Hospital Santo Tomás entre insalubridad e irregularidades
Publicado 1999/09/08 23:00:00
- Rodulfo Barrios Villar
Insalubridad, emanaciones de gases y el exceso de chatarras y un abultamiento en la planilla forman parte de las nuevas denuncias que se están haciendo en contra del Hospital Santo Tomás y que son el ejemplo de una mala administración hospitalaria.
La nueva directora de ese centro hospitalario, Gloria Moreno de López, detectó que de los 2 mil 700 empleados que se encuentran en la planilla, sólo mil 621 laboran en el hospital.
Moreno de López manifestó que después de algunas revisiones a la planilla del hospital se encontró que el mismo cuenta con un administrador que labora en las oficinas centrales del Ministerio de Salud y que devenga un sueldo de B/. 3 mil y dos subadministradores que laboran en otros hospitales pero sus salarios están en la planilla del HST.
"Es increíble que con problemas de administración nos encontremos que existe un administrador y dos subadministradores que viven del hospital y no están físicamente laborando para él", afirmó.
"Solicitamos al ministro de Salud que ubique al personal del HST en este hospital, porque aquel que no se encuentre laborando no va a cobrar", indicó la funcionaria.
Este personal le cuesta B/ 1.2 millones al mes al presupuesto del HST y anualmente le produce un egreso de B/.22.8 millones.
Sobre las condiciones del centro hospitalario la funcionaria aseguró que la presencia de cucarachas, ratones e insectos es normal, después del abandono al que fue sometido el HST durante los cuatro años del pasado gobierno.
López, quien se mostró sorprendida por los hallazgos en la cocina, dijo que es necesario hacer una evaluación total del centro hospitalario, a fin de conocer las condiciones de insalubridad existentes.
Calificó de "dantesco" el hecho de que las instalaciones del centro se mantengan en un estado tan deteriorado y que esté perjudicando la salud de los que en ese lugar trabajan.
Lo cierto es que el Santo Tomás no tiene problemas en la cocina solamente, sino la lavandería, los talleres y la morgue se suman al preocupante cuadro de salubridad que se vive a diario.
En la actualidad, el personal médico y enfermeras de turno no cuentan con un área acondicionada como comedor, porque la sección designada a estos menesteres fue inhabilitada y utilizada para una supuesta ampliación de la cocina, remodelación que nunca se efectuó y transformó el área en un depósito de desperdicios donde las ratas, cucarachas y demás alimañas pululan por la cocina a su anchas, sin que hasta el momento se les ponga un alto.
En necesario destacar que las denuncias sobre las condiciones inoperantes del HST no surgen ahora, forman parte de un proceso que se inició a principio de año cuando médicos y enfermeras , dirigidos por el entonces director médico Roberto Blandón, marcharon a la Presidencia para buscar respuestas a la realidad que vivía el centro.
En aquella ocasión se les concedió mediante una partida extraordinaria la mitad de los fondos requeridos para que el hospital continuara funcionando y además se les recibió el anteproyecto del Patronato HST.
Delmira Ramírez, nutricionista y encargada de la cocina, manifestó que los problemas surgieron poco después de haber sido donada por la Comunidad Europea en 1994.
Después de ser instalada en 1995 y funcionar de manera regular, el director médico de ese entonces, Jorge Hernández, empezó hacer algunos cambios de personal. Ramírez asegura que estos cambios trajeron el deterioro del servicio, a causa de una reducción en los costos de los alimentos y gastos de la cocina.
Sobre las condiciones de insalubridad agregó que obedecen a la falta de fondos, toda vez que la cocina de un hospital debe ser fumigada dos veces por semana como mínimo para mantenerla en buen estado.
En este año se ha fumigado sólo una vez y una el año pasado, produciendo que los parásitos e insectos encuentren un lugar óptimo para desarrollarse.
Agrega la funcionaria que esta área no sólo depende de fumigación sino de una iniciativa constante de las autoridades para conservar también el ambiente y las herramientas de trabajo.
Indicó que hasta la fecha la mitad de las máquinas para preparar los alimentos están dañadas y mencionó entre algunas, las freidoras, las planchas, las ollas a vapor, los envases de guardar comida, los vasos fríos y ninguno de los acondicionadores de aire funciona.
Al finalizar la pasada administración, Ramírez solicitó un áudito al encargado de la cocina para saber el total de lo que se estaba dejando y hacer las evaluaciones. Esta información, asegura, nunca le fue entregada.
Destacó que durante estos últimos cuatro años se improvisó con los alimentos, los equipos y se trasladó a otro lugar a los funcionarios que fueron capacitados por la Comunidad Europea para operar en la cocina.
Indicó que la cocina del HST podría estar en un buen estado entre cuatro y seis meses, siempre que se proporcione el dinero para reparar las máquinas y acondicionar algunas estructuras.
Sobre la compra de alimentos a través de una licitación, la funcionaria se mostró en desacuerdo con la medida.
No solamente la cocina puede ser cuestionada por su abandono, la lavandería también está operando, según una de sus funcionarias "a baja capacidad", pues sólo una de las tres lavadoras sirve.
Advierte que el mayor problema que confronta el personal son las emanaciones de vapores que surgen de la única lavadora industrial que funciona.
Asegura que en los últimos años sufren constantes resfriados, problemas de respiración y mareo, síntomas claros de la aspiración de jabón y las microscópicas partículas de telas (pelusa) que se transportan a través de los vapores.
Este vapor está impregnado en todas las instalaciones de la lavandería, en los restos de telas, que unido a las filtraciones de agua, las grandes rajaduras de las paredes y las tuberías dañadas ofrecen al lugar el aspecto perfecto de un edificio condenado.
Sobre las máquinas dañadas, explicó que una de las lavadoras ya no sirve y la otra no se ha mandado a reparar. También existen planchas calificadas por un grupo de trabajadores que allí laboran como "chatarra inservible", porque están abandonadas en una esquina.
La sección de la lavandería tampoco es fumigada para evitar la presencia de ratas e insectos, que encuentran entre los hierros retorcidos de las máquinas un sitio idóneo para habitar.
Agrega la funcionaria que el problema de la lavandería surge cuando, irónicamente, buscando mejorar la estructura, reducen el espacio donde están ubicadas las lavadoras y las secadoras, lo que limitó la entrada y salida del aire.
El estado de la morgue y el taller es motivo de preocupación para propios y extraños y aún mayor si se le agrega que desde hace tiempo no existe el servicio de ambulancia, que afecta la calidad de atención.
Aunque la morgue funciona a su máxima capacidad, el servicio prestado no es suficiente.
La nueva directora de ese centro hospitalario, Gloria Moreno de López, detectó que de los 2 mil 700 empleados que se encuentran en la planilla, sólo mil 621 laboran en el hospital.
Moreno de López manifestó que después de algunas revisiones a la planilla del hospital se encontró que el mismo cuenta con un administrador que labora en las oficinas centrales del Ministerio de Salud y que devenga un sueldo de B/. 3 mil y dos subadministradores que laboran en otros hospitales pero sus salarios están en la planilla del HST.
"Es increíble que con problemas de administración nos encontremos que existe un administrador y dos subadministradores que viven del hospital y no están físicamente laborando para él", afirmó.
"Solicitamos al ministro de Salud que ubique al personal del HST en este hospital, porque aquel que no se encuentre laborando no va a cobrar", indicó la funcionaria.
Este personal le cuesta B/ 1.2 millones al mes al presupuesto del HST y anualmente le produce un egreso de B/.22.8 millones.
Sobre las condiciones del centro hospitalario la funcionaria aseguró que la presencia de cucarachas, ratones e insectos es normal, después del abandono al que fue sometido el HST durante los cuatro años del pasado gobierno.
López, quien se mostró sorprendida por los hallazgos en la cocina, dijo que es necesario hacer una evaluación total del centro hospitalario, a fin de conocer las condiciones de insalubridad existentes.
Calificó de "dantesco" el hecho de que las instalaciones del centro se mantengan en un estado tan deteriorado y que esté perjudicando la salud de los que en ese lugar trabajan.
Lo cierto es que el Santo Tomás no tiene problemas en la cocina solamente, sino la lavandería, los talleres y la morgue se suman al preocupante cuadro de salubridad que se vive a diario.
En la actualidad, el personal médico y enfermeras de turno no cuentan con un área acondicionada como comedor, porque la sección designada a estos menesteres fue inhabilitada y utilizada para una supuesta ampliación de la cocina, remodelación que nunca se efectuó y transformó el área en un depósito de desperdicios donde las ratas, cucarachas y demás alimañas pululan por la cocina a su anchas, sin que hasta el momento se les ponga un alto.
En necesario destacar que las denuncias sobre las condiciones inoperantes del HST no surgen ahora, forman parte de un proceso que se inició a principio de año cuando médicos y enfermeras , dirigidos por el entonces director médico Roberto Blandón, marcharon a la Presidencia para buscar respuestas a la realidad que vivía el centro.
En aquella ocasión se les concedió mediante una partida extraordinaria la mitad de los fondos requeridos para que el hospital continuara funcionando y además se les recibió el anteproyecto del Patronato HST.
Delmira Ramírez, nutricionista y encargada de la cocina, manifestó que los problemas surgieron poco después de haber sido donada por la Comunidad Europea en 1994.
Después de ser instalada en 1995 y funcionar de manera regular, el director médico de ese entonces, Jorge Hernández, empezó hacer algunos cambios de personal. Ramírez asegura que estos cambios trajeron el deterioro del servicio, a causa de una reducción en los costos de los alimentos y gastos de la cocina.
Sobre las condiciones de insalubridad agregó que obedecen a la falta de fondos, toda vez que la cocina de un hospital debe ser fumigada dos veces por semana como mínimo para mantenerla en buen estado.
En este año se ha fumigado sólo una vez y una el año pasado, produciendo que los parásitos e insectos encuentren un lugar óptimo para desarrollarse.
Agrega la funcionaria que esta área no sólo depende de fumigación sino de una iniciativa constante de las autoridades para conservar también el ambiente y las herramientas de trabajo.
Indicó que hasta la fecha la mitad de las máquinas para preparar los alimentos están dañadas y mencionó entre algunas, las freidoras, las planchas, las ollas a vapor, los envases de guardar comida, los vasos fríos y ninguno de los acondicionadores de aire funciona.
Al finalizar la pasada administración, Ramírez solicitó un áudito al encargado de la cocina para saber el total de lo que se estaba dejando y hacer las evaluaciones. Esta información, asegura, nunca le fue entregada.
Destacó que durante estos últimos cuatro años se improvisó con los alimentos, los equipos y se trasladó a otro lugar a los funcionarios que fueron capacitados por la Comunidad Europea para operar en la cocina.
Indicó que la cocina del HST podría estar en un buen estado entre cuatro y seis meses, siempre que se proporcione el dinero para reparar las máquinas y acondicionar algunas estructuras.
Sobre la compra de alimentos a través de una licitación, la funcionaria se mostró en desacuerdo con la medida.
No solamente la cocina puede ser cuestionada por su abandono, la lavandería también está operando, según una de sus funcionarias "a baja capacidad", pues sólo una de las tres lavadoras sirve.
Advierte que el mayor problema que confronta el personal son las emanaciones de vapores que surgen de la única lavadora industrial que funciona.
Asegura que en los últimos años sufren constantes resfriados, problemas de respiración y mareo, síntomas claros de la aspiración de jabón y las microscópicas partículas de telas (pelusa) que se transportan a través de los vapores.
Este vapor está impregnado en todas las instalaciones de la lavandería, en los restos de telas, que unido a las filtraciones de agua, las grandes rajaduras de las paredes y las tuberías dañadas ofrecen al lugar el aspecto perfecto de un edificio condenado.
Sobre las máquinas dañadas, explicó que una de las lavadoras ya no sirve y la otra no se ha mandado a reparar. También existen planchas calificadas por un grupo de trabajadores que allí laboran como "chatarra inservible", porque están abandonadas en una esquina.
La sección de la lavandería tampoco es fumigada para evitar la presencia de ratas e insectos, que encuentran entre los hierros retorcidos de las máquinas un sitio idóneo para habitar.
Agrega la funcionaria que el problema de la lavandería surge cuando, irónicamente, buscando mejorar la estructura, reducen el espacio donde están ubicadas las lavadoras y las secadoras, lo que limitó la entrada y salida del aire.
El estado de la morgue y el taller es motivo de preocupación para propios y extraños y aún mayor si se le agrega que desde hace tiempo no existe el servicio de ambulancia, que afecta la calidad de atención.
Aunque la morgue funciona a su máxima capacidad, el servicio prestado no es suficiente.

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