Peleas verbales y pieles de cebolla
- Mónica Miguel Franco (Antropóloga)
Lo cierto es que este tema ya me está aburriendo, de verdad. Y me está aburriendo no porque no sea importante, ojo, sino porque de tan manido ya es cansino. Campañas a favor, campañas en contra, encapuchados (¿en serio?, ¿encapuchados?, ¿la gente no tiene dignidad?) en los medios de comunicación. Y la verdad es que a mi todo esto me parecen peleas, ya no de patio limoso, sino de patio de colegio. Por que al final todo es mucho más sencillo que todo eso, si todos fuéramos personas racionales. Pero claro, hay muchos que no son racionales, y a veces hasta dudo en aplicarles el calificativo de personas. A ver si ponemos una pica en Flandes en este tema.
La libertad de expresión es un derecho fundamental de las personas, pero aclaremos que los que están en el gobierno en un determinado momento también son personas, es decir no han perdido ese derecho por el hecho de acceder a un cargo público. De modo y manera que ellos tienen tanto derecho como cualquier otro a expresar su opinión siempre y cuando lo hagan de forma adecuada y a través de los canales oportunos. ¿Y qué si hay medios a favor del gobierno? Eso no es ningún pecado señores, tanto derecho tengo yo a criticar lo que están haciendo, como ustedes a que les guste. En la mayoría de los países democráticos hay medios afines al gobierno y no pasa absolutamente nada, nadie te obliga a verlos, comprarlos o escucharlos si no comulgas con lo que dicen, pero, reitero, tienen todo el derecho a decirlo.
Aclarado este punto, que a veces parece un tanto turbio, ya que la gente parece pensar que es deber de los políticos quedarse callados y no salir a defenderse, pasamos al siguiente punto. Los insultos no son más que insultos, es decir, si alguien me llama vacaburra verrugosa, no es una calumnia, es un insulto, pero si dicen que me robo materiales de oficina para mis hijos, hay dos posibilidades: que sea mentira, lo cual es una calumnia; o que sea cierto, pero si es cierto… ¡aaaah! Es que si es cierto entonces es una información. No es tan difícil de entender, ¿no? Yo creo que no es tan complicado.
Calumniar es atribuir falsa y maliciosamente a alguien palabras, actos o intenciones deshonrosas, o imputar falsamente un delito. Si se aportan pruebas, entonces no es una calumnia, es el derecho a la información. Pero señores periodistas, para poder ofrecer una información de ese tipo hay que tener pruebas sólidas. Porque la presunción de inocencia es sagrada, y no es el político el que tiene que probar su inocencia, son ustedes los que tienen que asegurarse de que lo que dicen sea cierto.
La libertad de expresión no implica que uno de los lados tiene que quedarse callado, eso lo captaron perfectamente los norteamericanos en su primera enmienda. La posibilidad del disenso fomenta la auténtica participación política. La existencia de opiniones disidentes permite poner a prueba la verdad y evita así que se convierta en dogma o prejuicio infundado.
“La libertad de expresión se mide por la tolerancia de los gobernantes a las críticas que se hacen públicas”. Sí, vale, pero también se hace patente en la tolerancia de los que no están de acuerdo con los gobernantes ante la expresión de las ideas de aquellos que sí lo están.
También atentan contra la libertad de expresión los que se empeñan en que todos debemos pensar como ellos. Como estamos en democracia, yo parqueo con quien me da la gana. Capisci?

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