Con ardientes fulgores de gloria
- Héctor Collado
Hace algunos días tuve la oportunidad dorada de escuchar a una muchacha impresionada contando su experiencia de vida, luego de salir de la lectura del libro “Con ardientes fulgores de gloria” de la autoría de George Thomas. La estudiante de la Universidad Tecnológica contaba el tema de la Separación de Colombia con pasión, y con los datos que seguramente ofrece el escrito. Parecía estar en el teatro de los acontecimientos hablando de las estrategias, las escaramuzas, los temores de los llamados “conjurados”.
Ella estaba sorprendida del hecho de que este libro tuviera tanta información que le era desconocida. Karina, que así se llama la muchacha, ofreció un panorama completo, con los nombres de los personajes principales y los hechos cumplidos que dieron como fruto final la ruptura del vínculo con el país vecino.
La literatura recoge datos, hechos, o personajes que muchas veces la historia ignora (quiero decir que la obvia a propósito) y que muy bien nos llegan de mano de los testigos de época o de la mano de algún estudioso de determinada época, o del documento que colmó el vaso de emociones de una joven lectora.
Pensé, si una primera lectura genera tanto entusiasmo, tanto fulgor en una persona que, según propia confesión, no tiene una conducta lectora ¿por qué no multiplicar la experiencia?
El que lee sabe y el que sabe manda, suelo decir a los asistentes a mis talleres, es una provocación, una manera de retarlos para que se acerquen al libro. Manejar información, ser consciente de su poder y trascendencia, contar con herramientas de reflexión y manejar el lenguaje adecuado para dar a conocer mis ideas, mi desencanto, mis afectos, como dicen las niñas de APALEC, me hace libre.
Puedo decir, entonces, que estuve frente al espectáculo, de encontrarme a un ser humano dispuesto a ganar su libertad, ascendiendo a su “trinchera de ideas”. Aquella muchacha que se iba transfigurando mientras vivenciaba los eventos de aquel martes 3 de Noviembre de 1903, esa mujer que, a propósito de la lectura de una novela, hablaba como alucinando de esas cosas de la Patria, que ya no conmueven a casi nadie, y se me antoja de pronto que ella es la Patria misma. Así de impactante fue el episodio. La buena nueva no me la iba a quedar yo solo. Quería quórum para que me ayudaran a sentir ese corazón.

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