Panamá
Los primates panameños: un llamado a la reflexión en su día
- Por: Pedro Méndez-Carvajal
Un mono no es otro animal silvestre, recordemos que un mono es un pariente lejano.
Debemos valorar la presencia de estos animales en nuestros entornos. Foto: FCPP
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Los primates, tanto los humanos (nosotros), como los no humanos (los monos), tienen un día internacional para reflexión, este día es el 1ro de septiembre de cada año.
Este año la Fundación Pro-Conservación de los Primates Panameños (FCPP) quisiera resaltar algunos aspectos positivos que se han dado en el país, y brevemente reflexionar sobre la existencia de 13 subespecies y nueve especies de monos, viviendo en un país pequeño como Panamá y en varios casos, con distribución única a nivel mundial, haciendo de Panamá un país privilegiado por endemismo de especies pero a su vez con alta necesidad de conciencia ambiental por el grado de compromiso para conservar a estas especies que pertenecen al mundo.
Panamá fue el primer país en este continente americano, escenario para estudiar y desarrollar una línea de investigación denominada hoy en día “primatología neotropical”, aquí iniciaron los primeros trabajos científicos por europeos y estadounidenses en temas de etología (estudio del comportamiento natural), brindando aporte en secuencia a una necesidad de comprendernos a nosotros mismos, pero también a buscar respuesta natural en el equilibrio natural, en la interacción de microorganismos y resiliencia en nuestros bosques.
Entre los años que implicaron la construcción del Canal de Panamá hasta la década de los 1950s, los monos panameños fueron mayormente observados y vigilados por ayudarnos a detectar malaria y fiebre amarilla selvática, una epidemia que pudo ser controlada con la vigilancia zoonótica y la ciencia para ayudar al ser humano a no morir por epidemias naturales.
En este contexto, los primates de nuestro país fueron colectados por la ciencia para estudios biomédicos y taxonomía, mientras otros proyectos solo observaron su conducta de manera no invasiva. Hoy en día nuestra investigación se enfoca en su co-existencia, en comprender sus estrategias de sobrevivencia mientras enfrentan la fragmentación boscosa producto del ser humano que crece en población y necesita hacer espacio para colocar sus viviendas, sus cultivos, y sus industrias.
En un país donde para muchos aun tener un bosque significa falta de desarrollo, las autoridades panameñas que rigen la protección del ambiente han hecho este año un espacio en sus prioridades para estos animales (¡un gran paso!), dedicando fondos para la creación de un Plan de Acción de Conservación para los Primates Panameños. Por otro lado, la Universidad de Panamá desde 2021 ha involucrado el estudio científico y el tema de la educación ambiental dirigidos a la protección de los monos en todas las provincias, con alianzas de cooperación técnica conjuntas con FCPP.
El Grupo de Investigación de Primatología de la Universidad de Panamá (GIP-UP) y el Servicio Social 3164 “Educando por los Primates” de la misma institución, han encaminado una serie de estrategias positivas para encarar y concientizar al panameño sobre el valor de estos animales silvestres, entendiendo que “nadie cuida lo que no conoce”, y añadimos: “nadie aprecia lo que por su eficacia termina siendo invisible”.
Esta última premisa, nos indica que debemos valorar la presencia de estos animales en nuestros entornos, aunque parezcan abundantes e insignificantes, y debemos evaluar como ciudadanos cada uno, qué hacer para no presionarlos más.
Hace 10 años, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la Sociedad Latinoamericana de Primatología (SLAPrim) y la International Society of Primatologists (IPS) determinaron que el 60% de las casi 700 subespecies de primates del mundo, estaban en algún grado de peligro inminente y debíamos hacer algo.
En Panamá, de nuestros 13 taxas, 75% presentan grados de amenazas según la UICN, entendiendo que, aunque los esfuerzos de conservación han aumentado en los últimos 26 años, los medios de comunicación vía radio, televisión, periódico y redes sociales nos hablan mucho más de ellos, y la revista más importante de nuestra Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología ha sido un bastión para actualizar sobre los avances de nuestra primatología panameña, ¡aún falta más!
La presión humana no para, se multiplica. Para especies que antes se presionaban por su caza furtiva y su pérdida de hábitat, hoy también enfrentan la cacería de consumo con mascotismo, el turismo mal llevado (ese que atrae a los monos con bananas y pone comederos), y, por si fuera poco, las electrocuciones en todo el país, por la instalación de cableados eléctricos sin aislantes.
Una negligencia privada permitida, que está dejando miles de muertes de vida silvestre arborícola a diario sin aun ver respuesta contundente. Es por esto que este día, independientemente de que muchos grupos conservacionistas panameños y extranjeros hayan hecho concienciación y llamado de atención a autoridades, mantenemos la preocupación de perder quizá para siempre, poblaciones de monos, como aquellos aulladores que son diezmados por la electrocución en las islas del archipiélago de Bocas del Toro, llámese Isla Colón, Bastimentos o Carenero, o aquellos únicos del mundo que siguen electrocutándose en Azuero, producto de instalaciones baratas e irresponsables.
Estamos hablando de primates que hacen un gran trabajo natural y logran mantener nuestra existencia con calidad de oxígeno y agua, de plantas medicinales, maderables o frutales nativas, aunque no lo veamos de cerca, nos podan los árboles para que todos los días se estimule la producción de frutos en el bosque, o bien limpiando el peso muerto de las ramas secas que cuelgan de grandes árboles, haciendo al bosque más seguro para caminar allá abajo donde ellos no andan, pero nosotros sí.
Aquellos animales que polinizan flores para que se conviertan en frutos, de las más de 10 mil plantas vasculares que Panamá posee, o bien aquellos que al comer dispersan semillas de esos árboles o bien dejan caer comida para aquellos animales que no pueden subir a buscar el fruto directamente como un mono tiene el privilegio de hacer.
Estas contribuciones en conjunto, representarían miles de dólares de trabajo si quisiéramos substituir a los monos por mano de obra humana. En este día, como director de la organización panameña que lleva más tiempo estudiando a los primates, entrenando a nuevos primatólogos y realizando actividades de conservación, abro el espacio para reflexionar sobre estos animales, y de como el ser humano ostentando toda su inteligencia tecnológica, aun mira para un lado indiferente a estas especies que tanto nos ayudan.
Si esta indiferencia la hacemos con nuestros más relacionados, no nos esperará nada bueno con otras especies secundarias en nivel cognitivo. Un mono no es otro animal silvestre, recordemos que un mono es un pariente lejano, el verlos rebozar como familia en un árbol nos deja un enorme mensaje “el día que ellos desaparezcan, los siguientes seremos nosotros”.

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