Panamá
Segunda vuelta: mayor legitimidad sin garantía de gobernabilidad
- Vivian Jiménez
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- @PanamaAmerica
Implementar este modelo en Panamá, según diversos especialistas en Derecho, podría incentivar la conformación de alianzas y acuerdos políticos más amplios.
La segunda vuelta electoral, conocida también como balotaje, se realiza en países como Colombia, Costa Rica, Chile y Perú. Archivo
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Las contiendas electorales desarrolladas en países vecinos han vuelto a reavivar en Panamá el debate sobre la necesidad de una segunda vuelta que garantice la mayoría de votos para quien ocupe el cargo de presidente o presidenta de la República, una modificación que, según diversos especialistas en Derecho, debe introducirse a nivel constitucional, y que figura entre las propuestas más recurrentes presentadas por la ciudadanía a la Secretaría Presidencial para la Reorganización del Estado y Asuntos Constitucionales (Sepresac) en su proceso de consultas de cara a la construcción de una nueva Carta Magna.
Los panameños, sostuvo Miguel Antonio Bernal, coordinador general de la entidad, proponen que el mínimo para obtener la victoria sea 50%; de lo contrario, se iría a una segunda vuelta, un mecanismo en el que los dos candidatos con más votos vuelven a enfrentarse por el respaldo mayoritario del electorado.
Dicho proceso, a juicio de Juan Carlos Araúz, expresidente del Colegio Nacional de Abogados de Panamá (CNA), puede fortalecer la legitimidad del mandatario electo, pues garantiza que quien ocupe el puesto tenga el apoyo de la mayoría absoluta de los votantes.
"Esto resulta especialmente relevante en sistemas donde existe una alta dispersión del voto entre múltiples candidaturas", expresó a Panamá América.
Sobre el impacto que pudiera tener la segunda vuelta en las candidaturas por libre postulación, una alternativa que en las últimas elecciones se impuso a los partidos políticos, aseguró que este sistema no las excluye, pero sí conllevaría una reestructuración de sus estrategias, ya que podría incentivar la conformación de alianzas y acuerdos políticos más amplios para competir con posibilidades reales en una próxima jornada.
El jurista hizo hincapié en que cualquier reforma que se introduzca al modelo electoral panameño debe analizarse procurando un equilibrio entre gobernabilidad, representatividad y participación ciudadana.
La docente y abogada Lirieth Evany Rodríguez Jordan coincide con Araúz en que la segunda vuelta en Panamá otorgaría un respaldo ciudadano más amplio a los mandatarios, sobre todo porque suelen ser electos con apenas un tercio de los votos, lo que debilita su legitimidad y complica su estabilidad política.
Los panameños, según Miguel Antonio Bernal, coordinador general de la Sepresac, proponen que el mínimo para obtener la victoria sea 50%; de lo contrario, se iría a una segunda vuelta, un mecanismo en el que los dos candidatos con más votos vuelven a enfrentarse por el respaldo mayoritario del electorado.
Las candidaturas por libre postulación no serían excluidas en este modelo, pero sí tendrían que reestructurar sus estrategias.
Es viable y necesaria para mejorar la democracia, pero debe acompañarse de reformas más profundas: fortalecimiento de partidos, transparencia institucional y educación cívica.
Señaló que la experiencia de países que cuentan con este sistema, como Colombia, Chile y Costa Rica, es ilustrativa; aunque ha permitido que sus presidentes obtengan un respaldo ciudadano más amplio, no ha eliminado la fragmentación política. Por tanto, la lección que puede aprender Panamá de estas naciones es clara: la segunda vuelta o 'balotaje', como también se le conoce, fortalece la representación, pero no asegura estabilidad si los partidos y las instituciones siguen débiles.
Sin embargo, reconoció que la reforma constitucional, la resistencia de partidos políticos acostumbrados a ganar con minorías y los costos logísticos de realizar una segunda elección podrían frenar la aprobación de este sistema en el país.
Rodríguez Jordan considera que la segunda vuelta es viable y necesaria para mejorar la democracia, pero debe acompañarse de reformas más profundas: fortalecimiento de partidos, transparencia institucional y educación cívica para que deje de ser un mecanismo formal y se convierta en un verdadero instrumento de gobernabilidad.
"Sin una cultura política que fomente consensos reales, el balotaje podría convertirse en un simple trámite sin impacto en la gobernabilidad", agregó.
Los últimos tres presidentes que ha tenido Panamá, Juan Carlos Varela (2014-2019), Laurentino Cortizo (2019-2024) y José Raúl Mulino (2024-actualidad), han sido electos con menos del 50% de los votos, razón por la cual se retoma el tema.

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