Las cautivantes “Selvas y otros mundos II”, de David Solís
- Yessika Valdés
David Solís, radicado en Francia hace 30 años, está de vuelta en casa, y expone por segunda vez paisajes en Galería Habitante, como lo hizo en 2007. Esta ocasión son 20 los trabajos suyos: 17 dibujos y 3 óleos.
Hijas de su imaginación, las selvas de David Solís, pueden tener raíces universales, como el arte con el cual él se matrimonió hace varias décadas. Y sigue fiel.
Aunque ha recorrido muchos mundos terrenales y ficticios en el ejercicio de su oficio de artista, David Solís nunca olvida su Patria.
Hace dos años expuso, también en galería Habitante, “Selvas y otros mundos II”.
Ahora, regresa, con otros paisajes. Es la primera vez que exhibe dibujos en Panamá, nos dice, la víspera de la apertura de su muestra.
Comparte algunas sensaciones y vivencias con todo y que no le gusta hablar de su vida personal. Es casi tajante al decirlo. Aunque cortés, sencillamente cambia de tema o te dice que no te va a contestar la pregunta, si siente que invades su intimidad o como llaman los psicólogos “su espacio”. Te lo dice de frente, mirándote a los ojos.
De quien sí habla con mucho entusiasmo es de David el pintor.
No tiene un color favorito. Aunque, “hay ciertas tonalidades que son frecuentes en sus obras, como los colores de tierra, los colores de selvas densas, colores grises de estanques, lagos... todo lo relacionado con el mar”, explica, mientras muestra un detalle aquí y otro allá, en sus enormes cuadros de paisajes. Paisajes que bien pueden ser de la agreste selva de Darién, de África o del Amazonas.
Su arte lo ha llevado a casi todos los continentes. Pero sus pasos lo traen cada cierto tiempo a Panamá.
Nació en Calidonia y su infancia transcurrió en Catedral, en San Felipe. Estudió Bellas Artes y Arquitectura en Panamá, luego, con una beca, fue a estudiar a Francia, a París, en 1975.
Hace treinta años vive en Francia (en la parte sur), a tres horas de París y muy cerca de Italia, España y con África al frente, pero ha estado y sigue en contacto con todo lo que sucede en Panamá, donde piensa que hay mucho auge, lo cual le parece muy bien.
Cuando llega a Panamá se despiertan en él muchas emociones intensas, sensaciones, olores, ruidos, luces, le traen recuerdos, vivencias de su infancia y adolescencia.
“El hecho de re encontrarme con los palos de mango, los horizontes, tarde o temprano se representan en los trabajos que estoy haciendo”, comenta, pero, hace la salvedad de que “todos estos dibujos son producto de mi imaginación”.
Le agrada que cuando la gente ve sus trabajos, gente de distintas partes del mundo, se siente identificada con ellos. Lo que es más hay quienes afirman que esas selvas o mundos les son familiares.
Sus paisajes, sus selvas, como él mismo, van madurando, afirma, mientras esquiva una pregunta y medio que contesta otra.
Respecto de si tuvo un mentor, añade que “mis referencias están en la historia del arte”.
Cuando le preguntamos ¿quién es David Solís?, se ríe y responde: “Yo trato de conocerme todos los días. Yo esto en esa búsqueda perpetua”.

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