Desplazan a la aguja y al dedal
- Mileika Lasso
La masiva entrada al país de ropa foránea ha llevado a la casi desaparición de los sastres y de las modistas, quienes hace unos años se encargaban de la confección de los vestidos de los panameños.
La importación masiva de ropa fabricada en China ha provocado una merma en los pocos negocios dedicados al arte del buen vestir.
Cifras oficiales revelan que en 2008 el país invirtió unos 213 mil dólares en la importación de ropa, lo que ha causado por años una merma en la actividad que realizan los sastres y modistas panameños.
Pero, adquirir un conjunto importado ronda entre 10 a 100 dólares, sin embargo, al ser confeccionado por una modista o sastre local el costo varía según la tela, diseño, corte y confección, valorándose hasta en más de 1,000 dólares.
A Panamá ingresa ropa procedente de China continental, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Perú, Alemania, Guatemala, Costa Rica, Brasil, España, Vietnam y Tailandia, entre otros.
El maestro sastre Augusto Corro, de Creaciones Corro, manifestó que “desde hace años el negocio de corte y confección de ropa no es competitivo con la masiva importación de prendas fabricadas en China”.
El mercado local, afirmó, ha sido desplazado por la tecnología industrial que utilizan en Europa, China y Estados Unidos.
Según Corro, quien lleva en el negocio 45 años, los panameños que hoy se dedican a la actividad “se cuentan con las dedos de las manos”.
Esto, dijo, se debe a que en el país ya no hay escuelas prácticas que impartan la carrera de corte y confección, lo que significa que no existe mano de obra calificada y tenemos que recurrir a la extranjera.
Juan Planells, director general del Instituto Nacional para el Desarrollo Humano, señaló que la entidad dicta cursos presenciales de sastrería y modistería.
Estos cursos, explicó, incluyen confección de pantalones, ropa de niño, ropa típica, faldas y blusas, elaboración de puntadas para polleras, modistería básica y ropa de hogar.
Para Corro, “la industria textil panameña es buena, pero los consumidores se inclinan por las ropas de marcas reconocidas. Deberían cambiar su forma de pensar, ya que lucir una prenda elaborada por un compatriota debe llenarles de orgullo”.

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