Voces literarias silenciadas
Publicado 2003/01/28 00:00:00
- Mariblanca Staff Wilson
Históricamente, las mujeres han sido y siguen siendo en el mundo uno de los grupos de población no solamente más pobres, sino uno de los más discriminados y cuyas voces han sido silenciadas; situación que se refleja en el ámbito social, político, legal y cultural. En este momento, en algún rincón del planeta hay mujeres que sufren algún tipo de censura estatal o religiosa, exilio, prisión y hasta peligro de muerte por pretender que sus voces sean escuchadas. Inclusive, en países en los que supuestamente existen gobiernos democráticos, las escritoras suelen sufrir un tipo más sutil de censura, como es la que les impone el mercado literario que las ignora, pues las editoriales muestran poco o ningún interés en publicar, en promocionar y en vender sus obras.
Este hecho no escapa a la sociedad panameña, en la que también se observa una tendencia a desconocer a las mujeres, a través de un silencio que es un problema tan serio como el de la pobreza y de la discriminación y es, al mismo tiempo, causa y efecto de la misma. Y es que si el arte y la cultura son asuntos de importancia estratégica para el desarrollo de una sociedad, ignorar las expresiones de la creatividad literaria femenina es disminuir las fuerzas movilizadoras de una nación.
De lo anterior resulta que ignorar, silenciar o estereotipar la creatividad literaria de las mujeres, representa un atentado a la diversidad cultural, especialmente cuando nuestras sociedades viven una monocultura foránea que margina y poco a poco va borrando la autenticidad y la autonomía de las expresiones literarias y culturales locales e individuales.
Y en esta imposición de la monocultura primermundista, que en su gran mayoría es promovida por los medios de comunicación, las voces femeninas se encuentran indefensas frente a los monopolios editoriales que gobiernan las leyes del mercado, en los que la industria del libro busca convertirlo en productos rápidos, consumibles y desechables, bajos en calidad literaria y que no dejan ninguna huella.
Los escritores y las escritoras responsables, así como los lectores y lectoras, tenemos el deber de luchar por la diversidad cultural y porque las voces de las mujeres escritoras sean escuchadas, publicadas, promovidas, reconocidas y premiadas tanto como la de los escritores varones. Para ello tenemos que resistir y levantarnos como dice Diane Reed, presidenta de la Cree Society for Communications: "Cuando las mujeres de una nación se levantan constituyen las voces más fuertes que pueden oírse y esas voces no pueden ser silenciadas".
Este hecho no escapa a la sociedad panameña, en la que también se observa una tendencia a desconocer a las mujeres, a través de un silencio que es un problema tan serio como el de la pobreza y de la discriminación y es, al mismo tiempo, causa y efecto de la misma. Y es que si el arte y la cultura son asuntos de importancia estratégica para el desarrollo de una sociedad, ignorar las expresiones de la creatividad literaria femenina es disminuir las fuerzas movilizadoras de una nación.
De lo anterior resulta que ignorar, silenciar o estereotipar la creatividad literaria de las mujeres, representa un atentado a la diversidad cultural, especialmente cuando nuestras sociedades viven una monocultura foránea que margina y poco a poco va borrando la autenticidad y la autonomía de las expresiones literarias y culturales locales e individuales.
Y en esta imposición de la monocultura primermundista, que en su gran mayoría es promovida por los medios de comunicación, las voces femeninas se encuentran indefensas frente a los monopolios editoriales que gobiernan las leyes del mercado, en los que la industria del libro busca convertirlo en productos rápidos, consumibles y desechables, bajos en calidad literaria y que no dejan ninguna huella.
Los escritores y las escritoras responsables, así como los lectores y lectoras, tenemos el deber de luchar por la diversidad cultural y porque las voces de las mujeres escritoras sean escuchadas, publicadas, promovidas, reconocidas y premiadas tanto como la de los escritores varones. Para ello tenemos que resistir y levantarnos como dice Diane Reed, presidenta de la Cree Society for Communications: "Cuando las mujeres de una nación se levantan constituyen las voces más fuertes que pueden oírse y esas voces no pueden ser silenciadas".

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