En el día del gallinazo, llamamos a una reflexión
Cada primer sábado de septiembre se celebra a nivel mundial el día del zopilote o de los buitres.
El gallinazo ha sido un ave siempre presente en nuestro país. Foto: Lucas Pezeta/Pexels
El gallinazo, aquella ave que, en mis tiempos de juventud en el Casco Viejo, solían relacionarse con el olor especial de la “avatuar”, o también de la isla Taboguilla, donde decían míticamente que “estaban quemando muertos” o bien de nuestra honorable Fuerza Aérea Panameña que custodiaba el pabellón del Cerro Ancón sobrevolando en círculos, ha sido un ave siempre presente en nuestro país, pero al mismo tiempo algo invisible y desprotegida.
Sin embargo, estoy seguro de que muchos de nosotros en Panamá podrían hablar sobre anécdotas vividas con algún gallote. He escuchado por ejemplo que en Colón había una señora que tenía a uno que la visitaba frecuentemente y se acostumbró tanto a ella que a veces pasaba tiempo junto con los pollos de su patio y poco a poco se habituó, logrando dar a conocer a la señora el alto nivel de cognición de estos animales.
Otros han comentado que lo han probado, que lo venden disfrazado como carne de monte, o que incluso lo han utilizado en el mundo del misticismo escribiendo con sus plumas negras algún hechizo. En algunos países se dice son una potencial cura para el cáncer, por la cantidad de bacterias que se supone ellos enfrentan y la alta resistencia inmunológica que muchos prevén tengan. De hecho, en Colombia estas aves no han pasado desapercibidas, y han sido estudiadas a profundidad sobre su anatomía y fisiología, así también sus bacterias y parásitos gastro intestinales, y sus ectoparásitos, siendo estos animales aun muy numerosos, representan un objetivo muy amplio de estudio.
A nivel de estudios de comportamiento animal también han sido de los pocos que los han estudiado, sobre todo a nivel de cuidado parental y anidación. En Panamá los primeros estudios de aerodinámica en base a la estructura alar de cormoranes, pelícanos y gallotes se hicieron basados en observaciones directa por el Dr. Colin James Pennycuick en una torre de 90 metros de altura instalada en la isla de Naos.
Este científico británico visitó nuestro país por unos meses y utilizando su habilidad como piloto de la Real Fuerza Aérea (RAF) del Reino Unido, estudió la migración de las aves e incluso el sistema de vuelo de los murciélagos, una trayectoria que lo hizo probar teorías de aerodinámica que nacieron con sus observaciones en nuestro país. Hoy en día muchos artefactos de aviación aplican sus conocimientos basados en los estudios de Pennycuick, es decir “lo que observó de los gallotes”.
Otros trabajos se dieron luego con anidación de gallotes, involucrando una única tesis de licenciatura, y otros intentaron calcular la población de los gallotes utilizando la carretera Panamericana y los lugares de colecta de basura en cada punto del istmo. Lo cierto es que hoy en día, las aves que en su momento le dieron el “Eureka” a Pennycuick, hoy en día son eliminadas como única alternativa propuesta por los expertos para el tema de seguridad aérea.
Según reportes encontrados en la literatura, se conoce que desde 1996 el Programa Nacional de Limitación de Fauna Silvestre en Aeropuertos de Panamá y Aeronáutica Civil iniciaron acciones directas para eliminar a las aves cada cierto tiempo al año y evitar las colisiones con avionetas y aviones. Ciertamente el tema es muy delicado, pero tomando en cuenta el papel ecológico que estas aves realizan en el ecosistema donde coexiste con el ser humano, esperamos estas decisiones estén basadas en estudios de población actualizados año tras año, para conocer no solo la tendencia en tazas de natalidad y mortalidad, sino como afecta a nuestro entorno la eliminación de estas familias de gallotes en algunas partes claves del país.
Se conoce que los gallotes limpian de carroña, y materia en descomposición en el bosque pero también en las calles y ríos contaminados ya por otras actividades humanas, son de las pocas aves adaptadas para posarse sobre animales muertos, basura y componentes en descomposición sin ser afectados, y por tanto son los idóneos para atender este trabajo que aun muchos países no logran enfrentar.
Estudios recientes realizados por investigadores de la Fundación Pro-Conservación de los Primates Panameños (FCPP) en Gamboa, han logrado observar por focalización a varias parejas de gallotes, aprendiendo en breves líneas que estos animales guardan una lealtad en la jerarquía de sus mayores, que tienen formas particulares de saludo entre sus familiares, que son patriarcales, vuelan en familias de 4-5 más o menos, y que son monógamos, que son cariñosos con sus crías, reciben cuidado parental masculino y femenino y también son severos a la hora de enseñarles a volar y despegarse de ellos.
También entendimos que tienen una gran capacidad de aguantar hambre, y de hecho muy poco es lo que comen, que beben bastante agua y su diario lo hacen volando y regresando a la misma percha a descansar. Que vuelan y se chocan las alas en el aire aplicando lo que para el ser humano es la camaradería, y que tienen lugares preferidos en donde pueden habitar por varias generaciones, creando lazos con su entorno. Hemos visto como hacen ceremonias de cortejo y como se acicalan en parejas. En resumen, que estas aves tienen mucho que enseñarnos y que podemos tratar de comprenderlas más para quizá valorarlas y apreciarlas. Hoy en día me atrevo a compartirles un pequeño poema, que he escrito, en donde plasmo a mi entender, lo que estas aves representan, quizá cada uno de nosotros podría hoy alargar este poema y ¡Que vivan los gallotes!
Gallote soy
Desde un picacho te observo, en solitario quizás
Planeando en cielo sereno, mi sombra dejo notar
Soy de girar a la diestra, meterme entre vuelos termales, voy espiralando en corto, alzándome por los maizales,
Buscando en borde de bosque, o bien en la sierra campera, en círculos eternos me meso…el sol contrasta mi vuelo.
Soy abundante en el mundo, sin ruido, sin colores, famélico,
Paso mis días con hambre, salpico entre aguas servidas, limpiando lo que está sucio, expuesto a mil sabandijas.
Revuelo en escombros de muertos, limpiar le carroña es mi empeño, y ¡sí!, mi aspecto es de duelo, aparezco en la basura, con guantes blancos groseros, con grisácea nuca liza de rugosa resistencia, ágilmente me revuelco en las entrañas del tieso.
Soy el zamuro, el curumo, el zopilote, ¡el gallote! Soy ave fiel a la vida, y aunque sobrevivo en grupo, mi gremio es más de familia, dos huevos por nidada y blancos pollos atiendo…
Vivo entre huecos o grietas, en alturas y en bajadas, en lugares de enramadas, en planicies o en montañas. En techados desolados, allí pongo mi nidada, mamá y papá me alimentan y me cuidan por un año…
Soy el zopilote viejo, aquel que ofrece su cuello, para que su hijo se acueste y me cuente sus ensueños,
Aquel que enseña a volar, aquel que acompaña en vuelo, aquel que extiende sus alas cuando el calor es intenso o la lluvia da receso,
Este gallote gandío, con sus saltos en el suelo, es el símbolo de aseo, de desperdicios vocero
sobrevuela con vehemencia sobre nuestro Ancón sombrío, y aunque a muchos no les guste el zope cute, golero, es el buitre americano un atento compañero que nos pide con clemencia que siempre lo valoremos.