brinks; las decisiones descabelladas en el campo de la justicia, exonerando a potentados de acusaciones hechas por lesiones al patrimonio nacional y la descristianización de la juventud, y la gran propensión a tragarse, como verdades de fe, las peregrinas ocurrencias de un novelista empeñado, carente de verdad histórica, y otros signos de los tiempos como la cercanía del fin del mundo y el advenimiento del Anticristo. Todo basado en el capítulo XIII, versos 16 - 18 del libro del Apocalipsis o Revelación, en donde habla de las dos fieras, la Bestia, y, aludiendo a la otra Bestia, el texto reza así: "Vi surgir del continente otra bestia"....."Aquí verán quién es sabio. Si ustedes son entendidos interpreten la cifra de la Bestia. Se trata de un hombre y su cifra es 666".
En nuestro medio cultural panameño el asunto de los números es manjar diario como el arroz con guandú. Este verso ha dado mucho que hablar y se han oído "tot sententiae quot capita", tantas interpretaciones como cabezas.
Las indicaciones numéricas en los libros sagrados exigen a ver si se han trasmitido con exactitud. Los números se escribían con letras, el texto ha podido ser alterado. Una vez fijado el texto, todavía hay que preguntarse si en la intención del autor había que entender el número en cuestión, según su valor aritmético o solo como cierta aproximación o hasta según su significado simbólico. Consta que las antiguas civilizaciones semíticas se preocupaban poco por la exactitud matemática en la forma en que la encarece nuestra civilización. En cambio, multiplicaban los empleos convencionales y simbólicos. De los números redondos o aproximativos se pasa fácilmente en la Biblia, a los empleos convencionales que sería un eror entender al pie de la letra. En cuanto a las significaciones simbólicas hay que decir que el antiguo Oriente gustó mucho del simbolismo de los números. En Mesopotamia, donde las matemáticas estaban relativamene desarrolladas, se atribuían a los dioses ciertos números sagrados. Según las especulaciones pitagóricas, 1 y 2 eran masculinos; 3 y 4 eran femeninos; 7 virginal.. En los escritos judíos no bíblicos y en los Padres de la Iglesia aparecen estas especulaciones, ya que en la Biblia ninguna cifra es sagrada per se. Por contagio con las civilizaciones circundantes se encuentran en gran número ciertos empleos convencionales, empleos simbólicos e incluso "gematrías".
Las "gematrias" (corrupción del gr. Geometría) era un procedimiento usual en los antiguos según el cual una cifra dada designa un hombre o un objeto porque el valor numérico de las letras, que constituyen su nombre, corresponde al número en cuestión. La Biblia ofrece de esto algunos ejemplos ciertos, como el que nos ocupa.
Según lo anterior, se puede interpretar el número de la Bestia, que es un número muy concreto, vinculado a la vida económica del imperio, a la injusticia de los ricos.
Así se dice que el Falso Profeta que es la propaganda (filosofía, religiones, medios de comunicación, que se ponen al servicio de la primera Bestia "hizo también que todos, grandes y pequeños ricos y pobres, libres y esclavos llevasen grabada una marca en la mano derecha o en la frente "Y solo quien llevaba grabado el nombre de la bestia o la cifra de su nombre podía comprar o vender". (Continuará).
Muchos no le dieron importancia y se manifestaron indiferentes y apáticos, como lo hacen siempre con todo lo que suceda a su alrededor, y más bien preocupados por sus deudas, y de ver cómo hacen un par más reales.
Otros, más preocupados, hacían preguntas y fomentaban el temor aludiendo a las calamidades como las erupciones en Indonesia, inundaciones, la interminable guerra en Irak, el kilométrico muro para evitar el ingreso ilegal de latinos en los EE.UU., las pateras llenas de senegaleses que invaden a Europa en busca de mejor vida, la violencia urbana desatada en las balaceras entre las bandas; los asaltos no resueltos a Brinks; las decisiones descabelladas en el campo de la justicia, exonerando a potentados de acusaciones hechas por lesiones al patrimonio nacional y la descristianización de la juventud, y la gran propensión a tragarse, como verdades de fe, las peregrinas ocurrencias de un novelista empeñado, carente de verdad histórica, y otros signos de los tiempos como la cercanía del fin del mundo y el advenimiento del Anticristo. Todo basado en el capítulo XIII, versos 16 - 18 del libro del Apocalipsis o Revelación, en donde habla de las dos fieras, la Bestia, y, aludiendo a la otra Bestia, el texto reza así: "Vi surgir del continente otra bestia"....."Aquí verán quién es sabio. Si ustedes son entendidos interpreten la cifra de la Bestia. Se trata de un hombre y su cifra es 666".
En nuestro medio cultural panameño el asunto de los números es manjar diario como el arroz con guandú. Este verso ha dado mucho que hablar y se han oído "tot sententiae quot capita", tantas interpretaciones como cabezas.
Las indicaciones numéricas en los libros sagrados exigen a ver si se han trasmitido con exactitud. Los números se escribían con letras, el texto ha podido ser alterado. Una vez fijado el texto, todavía hay que preguntarse si en la intención del autor había que entender el número en cuestión, según su valor aritmético o solo como cierta aproximación o hasta según su significado simbólico. Consta que las antiguas civilizaciones semíticas se preocupaban poco por la exactitud matemática en la forma en que la encarece nuestra civilización. En cambio, multiplicaban los empleos convencionales y simbólicos. De los números redondos o aproximativos se pasa fácilmente en la Biblia, a los empleos convencionales que sería un eror entender al pie de la letra. En cuanto a las significaciones simbólicas hay que decir que el antiguo Oriente gustó mucho del simbolismo de los números. En Mesopotamia, donde las matemáticas estaban relativamene desarrolladas, se atribuían a los dioses ciertos números sagrados. Según las especulaciones pitagóricas, 1 y 2 eran masculinos; 3 y 4 eran femeninos; 7 virginal.. En los escritos judíos no bíblicos y en los Padres de la Iglesia aparecen estas especulaciones, ya que en la Biblia ninguna cifra es sagrada per se. Por contagio con las civilizaciones circundantes se encuentran en gran número ciertos empleos convencionales, empleos simbólicos e incluso "gematrías".
Las "gematrias" (corrupción del gr. Geometría) era un procedimiento usual en los antiguos según el cual una cifra dada designa un hombre o un objeto porque el valor numérico de las letras, que constituyen su nombre, corresponde al número en cuestión. La Biblia ofrece de esto algunos ejemplos ciertos, como el que nos ocupa.
Según lo anterior, se puede interpretar el número de la Bestia, que es un número muy concreto, vinculado a la vida económica del imperio, a la injusticia de los ricos.
Así se dice que el Falso Profeta que es la propaganda (filosofía, religiones, medios de comunicación, que se ponen al servicio de la primera Bestia "hizo también que todos, grandes y pequeños ricos y pobres, libres y esclavos llevasen grabada una marca en la mano derecha o en la frente "Y solo quien llevaba grabado el nombre de la bestia o la cifra de su nombre podía comprar o vender". (Continuará).

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