Un nuevo museo en Panamá
- Dr. Omar Jaén Suárez
Gracias al estado de conservación y la riqueza de su archivo y a la gentileza del padre Javier Mañas, ha sido la primera parroquia del país, entre 59 del total, cuya información completa, que comprende decenas de miles de actas parroquiales, ha sido integrada a un soporte informático por el Registro Civil.
La ocho veces centenaria Real, Celestial y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos, más conocida como Orden de la Merced, está en Panamá desde 1522, apenas tres años después de la fundación de la ciudad, es decir, desde hace 488 venerables años. Será la primera en erigir un convento en nuestro país y en el litoral del Pacífico americano. Luego de la destrucción de la vieja ciudad por el pirata Morgan en 1671, reedificará su convento y su templo, en el nuevo sitio de Ancón, en 1680, apenas siete años después del traslado de Panamá la Vieja a San Felipe, su actual ubicación. Pero la fachada de la antigua Iglesia de La Merced en Panamá la Vieja, que al igual que el cuadro que se venera en la capilla no se quemó en el gran incendio de 1671, será desmontada y colocada en el sitio que hoy tiene en la iglesia parroquial que se convirtió en sagrario de la catedral. Vemos pues, la calidad de la prosapia de la orden y de la iglesia, del convento que ocupó el solar sobre el cual se edifica hoy el Museo de La Merced, el más reciente de nuestra capital.
Durante la larga época colonial, los mercedarios tendrán relevante participación en el desarrollo religioso y cultural del istmo panameño y uno de ellos participará en posición eminente hasta en el tránsito de la monarquía a la república. Estarán presentes en sus conventos en Panamá, ya lo dijimos, y también en Portobelo desde su fundación en 1597. Igualmente, servirán en las misiones de cristianización en Chiriquí y fundarán poblados en esa remota región desde principios del siglo XVII hasta mediados del XVIII. Su convento de Panamá, primero de madera, se hará de cal y canto en la década de 1740 después de la destrucción del antiguo por el pavoroso incendio de 1737 que acaba con casi todo el intramuros.
Pero reedificado el convento con su iglesia, sobrevivirá a los voraces incendios de 1756 y 1781 que asolaron el intramuros de la capital. El obispo Higinio Durán y Martell, mercedario peruano, será prócer de la independencia de Panamá de España el 28 de noviembre de 1821. Continuarán los mercedarios en el siglo XIX siendo los depositarios de los archivos parroquiales del intramuros de la capital, aunque sufran, como el resto de los curas, la persecución del presidente liberal Tomás Cipriano de Mosquera, quien funda un verdadero estado laico en Colombia entre 1861 y 1864, suprime los conventos y mediante la ley de desamortización de bienes de manos muertas, vende sus propiedades incluyendo el convento de La Merced. En el siglo XX, los mercedarios continuaron, desde su iglesia, su labor eclesial que hoy desborda hasta barrios populares como El Chorrillo y las cárceles. Son tantas las huellas que han dejado durante casi cinco siglos de presencia en Panamá, que extrañaba que nadie hubiese rescatado su memoria para ilustración de la posteridad.
Gracias al espíritu emprendedor de esta comunidad mercedaria y del mecenazgo de sus amigos, entre los que destaca el Despacho de la Primera Dama de la República, La Merced, sede decana de las órdenes religiosas en nuestro istmo, conoce un renacimiento inusual. La inauguración de este Museo es una prueba del empeño de los frailes mercedarios para otorgarle el esplendor que merece la presencia ancestral de la orden y destacar su misión original en Panamá. Museo que además de arte sacro y valiosos fondos documentales, contiene el archivo parroquial más antiguo y más rico, con información sobre los hechos vitales de los pobladores de la capital.
Los archivos parroquiales fueron creados, en la Iglesia Católica, por el Concilio de Trento cuyas sesiones finales se celebraron en 1563. En nuestro país, las decisiones del Concilio de Trento relativas a los registros parroquiales comienzan a ejecutarse desde 1583 en la catedral de Panamá la Vieja, cuando se abren los primeros libros de bautismos, defunciones y matrimonios. Pero la destrucción de la antigua ciudad por el pirata Morgan en 1671 y el clima tropical húmedo, los desastres naturales y la incuria de los curas hace que se pierdan, desde temprano, la mayor parte de esos libros. Como la Iglesia de La Merced en la nueva ciudad se edifica antes que la catedral, cuyos trabajos comienzan en 1688 y terminarán un siglo más tarde, se convertirá en el Sagrario de la Catedral y depositaria de los libros parroquiales de la parroquia de San Felipe, que ocupaba el barrio noble, el intramuros de la capital, centro del poder colonial hispánico. El incendio de 1737 destruyó los libros parroquiales existentes desde fines del siglo XVII. Hoy, este archivo conserva una sucesión casi sin interrupción de libros parroquiales desde 1742 para bautismos, 1764 para defunciones y 1781 para matrimonios. Todos, pues, parten del siglo XVIII y cuentan con más de doscientos sesenta y ocho años de registros de hechos vitales de antepasados de una gran cantidad de panameños, sobre todo de la ciudad de Panamá, aunque también de muchos inmigrantes temporales y permanentes del interior rural y del extranjero que vienen a un lugar de tránsito, algunos para casarse o para morir, a un centro de intercambios económicos y humanos, de comercio y transporte interno e internacional, que conoció tantos avatares durante esa dilatada historia, del siglo XVIII al siglo XX.
El Archivo Parroquial de La Merced, ahora conservado en su Museo, recoge, en sus actas parroquiales originales, los datos del nacimiento, del matrimonio y de la defunción de infinidad de panameños y extranjeros arraigados y de paso de todas las capas sociales, de personas humildes, esclavos, obreros, trabajadores, indígenas, hombres, mujeres, niños y ancianos, de simple gente de a pie, pero también de ilustres personajes, de virreyes de la Nueva Granada, de diplomáticos y seres humanos prominentes, de la mayoría de los próceres de la independencia de Panamá de 1821 y de la separación de Colombia y la creación de la República en 1903. Allí encontramos actas de hechos vitales de funcionarios coloniales, civiles y militares de los siglos XVIII y principios del XIX, de gobernadores del istmo del siglo XIX y de políticos, educadores, profesionales, poetas, artistas e intelectuales, de creadores de cultura de nuestro país. Allí están las actas parroquiales de gente como el virrey Sámano, el prócer José de Fábrega de las Cuevas, Mariano Arosemena de la Barrera, el gran Justo Arosemena Quezada, José de los Santos Jaén Herrera, el primer alcalde constitucional de Penonomé desde 1814, los presidentes de Colombia, Tomás Herrera Pérez Dávila y José Arsenio de Obaldía Orejuela, el poeta Ricardo Miró Denis y la artista Nicole Garay Díaz, Manuel José Hurtado, Gil Colunje, el gran Belisario Porras Barahona, el presidente mártir de Ecuador, Eloy Alfaro Delgado, los próceres Tomás Arias Ávila, Ricardo Arias Feraud y Federico Boyd López, entre otros. Allí están actas parroquiales de los presidentes Manuel Amador Guerrero, José Domingo de Obaldía, Pablo Arosemena de Alba, Domingo Díaz Arosemena, Rodolfo Chiari Robles, Enrique Jiménez Brin, Ernesto de la Guardia Navarro, entre tantos otros que son legión entre los personajes de nuestra patria. También en el museo contamos con valiosos documentos históricos como un ejemplar de la constitución original de la República de Panamá, firmada por todos los constituyentes de 1904 y la narración de la batalla del Puente de Calidonia de 1900 por el protagonista chiricano Camilo Quelquejeu Araúz.
Participa este archivo parroquial de La Merced del gran proyecto de integración de registros demográficos históricos panameños al Registro Civil de Panamá que adelanta el Tribunal Electoral y que intenta digitalizar e indexar toda la información de registros históricos de población del istmo. De tal forma podrá añadir, a la información existente de hechos vitales desde 1914, fecha de la fundación del Registro Civil por el presidente Belisario Porras, dos siglos suplementarios de información, hasta principios del siglo XVIII y sobre gente que nació hasta en la segunda mitad del siglo XVII. Así, el Registro Civil más joven del continente Latinoamericano se convertirá en el más antiguo con tres siglos de información sobre hechos vitales de la población panameña. La Merced, gracias al estado de conservación y la riqueza de su archivo y a la gentileza del padre Javier Mañas, ha sido la primera parroquia del país, entre 59 del total, cuya información completa, que comprende decenas de miles de actas parroquiales, ha sido integrada a un soporte informático por el Registro Civil. Se ha hecho de forma tal que dicha información podrá ser consultada pronto en una pantalla de computadora en el centro de documentación que se inaugurará en nuestra capital y esperemos que también en Internet, tal como sucede para la población del País Vasco en el Reino de España. Así veremos con gran facilidad y comodidad una copia de las actas parroquiales de bautismo, matrimonio y defunción de cada individuo que exista registrado en dicho archivo. En este magno esfuerzo, en el que Panamá será el pionero en todo el continente, La Merced ocupa un lugar privilegiado, el primero por supuesto.
Al inaugurar el Museo religioso, de arte y documentación, cuyo punto central es el archivo parroquial, los mercedarios contribuyen nuevamente al conocimiento de su pasado en Panamá, que también es nuestro y a revelarnos elementos importantes de la historia de nuestra población, la del núcleo urbano que gobernó el istmo durante casi medio milenio y que continúa siendo el corazón del poder, la economía y la cultura de la República de Panamá. Así, gracias a los mercedarios y a sus benefactores, presididos por la señora de Martinelli, el barrio de San Felipe, que es Patrimonio Mundial, cuenta con un nuevo museo que enriquecerá nuestro conocimiento del pasado más íntimo, el de nuestros ancestros, será un atractivo suplementario para visitantes y turistas y dará lustre a la ciudad de Panamá.

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