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Luis Ángel Marcucci, primer piloto ngäbe: 'Cuando no tienes nada que perder, solo queda arriesgarte por tus sueños'

El joven piloto de aviación, Luis Ángel Marcucci Bejerano, aguarda por la oportunidad que le brinde una aerolínea para completar las 100 horas que le faltan, requisito final para aspirar a una vacante en una compañía aérea nacional o internacional.

Miriam Lasso - Actualizado:

Luis Ángel Marcucci Bejerano, primero piloto de aviación oriundo de la comarca Ngäbe Buglé.

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Desde los 12 años supo que sus sueños estaban más allá de sus posibilidades y aunque muchos dudaron de su capacidad para lograrlo, hoy Luis Ángel Marcucci Bejerano no solo cuenta con el título de piloto de aviación comercial, también lleva sobre sus hombros el orgullo de ser el primer indígena Ngäbe Buglé en lograrlo.

Cuando decidió estudiar una carrera tan costosa, muchos pensaron que estaba loco, y es de esperarse que el sueño de un joven indígena de volar alto fuera tomado a la ligera, y más aún, si el muchacho no contaba ni con los recursos ni una familia que lo respaldara en sus primeros años de estudio.

A 100 horas para completar un sueño que empezó hace 10 años en Besikó, Luis Ángel Marcucci narra sin ninguna vergüenza o resentimiento las situaciones que le tocó enfrentar para alcazar ese título que además de un gran profesional, lo hace un ejemplo para miles de jóvenes en la comarca Ngäbe Buglé y en todo el país.

'Yo vivía con mi papá, mi mamá me ayudaba con ropa y útiles, pero uno como niño necesita una persona que esté en casa. Yo no tuve ni siquiera a mi papá y ahora entiendo la situación que pasaba mi familia en ese momento', reflexiona Marcucci.

La falta de recurso y la separación de sus padres tampoco fue impedimento para que el joven que estudiaba en una escuela multigrado de Horconcito se desviara de su meta, como tampoco lo fue perder la beca que le daría la oportunidad de aprender inglés en Inglaterra, requisito fundamental para emprender su carrera.

Luis Ángel Marcucci no era un chico brillante ni el mejor estudiante, pero su deseo de lograr todo lo que se proponía lo llevó más tarde, a obtener una beca para estudiar mandarín en China.

'Algo que yo tenía claro, era que antes de graduarme de sexto año tenía que salir del país y fue un pensamiento que me funcionó', sostiene el joven graduado de una escuela de aviación de Florida, Estados Unidos.

Estudiar mandarín no era su propósito, pero sí la oportunidad de cumplir su sueño de salir del país, sin embargo, ese pequeño desvío de su meta, fue el que lo condujo directo a ella. Fue en este viaje donde su interés captó la atención del entonces presidente de la República, quien le ofreció la beca que complementó su objetivo.

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Viajar a los Estados Unidos tampoco fue tarea fácil, fueron 10 meses donde tuvo que enfrentarse al choque cultural, al idioma, a largas jornadas de estudio, al miedo a cometer errores y a la pandemia del COVID-19. 

'Yo contaba con el dinero de la carrera lo que facilitaba y agilizaba el aprendizaje, así como el entrenamiento', detalla Luis Ángel Marcucci, aunque reconoce que el miedo a hablar el inglés, fue una de las principales dificultades que le tocó enfrentar al llegar a los Estados Unidos.

'A principio contaba con el dinero para la comida y la renta para la casa, sin embargo, con la pandemia la situación se complicó y casi por dos semanas no pude aportar para los gastos, lo que fue triste y frustrante', dice Marcucci quien resalta el apoyo que le brindaron sus compañeros para superar esa nueva realidad.

Luis Ángel Marcucci Bejerano se graduó de piloto de aviación y retornó a Panamá a principios del mes de agosto. Actualmente, el joven oriundo de Besikó en la comarca Ngäbe Buglé y amante de la fotografía, se encuentra en el proceso de convalidación de su licencia que le permita aplicar a una aerolínea nacional o internacional donde pueda completar sus horas de vuelo para aspirar a una vacante como piloto de aerolínea comercial. 

'Necesito seguir sumando horas para poder aplicar en una aerolínea como tal. Actualmente, necesito convertir la licencia estadounidense a panameña. En COPA exigen cerca de 350 horas y me faltan 100 horas', concluye el joven que busca sellar ese compromiso que tiene con él, con su familia y con su pueblo.

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