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Los espacios públicos no fueron diseñados para pandemias; Nueva York está intentando adaptarse

Algunas de las plazas y parques más populares de la ciudad ya han tomado medidas para prevenir aglomeraciones, como quitar sillas y mesas.

Winnie Hu and Matthew Haag - Publicado:

Bryant Park, en Midtown Manhattan. En este parque se está limitando el uso de los baños y dirigiendo el tráfico peatonal, entre otras medidas, para intentar mantener el distanciamiento social. (September Dawn Bottoms/The New York Times)

Unos amplios escalones de vidrio rojo en el corazón de Times Square que suelen ser un imán para turistas en busca de una selfi han sido bloqueados con barricadas.

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En el Upper East Side de Manhattan, donde las aceras son demasiado angostas para mantener a la gente a 2 metros de distancia, hay peticiones para que sean de un solo sentido.

Árboles en macetas y mesas para dos podrían reemplazar en poco tiempo a los autos en la avenida Arthur, el corazón de la Pequeña Italia en el Bronx, donde los restaurantes están sirviendo en las aceras para poder separar mejor a los clientes.

El riguroso distanciamiento social que ha logrado frenar al coronavirus está enfrentando su mayor prueba hasta el momento: tras tres meses de cuarentena, la ciudad de Nueva York está empezando a flexibilizar las restricciones. Aunque sigue estando lejos de la normalidad, las calles y aceras vacías están empezando a llenarse de personas rumbo a sus trabajos, las plazas están recibiendo visitantes y los parques infantiles están rebosantes de niños.

La pandemia, que ya ha eliminado demasiadas cosas, ha creado nuevos desafíos para los espacios públicos, que son, por definición, lugares para ser compartidos por todos y son centrales para ciudades como Nueva York, donde la falta de espacio obliga a las personas a estar muy cerca unas de otras.

La ciudad de Nueva York ha expandido enormemente su red de espacios públicos en las últimas dos décadas —incluyendo nuevos parques de primera y plazas para peatones creadas en lo que solían ser calles—, la cual funciona como patio para los incontables neoyorquinos que viven en pequeños apartamentos.

Si bien estos espacios han logrado que la ciudad sea más dinámica, también atraen multitudes, que ahora convierten estos lugares en una amenaza para la salud pública.

Algunos estados que han reabierto más rápido que Nueva York, como Florida, Texas y Arizona, han visto aumentar los casos de coronavirus a medida que las personas han regresado a las playas, los centros comerciales y otros sitios públicos.

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“Todos están desesperados por estimular las actividades públicas, pero ¿cómo hacerlo de manera segura sin una comprensión perfecta de lo que implican los riesgos?” dijo Tom Wright, presidente de Regional Plan Association, un influyente grupo de planificación.

Las autoridades de la ciudad y el estado enfrentan obstáculos adicionales ahora que las oficinas empiezan a reabrir, lo que ha llevado a miles de trabajadores adicionales a las calles, y que comienza a ofrecerse servicio al aire libre en los restaurantes, negocios que se vieron muy afectados por la pandemia y que por lo general operan en espacios estrechos.

Un plan de servicio al aire libre anunciado por el alcalde Bill de Blasio les permite a los restaurantes expandir su presencia en las aceras y en carriles de estacionamiento y plazas. Pronto podrán utilizar las calles que ya han sido cerradas al tráfico.

En respuesta a la pandemia, la ciudad cerró 70 de sus 9650 kilómetros de calles al tráfico para dejar más espacio libre para caminar, andar en bicicleta y practicar el distanciamiento social, bajo presión de los residentes y los defensores del transporte. El alcalde anunció la semana pasada el cierre de unos 37 kilómetros adicionales.

Polly Trottenberg, la comisionada del Departamento de Transporte de la ciudad, afirmó que la pandemia le había dado a la gente la oportunidad de adueñarse de las calles y tener más participación en las decisiones sobre cómo deben utilizarse. “Ha generado un deseo de ver las calles de la ciudad utilizadas de maneras más abiertas y creativas”, dijo.

Pero con pocas directrices oficiales respecto a los espacios públicos más allá de las que permiten a los restaurantes dar servicio al aire libre, muchos negocios y grupos comunitarios han tenido que descifrar ellos mismos la manera de mantener segura a la gente.

Algunas empresas, previendo que los puntos de control para examinar a los trabajadores podrían crear filas que lleguen hasta las aceras, están considerando escalonar las horas de trabajo, pedirles a los empleados que utilicen las escaleras en vez de esperar los ascensores e instalar cámaras que detectan de manera automática a las personas con temperatura alta, afirmó Margaret Newman, una directora de Arup, una empresa consultora y de diseño.

Algunas de las plazas y parques más populares de la ciudad ya han tomado medidas para prevenir aglomeraciones, como quitar sillas y mesas. En Broadway, en el distrito de la moda en Manhattan, solo se han instalado aproximadamente un tercio de las sillas. Adhesivos en las aceras colocados a 2 metros de distancia entre ellos afuera de las tiendas y restaurantes les indican a las personas dónde deben colocarse.

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Times Square, uno de los lugares de encuentro más famosos del mundo, atrae hasta 450.000 personas al día. El conjunto de 27 escalones de vidrio rojo rubí, que provee asientos para cientos de personas a la vez, ha sido cerrado de forma indefinida. Decenas de letreros inspirados en el teatro les recuerdan a los visitantes las reglas del distanciamiento social, como uno que dice: “El fantasma de la ópera: Popularizando las máscaras desde 1986”.

En Bryant Park, otro espacio concurrido en el corazón de Manhattan, hay un límite de tres personas por cada baño. Los bebederos de agua potable han sido convertidos en lavamanos. A los jugadores de ajedrez se les recomienda sentarse en mesas separadas con tableros separados y anunciar las jugadas al otro. Cuando se vuelva a abrir el carrusel, entre cada dos niños se dejará un caballito vacío.

Sin embargo, muchas de las personas que supervisan los espacios públicos afirman que no pueden garantizar que la gente respete el distanciamiento social.

“Queremos que el gobierno de la ciudad ofrezca lineamientos y algo de ayuda para vigilar que se cumplan las normas, de manera que nos ayude a gestionar estos espacios públicos”, afirmó Tim Tompkins, presidente de la Alianza Times Square, la cual administra Times Square.

Las autoridades de planificación urbana, quienes regulan cientos de espacios públicos que son propiedad de particulares en algunos de los vecindarios más ajetreados de Nueva York, dijeron que pronto propondrán un plan para hacer posible el distanciamiento social.

Jerold S. Kayden, profesor de Diseño y Planificación Urbana en la Universidad de Harvard, afirmó que en muchas ciudades los espacios públicos fueron creados de forma más bien fragmentada en vez de seguir un plan maestro y que son supervisados por una mezcolanza de agencias gubernamentales y dueños de propiedades privadas. “Debemos pensar en los espacios públicos en su totalidad”, dijo. “Todos forman parte de la solución y debemos pensar en todos ellos de la misma manera”.

Líderes de distritos de revitalización económica presionaron a las autoridades de la ciudad para que agilizaran los procesos de autorización de los servicios de comida al aire libre. Hasta el 28 de junio, más de 6000 restaurantes habían presentado su solicitud, incluyendo 3000 en Manhattan.

“El servicio al aire libre es un salvavidas” dijo Michael McNamee, un propietario de PMac’s Hospitality Group, el cual tiene varios restaurantes en Manhattan, como Dutch Fred’s y Tanner Smith’s en Midtown. “Necesitamos que los clientes se sientan felices y que confíen en nuestra capacidad para ofrecerles un ambiente seguro y libre de virus”.

Montar las mesas en el exterior no neutralizará las pérdidas generadas por la reducción de la capacidad interior, afirmó McNamee, pero permitirá que vuelva a sus restaurantes hasta el 50 por ciento de los empleados.

En el vecindario Belmont del Bronx, conocido como la Pequeña Italia del barrio, el distrito de revitalización económica planea transformar por las noches un tramo de la avenida Arthur en una plaza italiana, con mesas en la acera y parte de la calle y con espacio para vehículos de emergencia.

En Queens, algunos propietarios en Long Island City están considerando ayudar a sus inquilinos autorizando el uso de espacios en los estacionamientos privados para el servicio al aire libre de los restaurantes.

“Obtienes unos metros por aquí y otros metros por allá”, dijo Elizabeth Lusskin, presidenta de Long Island City Partnership. “Y, con suerte, eso termina siendo de utilidad”.

 

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