Un inolvidable ‘Réquiem Alemán’ de Brahms en el Teatro Nacional
- Verónica Rodríguez R. (opinion@epasa.com)
Una sobrecogedora experiencia musical a través de las voces del coro "Berliner Cappella" de la República de Alemania, del Coro Polifónico y Música Viva de la República de Panamá, y el acompañamiento de la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección magistral de Kerstin Behnke, nos hizo viajar el pasado 4 de abril en el Teatro Nacional al universo de Johannes Brahms con su obra inmortal: "Ein Deutsches Réquiem" (Réquiem Alemán).
Las memorables reflexiones sobre la muerte a través de este clásico de la música sinfónico-coral, compuesto de siete movimientos inspirados en las Sagradas Escrituras, hacen de esta partitura la más extensa y complicada del compositor de Hamburgo por su estructura y técnica. Y digo también complicada porque para algunos participantes de los coros panameños no fue fácil, también había que vencer las barreras del idioma, y en el caso de esta novel en el Polifónico, tenía que vencer el miedo.
Recuerdo que cuando la profesora Electra Castillo me entregó la partitura de "Ein Deutsches Requiem", compuesta de 95 páginas en alemán, pensé por un instante obviar el reto, pero una y otra vez me llegaban a la memoria las sabias palabras de Tony Meléndez: "Nunca digas no puedo...", y con ese ánimo empecé a estudiar la vida y obra de este compositor alemán de carácter introspectivo y de gran calidad sentimental, uno de los compositores más importantes del siglo XIX después de Bach y Beethoven.
Por tratarse de una obra universal que se cantaba por primera vez en Panamá y ser, por decirlo así, mi prueba de fuego, empecé a perfeccionarme poco a poco en los siete movimientos, especialmente en dos de ellos: "Denn alles fleisch, est ist wie gras" (Mov. 2) y "Denn wir haben hie keine bleibende statt" (Mov. 6); no porque los otros fueran menos importantes, sino por ser los más extensos y brillantes, además por su complicada estructura rítmica.
Uno de los momentos más emotivos fue cuando el coro interpretó con "tutta forza" el movimiento 6: "Pues no tenemos en la tierra una morada permanente" (Hb. 13, 14; 1 Co. 15, 51 y 52, 54 y 55; Ap. 4, 11), un canto de victoria sobre la muerte que acaba con una doble fuga; tanto es así que al fondo del teatro escuché unos cuantos aplausos... interrumpidos por la mano de la directora, quien dio cuenta de que la obra aún no había terminado. Cerrando el ciclo perfecto, retornamos al principio con textos paralelos que daban unidad a la monumental obra. "Bienaventurados los muertos que de aquí en adelante mueran en el Señor". "Sí", dice el Espíritu, "descansarán de sus trabajos; pero sus obras continuarán con ellos" (Ap. 14, 13).
Las apreciaciones publicadas en los medios de comunicación en torno al evento han sido muy gratificantes. Hoy puedo expresar con satisfacción que valió la pena el esfuerzo y la dedicación de tantos meses de ensayo para unir a Europa y América en una sola voz, tal como lo soñó Johannes Brahms cuando dijo que su Réquiem era "para toda la gente, de cualquier nación o credo".
Agradezco a los directores titulares -Jorge Ledezma Bradley y Electra Castillo- por haber confiado en nuestro talento; al embajador de Alemania, Michael Grau, y a su esposa, Marie Guillot; al INAC, a la Asociación Nacional de Conciertos y demás patrocinadores por hacer realidad este proyecto Semana Santa 2012. Y a nuestros amigos berlineses, a la directora Kerstin Behnke, por compartir su tiempo, su cariño y la diversidad de conocimientos que hicieron de este "Réquiem Alemán" una experiencia musical histórica e inolvidable.
Docente y correctora.

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