Soliloquios
Caraelibro de los dioses
- Ernesto Endara (Escritor)
“Unos creen que creen, otros creemos que no creemos” Stanilav Lec Se abrió una nueva y atractiva cuenta en Caraelibro (Facebook para los anglófilos) en
“Unos creen que creen, otros creemos que no creemos” Stanilav Lec
Se abrió una nueva y atractiva cuenta en Caraelibro (Facebook para los anglófilos) en la que se recogen las direcciones, bochinches y tejemanejes de todos los dioses, semidioses, diablos, diablesas, duendes, ninfas, súcubos, gnomos, hadas, Calibanes, Tuliviejas y Mefistófeles. Junto a la bella Circe, se cuelan adivinos de todas las calañas y demás seres que viven en la calenturienta mente de los hombres. Ya era hora. Andaban desperdigados por el mundo. Minerva y otros griegos encontraron habitación cómoda en los discos duros de las computadoras y para ellos fue un reencuentro con la gloria. Además, ahora podrían comunicarse entre sí hasta cuando las computadoras están apagadas. Así han iniciado, esta pléyade de figuras fantásticas, una segunda era divina en la que podrán intercambiar poderes y conocer más a fondo a los hombres y mujeres que se desnudan (no física sino síquicamente, aunque algunas también físicamente) ante la pantalla. Es una formidable línea de Caraelibro de los dioses. De los primeros en responder fue Babalú, y tras él fueron resbalando todos; desde Rompelimpón hasta el sofisticado Osiris; los dioses griegos, tan fornicadores como los humanos, los zoomorfos indios, Yemanjá con sus remos de oro; los querubines católicos, con sus alitas de palillos de dientes; Assur, de la bien recordada Nínive; el vigoroso Odín y Ran, la marea alta y ladrona. Pronto llegaron, meneando las caderas Mata Arahu y Turai, desde Tahiti; y el chato y grave y empapado Tláloc azteca; además de las Yoginis, bailando en el aire y los daimones; Buda, Shiva, Confucio, Afrodita, Ra, Tanit y los del Popol Vuh: Cahá Paluná, Agua parada que cae de lo alto y Chabi Tucur, el mensajero. Otros pugnan por escapar de sus libros sagrados.
No se dieron cuenta de que yo los escuchaba cuando se reunieron en su portentosa Convención debajo del Arco Chato en la crédula ciudad de Panamá. Aunque son del otro mundo, sus reuniones son aburridas, pero no tanto como nuestra Asamblea Nacional. No me acuerdo quién, creo que fue Chilam-Bilam quien dijo que se podría usar La rama dorada como directorio. Pero se opusieron las Yoginis porque Frazer podría saber de Yoruas, pero nunca tuvo idea de su existencia.
Por muy dioses que son, a la hora de buscar contraseñas quedaron nadando en boberías como cualquier hijo de vecino.

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