Ventajas de una segunda lengua
Publicado 2002/08/02 23:00:00
- Katherine Palacio P./CrÃtica
Desde hace un par de meses anda rondando sobre nuestras cabezas, una ley sobre el idioma inglés. Creo que son dos, pero no profundizaré en ello. Más bien me referiré a algo más práctico y conveniente, así como a la actitud de algunos panameños. En todas las escuelas y universidades del mundo se enseña la lengua materna y otras más. Europa tiene la facilidad de la convivencia entre países y allí, el que menos sabe, habla de tres idiomas para arriba. Eso es parte de la cultura general de las personas y para ellos es lo más natural del mundo. Igual debiera serlo para nosotros y sentir orgullo de hablar tantos idiomas como podamos.
El inglés, gústele o no a ciertas personitas que creen tener el control del nacionalismo, es el idioma universal y, hoy, quien no lo domina o lo conoce, no entra en el mundo del desarrollo, de la tecnología y de los adelantos modernos. Tanto en la ciencia como en el arte, en las profesiones de toda índole y en el diario bregar, necesitamos el inglés para una mejor comunicación. No comprendo la discrepancia de esas personas que, dicho sea de paso, siempre son las misma, a la idea de que los muchachos aprendan inglés desde temprano. Sin embargo, la mayoría de los que se oponen, lo dominan o lo hablan. ¿Será egoísmo, será miopía o estupidez?
Igual que ellos lo aprendieron y se aprovechan para utilizarlo, deben permitir a la mayoría o a todos, hacerlo. Se ha publicado hasta la saciedad sobre compañías extranjeras llegadas a Panamá a instalar fábricas o empresas y se marchan a otros países porque no encuentran suficiente personal bilingüe para trabajar en ellas. Vergüenza debiera darnos estos hechos porque hablan negativamente de nuestro nivel cultural. Desde la primera vez que lo escuché me dolió perder esas oportunidades de empleos, económicas, de adelanto; escuché también a los opositores criticar la situación y culpar al gobierno actual por la incultura de nuestro pueblo. Han sido injustos; esto viene arrastrado de muchos años atrás y no se puede recoger la leche derramada. Sencillamente, por la experiencia vivida y que tanto daño ha hecho a nuestro país en el pasado y en el futuro, debemos pensar seriamente en solucionarlo, en remediar el error y ver cómo ayudamos a mejorar la educación.
Se habla también de la instrucción universitaria, de la deficiencia en la formación de los muchachos que sólo les enseñamos a ser asalariados, trabajadores, dependientes y no les inculcamos la educación para ser empresarios; para serlo, parte de lo mismo es dominar el inglés. Si pusiéramos la materia a nivel del español; si mejoráramos este último en su enseñanza, evitaríamos que una secretaria escribiera cartas llenas de errores garrafales; evitaríamos que esa secretaria escribiera "hiendo" en vez de "yendo" porque escriben como hablan y hablan como les suena, no como es correcto.
Sinceramente quisiera ver a los sabihondos "nacionalistas", y lo pongo entre comillas porque en el fondo no son sino necios que creen querer al país más que los demás, dejar de oponerse por hacerlo y vieran a Panamá como realmente es, con sus verdaderas necesidades, con sus conveniencias para las mayorías; quisiera que reconocieran la necesidad de mejorar el nivel cultural de nuestro pueblo y ayudar a superar las deficiencias en su preparación.
Nos guste o no, el inglés es indispensable en la vida moderna. Si los demás países no tienen inconveniente en reconocerlo y aprenderlo para beneficio de cada uno, por qué nosotros nos oponemos a verlo igual. No debemos hablar contrariamente a todas las proposiciones por el sólo hecho de oponernos. Entendamos las ventajas de aprenderlo y demos mejor cultura a nuestro pueblo. Pensemos con mentalidad amplia en el bien de los demás para salir del subdesarrollo.
En estos tiempos nuestros en que el arte ha dejado de ser arte para convertirse en oficio de entretenimiento y tema de conversación de seres que a los 40 ó 50 años, habiendo descubierto que ni con la adquisición de incontables objetos de toda índole ni con la ostentación pudieron dar sentido a sus vidas, buscaron en la cultura una pátina de importancia social y de profundidad espiritual, y celebran lo mediocre y canjear alabanzas por pleitesía, y piensan que una computadora es capaz de producir obras que merecen aparecer colgadas junto a los tapices de Rafael y al triunfo de Sebastiano del Piombo sobre la luz y las sombras. Por cierto, la exposición de Silvera, que es uno de los mayores acontecimientos artísticos que se han dado en este país en muchos años, ofrece una oportunidad para salir del mar de mediocridades que asuela con su oleaje feroz y empedernido el ámbito cultural existente, y tiene la gran ventaja de que uno puede disfrutar de ella tranquilamente, seguro de que no va a tropezarse con nadie.
Pero, eso sí, que los que van para poder hablar de ella en la próxima fiesta se abstengan de definir la composición del Descendimiento con un desgarradora figura de Cristo y las tres Marías a un lado como una nueva escena de las Tres Gracias que una y otra vez aparecen en su obra. Que se abstengan también de definir los colores que hay en cuadro tras cuadro a menos que recurran al lenguaje de las críticas que escribió Baudelaire sobre Delacroix, porque sus comentarios profanarían el lugar, por lo menos mientras dure la exposición.
Curioso es, sin duda, que de pronto pongan unos versos mochados delante de los ojos del que se aventuró por esa colección de belleza que Silvera, con su gallarda figura de octogenario que no se rinde ante las modas y que rechaza lo efímero, regala al minúsculo público de viejos amigos y de algunos curiosos. Vale la pena, en efecto, rescatar del olvido el original que no pasó la crítica de los encargados porque la censura de la poesía no es aceptable jamás, y menos aún cuando está engarzada en la más vieja y viva tradición del verso español chocarrero:
Cuadros míos que viajáis
por este mundo traidor,
le pido a Dios que os proteja
del juicio del curador,
y que dicte un anatema
contra cualquier malhechor
que diga que es gran artista
quien pinta sin ser pintor.
Un saludo gentil y un fuerte abrazo conservo dentro de mí para Lolo que es testimonio vivo de la suerte del artista y del escritor cuando le toca nacer en estos tiempos en un país como Panamá. A este personaje cuya versatilidad recuerda el apetito renacentista por toda forma de belleza y todo depósito de conocimientos, tal ver le sirva de consuelo y aliento la fama póstuma es la mejor prueba de que vivimos tiempos sin valores y que la hora del hombre mediocre ha sonado.
El inglés, gústele o no a ciertas personitas que creen tener el control del nacionalismo, es el idioma universal y, hoy, quien no lo domina o lo conoce, no entra en el mundo del desarrollo, de la tecnología y de los adelantos modernos. Tanto en la ciencia como en el arte, en las profesiones de toda índole y en el diario bregar, necesitamos el inglés para una mejor comunicación. No comprendo la discrepancia de esas personas que, dicho sea de paso, siempre son las misma, a la idea de que los muchachos aprendan inglés desde temprano. Sin embargo, la mayoría de los que se oponen, lo dominan o lo hablan. ¿Será egoísmo, será miopía o estupidez?
Igual que ellos lo aprendieron y se aprovechan para utilizarlo, deben permitir a la mayoría o a todos, hacerlo. Se ha publicado hasta la saciedad sobre compañías extranjeras llegadas a Panamá a instalar fábricas o empresas y se marchan a otros países porque no encuentran suficiente personal bilingüe para trabajar en ellas. Vergüenza debiera darnos estos hechos porque hablan negativamente de nuestro nivel cultural. Desde la primera vez que lo escuché me dolió perder esas oportunidades de empleos, económicas, de adelanto; escuché también a los opositores criticar la situación y culpar al gobierno actual por la incultura de nuestro pueblo. Han sido injustos; esto viene arrastrado de muchos años atrás y no se puede recoger la leche derramada. Sencillamente, por la experiencia vivida y que tanto daño ha hecho a nuestro país en el pasado y en el futuro, debemos pensar seriamente en solucionarlo, en remediar el error y ver cómo ayudamos a mejorar la educación.
Se habla también de la instrucción universitaria, de la deficiencia en la formación de los muchachos que sólo les enseñamos a ser asalariados, trabajadores, dependientes y no les inculcamos la educación para ser empresarios; para serlo, parte de lo mismo es dominar el inglés. Si pusiéramos la materia a nivel del español; si mejoráramos este último en su enseñanza, evitaríamos que una secretaria escribiera cartas llenas de errores garrafales; evitaríamos que esa secretaria escribiera "hiendo" en vez de "yendo" porque escriben como hablan y hablan como les suena, no como es correcto.
Sinceramente quisiera ver a los sabihondos "nacionalistas", y lo pongo entre comillas porque en el fondo no son sino necios que creen querer al país más que los demás, dejar de oponerse por hacerlo y vieran a Panamá como realmente es, con sus verdaderas necesidades, con sus conveniencias para las mayorías; quisiera que reconocieran la necesidad de mejorar el nivel cultural de nuestro pueblo y ayudar a superar las deficiencias en su preparación.
Nos guste o no, el inglés es indispensable en la vida moderna. Si los demás países no tienen inconveniente en reconocerlo y aprenderlo para beneficio de cada uno, por qué nosotros nos oponemos a verlo igual. No debemos hablar contrariamente a todas las proposiciones por el sólo hecho de oponernos. Entendamos las ventajas de aprenderlo y demos mejor cultura a nuestro pueblo. Pensemos con mentalidad amplia en el bien de los demás para salir del subdesarrollo.
En estos tiempos nuestros en que el arte ha dejado de ser arte para convertirse en oficio de entretenimiento y tema de conversación de seres que a los 40 ó 50 años, habiendo descubierto que ni con la adquisición de incontables objetos de toda índole ni con la ostentación pudieron dar sentido a sus vidas, buscaron en la cultura una pátina de importancia social y de profundidad espiritual, y celebran lo mediocre y canjear alabanzas por pleitesía, y piensan que una computadora es capaz de producir obras que merecen aparecer colgadas junto a los tapices de Rafael y al triunfo de Sebastiano del Piombo sobre la luz y las sombras. Por cierto, la exposición de Silvera, que es uno de los mayores acontecimientos artísticos que se han dado en este país en muchos años, ofrece una oportunidad para salir del mar de mediocridades que asuela con su oleaje feroz y empedernido el ámbito cultural existente, y tiene la gran ventaja de que uno puede disfrutar de ella tranquilamente, seguro de que no va a tropezarse con nadie.
Pero, eso sí, que los que van para poder hablar de ella en la próxima fiesta se abstengan de definir la composición del Descendimiento con un desgarradora figura de Cristo y las tres Marías a un lado como una nueva escena de las Tres Gracias que una y otra vez aparecen en su obra. Que se abstengan también de definir los colores que hay en cuadro tras cuadro a menos que recurran al lenguaje de las críticas que escribió Baudelaire sobre Delacroix, porque sus comentarios profanarían el lugar, por lo menos mientras dure la exposición.
Curioso es, sin duda, que de pronto pongan unos versos mochados delante de los ojos del que se aventuró por esa colección de belleza que Silvera, con su gallarda figura de octogenario que no se rinde ante las modas y que rechaza lo efímero, regala al minúsculo público de viejos amigos y de algunos curiosos. Vale la pena, en efecto, rescatar del olvido el original que no pasó la crítica de los encargados porque la censura de la poesía no es aceptable jamás, y menos aún cuando está engarzada en la más vieja y viva tradición del verso español chocarrero:
por este mundo traidor,
le pido a Dios que os proteja
del juicio del curador,
y que dicte un anatema
contra cualquier malhechor
que diga que es gran artista
quien pinta sin ser pintor.
Un saludo gentil y un fuerte abrazo conservo dentro de mí para Lolo que es testimonio vivo de la suerte del artista y del escritor cuando le toca nacer en estos tiempos en un país como Panamá. A este personaje cuya versatilidad recuerda el apetito renacentista por toda forma de belleza y todo depósito de conocimientos, tal ver le sirva de consuelo y aliento la fama póstuma es la mejor prueba de que vivimos tiempos sin valores y que la hora del hombre mediocre ha sonado.

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