General Paredes aboga por dejar atrás el modelo tradicional de cárceles de barrotes: 'Son un pudridero de juventudes'
Rubén Darío Paredes, contrario a lo que opina una parte de la población, no cree que el modelo "Bukele" sea la respuesta para Panamá.
El general retirado Rubén Darío Paredes apuesta por la educación. Foto: Grupo Epasa
El sistema penitenciario panameño, a juicio del general retirado Rubén Darío Paredes, debe dejar atrás el modelo tradicional de cárceles de barrotes que se ha convertido en un "pudridero de juventudes" para dar respuesta a lo realmente importante: la falta de educación a través de escuelas correccionales que, más que privar de su libertad a los reclusos, les ofrezcan la oportunidad de salir de ese entorno delincuencial en el que crecieron, permitiéndoles conocer su potencial para que, al cumplir su condena, estén seguros de su valor y no sientan que son ciudadanos de segunda categoría.
"La mayoría de nuestros delincuentes caen en ese ambiente por falta de educación; son hijos o nietos de hogares deshechos por la droga, el alcoholismo y la promiscuidad, por eso se degeneran; el ambiente es más fuerte que el ser humano", expresó.
Sostiene, sobre la base de datos del Instituto de Criminología de la Universidad de Panamá (Icrup), que la mayoría de los detenidos no sabe cómo ganarse la vida una vez cumple su sentencia; por ello, recaen en faltas de igual o mayor gravedad.
El centro investigativo identificó que 67 de cada 100 privados de libertad vuelven a delinquir, lo que demuestra que la política carcelaria necesita cambios creativos y novedosos como los implementados en Países Bajos.
Paredes, contrario a lo que opina una parte de la población, no cree que el modelo "Bukele", adjudicado al presidente de El Salvador, sea la solución para Panamá, ya que su implementación supondría el inicio de una dictadura disfrazada.
Aseguró que todas las democracias tienen delincuentes, es algo normal; en lo que deben trabajar los Estados es en reducir los índices de criminalidad y reincidencia mediante la educación; de lo contrario, la degradación del sistema seguirá produciendo dos tipos de privados de libertad: el civil y el uniformado.
Los custodios, a su parecer, también son víctimas de esta estructura, pues la falta de relevo los obliga a permanecer por un periodo prolongado al cuidado de personas que, en algunos casos, son muy inteligentes y saben cómo dominarlos para que se transformen.
"El policía también está preso, nada más que uniformado, recibe un salario, puede salir y regresar, pero en esa convivencia viciosa se transforma en un delincuente que mete cosas porque tiene licencia o inmunidad para ello", subrayó.
El general recordó que cuando estuvo al mando de la Guardia Nacional, ningún miembro podía estar en un penal por más de dos años; este límite se estableció aceptando que el sistema es más fuerte que su moral y los somete a hacer cosas que, en su vida cotidiana, no harían.
Sin embargo, para replicar esta medida en la actualidad hace falta más organización; mientras siga el mismo patrón, el esquema penitenciario no cambiará. Por ello, espera que el anuncio del Órgano Ejecutivo el próximo 1 de julio sea innovador.
Señaló que el castigo por lo ocurrido en el centro penitenciario La Joyita a inicios de mes no debe ir dirigido a los custodios ni a los delincuentes y mucho menos a sus familiares, porque privarlos de su libertad ya es una sanción y, si se les da la oportunidad de fugarse, por instinto e imitación lo van a hacer.
Sugiere que, además de la educación, las juntas comunales también sean parte de esta estrategia de transformación y prevención delincuencial, formando a los jóvenes en oficios esenciales para el hogar como plomería, repostería y modistería, erradicando el "depósito humano" que existe en Panamá para que las nuevas generaciones tengan un mejor futuro.