Soñar despierto
- Ernesto Endara
“Cuando la luz ignoraba todavía/ si el mar nacería niño o niña” Alberti
¿Quieres probar un cóctel incomparable? Mezcla a Debussy con Alberti. Repasa “Los tres recuerdos del cielo”, mientras escuchas “Beau soir” o "Il pleure dans mon coeur". ¿Listo? “No habían cumplido años ni la rosa ni el arcángel…” Deja resbalar verso y música. Sentirás una tibia camiseta de proteínas y terciopelo cubriéndote el pecho. Comienzas a soñar despierto. Penetras en el “Reverie” que con barajas musicales bautizó Claude. Y cuando ya vas por “Cuando el viento soñaba melenas que peinar y el agua unos labios parados donde beber”, estás totalmente embrujado.
Debussy y Alberti, vaya dúo, vaya conjunción, vaya espina dorsal balanceándose, vaya endorfinas borrachas de ambrosía. Los títulos de ambos artistas se tonifican mutuamente: “Marinero en tierra”, “Reflejos en el agua”; “Sobre los ángeles”, “La catedral sumergida”; “Sermones y moradas”, “Claro de luna”. Me fulminó Debussy con “Preludio a la siesta de un fauno”. Aprendí a decirlo en francés y me sentí muy culto: “Prélude à l’après-midi d’un faune”.
Me hace sonreír uno de los comentarios de You Tube: «Si existiera un dios, de seguro habría visto varias veces la presentación de Rudolf Nureyev del ballet de Debussy». Con ese comentario quedo nuevamente en Reverie imaginando una pantalla estelar colgada entre Andrómeda y la Constalación del Cisne y a un dios repatingado en las estrellas embelesado con el espectáculo: En lo alto de su cueva un fauno se prepara a descabezar una siesta. Ni una mirada a las ninfas del bosque que le coquetean. Él va a dormir. Pero aparece ella, la niña con su velo, que se espanta al notar el deseo en los ojos del fauno. Huye.
Pero regresa a buscar el velo que se le cayó. Lo recoge y pretende escapar, pero ya está bajo el hechizo del fauno. Regresa a él lentamente. Subyugada sin intimidación. Se abrazan y bailan en una clara alegoría del acto de amor. Ella deja el velo, el fauno lo recoge. ¡Oh!, ¿quién quedó más hechizado, la ninfa que se fue o el fauno que se entrega con todos los sentidos al velo del amor? ¿Fetichismo? ¿Quién no ha gozado algo parecido con una prenda de la amada? El fauno regresa a la cueva. Cuando sube, Nureyev levita en cada paso. Nosotros, trémulos, sentimos el aroma de la ninfa cuando, con toda la lujuria de la que es capaz, el fauno se acuesta sobre el velo, y se rinde a la siesta.

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