Belisario Porras o el sol interior
- Héctor Collado
La historia del Istmo tiene entre sus hijos más conspicuos, sin duda a Belisario Porras Barahona, nacido el 28 de noviembre de 1856, fue Presidente de Panamá en los periodos 1912-1916, 1918-1920 y 1920-1924. Es decir, “El orejano” ayudó a construir el primer cuarto de siglo de la República que somos. Por supuesto que no lo hizo solito. Le acompañaron preclaros varones, de cuyas hojas de vida también se puede “blasonar”, pues brillaron con la propia luz de su inteligencia: Ricardo J. Alfaro, Santiago de la Guardia, Guillermo Andreve, Ernesto T. Lefevre…
Casi todos sus proyectos, que con el tiempo se quedaron chicos, o los que no se realizaron se convirtieron en necesidad posteriormente, fueron blanco de críticas de sus adversarios políticos que no le veían el propósito a “su afán constante de conseguir el desarrollo económico del istmo” (Sisnett, 1972). Claro que cometió errores, se equivocó, se excedió, para eso contaba con su lapidario Humanun est errare. Sin embargo prevalece su estela luminosa.
Imagine, es un ejercicio difícil pero necesario, que luego de la Independencia ha pasado poco tiempo (tan solo nueve años en su primera administración; 15 en la segunda y 21 en la tercera). Según su biógrafo más importante: estaba construyendo las bases de la patria y pensando en su porvenir, azuzada su conciencia por la certidumbre en que “la ley moral es la del trabajo”.
A Porras hay que leerlo, ir por sus documentos, saber más de él, su pensamiento, sus proyectos, su labor de gobierno que hoy son realidad circular y funcionando. Pero sobre todo de su vida, vida que nos dejara el profesor Manuel Octavio Sisnett en su libro BELISARIO PORRAS O LA VOCACION DE LA NACIONALIDAD, publicada EN 1971. Fecundo y esclarecedor compendio de los años de juventud y madurez del insigne santeño.
Del libro destaco algunos pensamientos que quizás provoquen su lectura:
“Para el hombre, el amor es parte de la vida, para la mujer el amor es la vida”
“Mientras más se desea hacer más se puede”
“Yo no cifro mi mérito en no haber caído nunca, sino en haberme levantado cada vez que he caído”.
Probado por el tiempo y la mezquindad política de su época, el Porras, “egocéntrico y generoso” se mantiene indemne en la memoria colectiva, desde el monumento, con los versos de Miró, en “su” plaza, en escuelas, calles, barrios… ¡Veamos bien!

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