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Día D / Familia, ambiente y desarrollo sostenible

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Familia, ambiente y desarrollo sostenible

Publicado 2006/10/21 23:00:00

Hoy enfrentamos una situación de crecimiento económico sostenido con deterioro social y degradación ambiental constantes que se prolonga desde hace una más de una década. Esta crisis puede agravarse aún más si persiste la tendencia al despilfarro de recursos humanos y naturales en aras de un desarrollo cada vez más incierto en su capacidad de perdurar. En este contexto, el notable salto en calidad que viene ocurriendo en la incorporación de un número cada vez mayor de mujeres jóvenes, cada vez mejor educadas, a tareas cada vez más complejas de desarrollo social y económico, puede ser visto por algunos como una amenaza a formas tradicionales y ya agotadas de organización del trabajo y de la vida.

uisiera empezar por una aclaración que quizás resulte políticamente incorrecta para alguna de las múltiples corrientes que integran la realidad amplia y diversa del movimiento de las mujeres en nuestra región. La familia es, sin duda alguna, la unidad fundamental de relación de los integrantes de nuestra especie, entre sí mismos, y con la naturaleza. Es desde esa unidad que nuestra especie cumple la tarea de reproducirse y, sobre todo, la de desarrollar las características que la distinguen dentro del conjunto de los seres vivientes.
Una de esas características consiste en la capacidad de los humanos para transformar el mundo natural mediante el trabajo socialmente organizado, creando así un ambiente humanizado que facilita su existencia. Y la forma más elemental de organización de ese trabajo es la que ocurre al interior de la pareja humana, núcleo fundamental de la estructura familiar.
No sólo se trata de la división sexual de las funciones correspondientes al proceso de la reproducción biológica, que compartimos con tantas otras especies. Se trata sobre todo de la división del trabajo para el desarrollo de las capacidades que han hecho de la nuestra la única especie capaz de manipular sus propias condiciones de existencia. Y ese trabajo pasa siempre, en primer lugar, por la atención al prolongado período de atención, formación y educación de nuestros niños, y el del cuidado de nuestros ancianos.
En las etapas iniciales de nuestro desarrollo esto se tradujo en una división sexual del trabajo que se proyectó al ámbito doméstico, y llevó a la mujer y el hombre a colaborar en el desempeño de labores distintas, pero estrechamente complementarias. Todo indica que la primera gran transformación en este ordenamiento ocurrió a partir del salto tecnológico que significó el paso a estrategias de producción de medios de vida organizadas en torno a la agricultura, cuyas vastas consecuencias ambientales siguen en curso en torno a nosotros.
De aquel momento - relativamente reciente en nuestra historia pues ocurrió entre diez mil y siete mil años atrás, según la región de que se trate -, data la transformación de las relaciones de cooperación en el seno de la pareja en relaciones de dominación y opresión de una de las partes por la otra. Y aun así, esa transformación constituyó un proceso extraordinariamente complejo y diverso, que alteró y desnaturalizó la estructura de relación original sin llegar nunca a sustituirla del todo.
Un nuevo salto tecnológico, el que nos ha conducido a la sociedad industrial de nuestro tiempo, ha acarreado también una nueva recomposición de la familia y del lugar y la función en ella de los integrantes de la pareja humana. El gigantesco desarrollo de las fuerzas productivas permite - es más, demanda - hoy a las mujeres la participación en procesos de trabajo que implican la aplicación de enormes cantidades de energía, como ocurre con las operadoras de locomotoras que trabajan para la Autoridad del Canal de Panamá. Y ese mismo desarrollo permite - y demanda también - a los hombres participar en tareas de extraordinaria delicadeza, tradicionalmente reservadas a las mujeres, como la educación de los niños y el cuidado de los enfermos y los ancianos.
Nada de esto excluye que persistan contradicciones y conflictos en nuestras estructuras fundamentales de relación con nuestros semejantes y con el mundo natural. Incluso es necesario decir que la persistencia y aun la agudización de esas contradicciones y conflictos, visible a través de prácticas discriminatorias y de actos de violencia de género, constituye un claro indicador de la gravedad de la crisis por la que atraviesa nuestra especie en su desarrollo, y del riesgo de que esa crisis pueda conducirnos a un retroceso si no sabemos entenderla y encararla en toda su complejidad.
Hoy enfrentamos una situación de crecimiento económico sostenido con deterioro social y degradación ambiental constantes que se prolonga desde hace una más de una década. Esta crisis puede agravarse aún más si persiste la tendencia al despilfarro de recursos humanos y naturales en aras de un desarrollo cada vez más incierto en su capacidad de perdurar. En este contexto, el notable salto en calidad que viene ocurriendo en la incorporación de un número cada vez mayor de mujeres jóvenes, cada vez mejor educadas, a tareas cada vez más complejas de desarrollo social y económico, puede ser visto por algunos como una amenaza a formas tradicionales y ya agotadas de organización del trabajo y de la vida.
Sin embargo, este punto de vista, que expresa la forma más visible de las contradicciones que ya mencionamos, se ve rebasado una y otra vez por el curso de los acontecimientos. Mayores riesgos presenta el peligro de agravar el despilfarro de recursos humanos mal preparados para los desafíos de nuestro tiempo, con el despilfarro adicional de las capacidades adquiridas con tesón y esfuerzo por otros seres humanos si persiste la tendencia a retribuir su trabajo por debajo de su valor, aprovechando la presencia inercial de formas de discriminación y marginación que resultan finalmente dañinas para todos.
Es cada vez más evidente la necesidad de encarar las tareas necesarias para proporcionarles a todas las mujeres aquellas condiciones indispensables para encontrar el tiempo y las circunstancias necesarias para desarrollar sus propias capacidades en la medida en que lo deseen y sean capaces de hacerlo. Jardines infantiles, comedores escolares, hogares de ancianos, centros educativos y centros recreativos de buena calidad, un ambiente seguro y sano, y servicios públicos confiables constituyen una parte fundamental de esas condiciones. Se trata, en lo esencial, de ampliar a muchos el acceso a servicios que aún constituyen entre nosotros el privilegio de una minoría. Esta es, sin duda, una medida indispensable para reconstruir las relaciones de pareja y de familia en las condiciones del mundo de hoy, y para las del mundo de mañana.
Durante mucho tiempo se dijo que detrás de todo gran hombre había una gran mujer. Ha llegado la hora de decir que detrás de toda gran mujer hay una gran empleada doméstica, esto es, otra mujer que permanece en funciones que le fueron asignadas a partir del neolítico, para permitir que quien la emplea pueda desplegar sus capacidades de éxito en el mundo de la globalización. Una situación así, evidentemente, no es un problema de las mujeres, sino de la sociedad entera, que ve afectada de esa manera a la unidad familiar que constituye su estructura fundamental.
Nos corresponde acercar la llegada del día en que el aprovechamiento adecuado y justo de todas las conquistas logradas por nuestra especie en materia de ciencia, tecnología y organización del trabajo se traduzca en el pleno restablecimiento, en un nivel superior, de la pareja y la familia como fuerzas fundamentales del desarrollo humano. Aunque con eso no concluirán los conflictos que caracterizan a nuestras relaciones sociales, entender que esos conflictos pueden ser manejados como un elemento propio de la condición humana será un paso decisivo para que nuestra especie llegue a establecer unas relaciones con el medio natural que sean tan armónicas como las que existan entre sus integrantes. Porque el desarrollo, en efecto, será sostenible por lo humano que llegue a ser, o no será.
(Administradora General Autoridad Nacional del Ambiente)
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