China más allá de los prejuicios: la primera lección de un ciudadano panameño
- Jorge Enrique Rodríguez
- /
- Es estudiante de Ciencia Política, consultor
- /
Cuando acepté la invitación para participar en un programa académico sobre macroeconomía en la República Popular China, llevaba conmigo algo más que una maleta y documentos de viaje; también llevaba mis propias convicciones, mis lecturas de teoría política, mis experiencias profesionales y, por supuesto, los prejuicios que todos construimos cuando observamos una realidad desde la distancia.
Confieso que mi visión inicial estaba marcada por una formación intelectual que valora profundamente las libertades individuales, la economía de mercado y los sistemas democráticos liberales, pero, la experiencia me obligó a hacer algo que pocas veces hacemos en un mundo saturado de opiniones instantáneas: suspender el juicio por un momento para observar.
Y observar China requiere mucho más que revisar indicadores económicos o leer informes internacionales, se requiere entender que estamos frente a una civilización que ha sobrevivido durante milenios, que ha atravesado imperios, revoluciones, guerras, hambrunas y transformaciones profundas, sin perder ciertos rasgos fundamentales de su identidad colectiva.
Lo primero que comprendí fue que China no puede entenderse únicamente desde la política ni únicamente desde la economía, su desarrollo descansa sobre una base cultural que precede por siglos a cualquier modelo contemporáneo, influenciado por el pensamiento confuciano, que sigue presente en aspectos tan cotidianos como el respeto por la educación, la disciplina social, la valoración del esfuerzo personal y la búsqueda de estabilidad como condición necesaria para el progreso, lo cual hace más fácil la implementación de sus políticas públicas.
Desde América Latina solemos analizar a los países a través de categorías ideológicas rígidas y dicotómicas, clasificamos gobiernos como de izquierda o de derecha, estatistas o liberales, democráticos o autoritarios. Sin embargo, China desafía esas categorías tradicionales, dando una nueva interpretación a conceptos de la teoría clásica occidental, no porque las contradiga completamente, sino porque responde a una lógica histórica distinta.
El llamado "socialismo con características chinas" puede generar debates interminables entre académicos y analistas, no obstante, más allá de las etiquetas, lo que observé fue un modelo profundamente pragmático y funcional, un sistema donde el Estado mantiene una capacidad significativa de planificación estratégica, y de construcción de escenarios futuros sustentados en evidencia, interviniendo de manera selectiva cuando considera necesario preservar objetivos estratégicos nacionales. Mientras el mercado desempeña un papel fundamental en la generación de riqueza, innovación y oportunidades económicas, lejos de competir entre sí, ambas dimensiones se complementan y avanzan bajo una misma estrategia nacional de desarrollo, buscando generar beneficios compartidos para amplios sectores de la sociedad.
En muchos países latinoamericanos discutimos durante años sobre lo que deberíamos hacer. En China encontré una sociedad enfocada en cómo hacerlo, y no tienen miedo a realizarlo y poseen la capacidad institucional para convertir esa visión en acción.
La diferencia parece sutil, pero no lo es
Durante las visitas académicas y los recorridos por distintas ciudades, me impresionó la velocidad con la que la infraestructura se integra a una visión nacional de largo plazo. No se trata únicamente de construir carreteras, puentes o sistemas de transporte, se trata de comprender que cada una de esas obras forma parte de una estrategia más amplia orientada a mejorar la competitividad, facilitar la movilidad y aumentar las oportunidades de desarrollo, para integrar las distintas etapas de la cadena de producción, reduciendo la dependencia externa en sectores considerados estratégicos.
Los resultados son visibles
Los metros transportan millones de personas con eficiencia, las universidades reciben enormes cantidades de estudiantes que se preparan para competir en sectores tecnológicos avanzados y en muchos casos para volver a los campos y hacerlos competitivos. Los centros urbanos combinan tradición e innovación de formas que para muchos visitantes resultan sorprendentes y en medio de todo ello, la actividad económica se percibe constantemente, tanto, que no hace falta consultar un informe para advertir que existe dinamismo; basta con caminar por las calles, observar los comercios, conversar con estudiantes o compartir una comida con ciudadanos comunes.
Quizá por eso uno de los aspectos que más llamó mi atención fue la sensación generalizada de confianza en el futuro.

Para comentar debes registrarte y completar los datos generales.