PANAMÁ
Etiquetas nutricionales: ¿cómo leerlas para elegir alimentos más saludables?
- Redacción / ey@epasa.com / @PanamaAmerica
Aprende a leer las etiquetas nutricionales para comparar alimentos, identificar azúcar, sodio y grasas y elegir opciones más saludables.
El primer dato que conviene revisar es el tamaño de la porción. Foto: Ilustrativa / https://chatgpt.com/
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Leer las etiquetas nutricionales puede parecer complicado cuando un producto presenta números, porcentajes y una larga lista de ingredientes. Sin embargo, aprender a identificar algunos datos básicos permite comparar alimentos con mayor criterio y tomar decisiones más saludables al momento de comprar.
La información nutricional indica qué cantidad de energía y nutrientes aporta una porción determinada de un alimento. En Panamá y otros países, los formatos pueden variar, pero suelen incluir datos como calorías, grasas, carbohidratos, proteínas y sodio. La clave está en no mirar una cifra de manera aislada, sino entender qué representa y cuánto se consume realmente.
El primer dato que conviene revisar es el tamaño de la porción. Todas las cantidades que aparecen debajo de la información nutricional corresponden a esa referencia. Si una bolsa contiene dos porciones y se consume completa, por ejemplo, es necesario multiplicar por dos las calorías y los nutrientes indicados.
Esto también ayuda a evitar una confusión frecuente: comparar dos productos únicamente por las calorías que aparecen en el envase. Un alimento puede parecer más ligero simplemente porque su porción declarada es menor. Para hacer una comparación justa, hay que comprobar que las porciones sean equivalentes.
Las calorías indican la energía que proporciona una porción. No determinan por sí solas si un alimento es saludable o no. Un producto con más calorías puede aportar proteínas, fibra, vitaminas y minerales, mientras que otro con menos energía puede contener grandes cantidades de azúcares añadidos o sodio.
La grasa total también merece atención. En lugar de eliminarla por completo, conviene observar qué tipo de grasa contiene el producto. Las grasas insaturadas, presentes de forma natural en alimentos como frutos secos, semillas, aguacate y aceite de oliva, forman parte de una alimentación equilibrada. En cambio, es recomendable limitar las grasas saturadas y evitar, en la medida de lo posible, las grasas trans.
Otro punto importante son los carbohidratos. La etiqueta puede mostrar los carbohidratos totales y, dentro de ellos, la cantidad de fibra y azúcares. La fibra es un componente beneficioso de la alimentación y suele encontrarse en mayores cantidades en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales.
Los azúcares añadidos requieren especial atención. No es lo mismo el azúcar que aparece naturalmente en alimentos como la leche o las frutas que el que se incorpora durante la fabricación. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda limitar el consumo de azúcares libres para reducir el riesgo de problemas de salud asociados con una ingesta elevada.
El sodio es otro nutriente que conviene vigilar, especialmente cuando se consumen con frecuencia alimentos procesados, sopas instantáneas, embutidos, salsas, snacks y comidas preparadas. Comparar el sodio entre productos similares puede ayudar a escoger alternativas con menor cantidad.
La lista de ingredientes ofrece información que la tabla nutricional no siempre permite interpretar por completo. Los ingredientes suelen aparecer en orden descendente según su peso, por lo que los primeros componentes representan una mayor proporción del producto. Si entre los primeros aparecen azúcares añadidos, grasas saturadas o sodio en diferentes preparaciones, puede ser una señal para comparar con otra opción.
Los nombres también pueden generar confusión. Un mismo nutriente puede aparecer bajo distintas denominaciones. Por ejemplo, el azúcar añadido puede figurar como jarabe, miel, sacarosa, glucosa o concentrados de determinados ingredientes. Por eso, revisar toda la lista resulta más útil que buscar únicamente la palabra "azúcar".
Los porcentajes del valor diario de referencia también pueden servir para comparar productos. Un porcentaje bajo indica que una porción aporta una cantidad relativamente pequeña del nutriente respecto al valor diario establecido, mientras que uno elevado representa una contribución mayor. Estos porcentajes deben interpretarse junto con el tamaño de la porción y las necesidades individuales.
Además, conviene no confundir frases publicitarias como "light", "natural", "sin azúcar" o "fuente de fibra" con una evaluación completa del producto. Estas declaraciones pueden ser útiles, pero no sustituyen la revisión de la información nutricional y los ingredientes.
Una estrategia sencilla consiste en comparar dos productos de la misma categoría y revisar primero el tamaño de la porción, las calorías, las grasas saturadas, el sodio, los azúcares añadidos y la fibra. Después, observar los ingredientes permite identificar cuál de las opciones se ajusta mejor a las necesidades y al patrón de alimentación de cada persona.
Aprender a leer etiquetas no significa prohibir alimentos ni buscar productos perfectos. Se trata de contar con más información para elegir con criterio y construir una alimentación basada principalmente en alimentos nutritivos, variados y poco procesados. Cuando existen condiciones de salud específicas o necesidades nutricionales particulares, un profesional de la nutrición puede ayudar a interpretar estos datos de acuerdo con cada caso.

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