Inundados por USA
Publicado 2004/07/03 23:00:00
- Daschenka Chong
A demás de varias decenas de adolescentes y adultos rubios y ojiazules llamados John y la preferencia por los techos rojo oscuro en nuestras casas, que las convierten en verdaderos hornos durante el día, los norteamericanos nos legaron mucho más.
Para el periodista y sociólogo Milciades Ortiz, los panameños tomamos el gusto por la buena vida, resultado de tantos años de ocupación de los norteamericanos en nuestro territorio. Ellos tenían acceso a toda clase de productos y marcas de calidad, "vimos lo bien que ellos vivían y quisimos lo mismo para nosotros".
De allí nuestro marcado consumismo. Cuando es día de pago los establecimientos comerciales, restaurantes y sitios nocturnos, están abarrotados de personas deseosas de pagar por algo de ropa, comida y/o satisfacción.
Algunos panameños manifiestan abierta simpatía por todo lo norteamericano, o americano como dirían ellos; mientras que otros, más discretos, se limitan a disfrutar del muy panameño "american style".
En un principio los comercios crecían y se abastecían para los "gringos" que vivían aquí, luego lo siguieron haciendo cuando se dieron cuenta de que a los nacionales también nos gustaba comprar.
Para nosotros es muy natural, pero para los extanjeros es muy singular nuestro estilo de vida. Una vez un periodista ecuatoriano, cansado pero satisfecho después de un ajetreado día de compras en nuestra capital, me dijo lo afortunado que éramos por tener el dólar. Ellos, que en aquel entonces apenas se estaban "dolarizando", habían sufrido por años los embates de la inflación y la depreciación de su moneda.
Cosas tan sencillas como el natalicio de una persona, en nuestro país se vuelve un acto bilingüe. El "feliz cumpleaños a ti, feliz....." estaría incompleto sin el acompañamiento del "Happy birthday to you", sin olvidar el "que repartan el cake...." .
Nuestra forma de festejar días especiales también es muy norteamericana, hacemos desfiles por todo, que si el Día del Niño, todos las fechas patrias, el desfile de Navidad, el novísimo desfile de las Mil Polleras, la Semana del Campesino, entre otros.
Los desfiles o paradas (parade en inglés) son televisados, igual que los de Estados Unidos.
En las efemérides patrias nos vestimos de blanco, rojo y azul (los mismos colores de Estados Unidos) y desempolvamos las banderas para colgarlas en nuestras casas y sitios públicos, todo un despliegue de fervor patrio que no se vuelve a repetir hasta el año siguiente.
¡Ah! y también complementamos las celebraciones con fuegos artificiales; si hay algún parecido con la celebración de 4 de julio es mera coincidencia.
Lo norteamericano también se nota en nuestros hábitos alimenticios. En cualquier otro país del área el hambre se sacia con una "pupusa", una "baleada" o un "gallo pinto", pero para nosotros lo indicado es una hamburguesa, un hot dog o un "sandwich".
Los restaurantes McDonald"s, KFC, Burger King, Wendy"s, Friday"s, todas franquicias gringas, pululan en nuestro país como en México lo hacen los puestos de tacos.
Sus menús son relativamente económicos, pero para los salarios que se pagan en este país, comerlos con regularidad es "chic". A ver, contrastemos un desayuno de hojaldres con salchichitas guisadas y café con un Mc desayuno, ¿Cuál de los dos paquetes es más sofisticado? la bolsa de papel de estraza con el logo del restaurante de comida rápida o la bolsita de papel chocolate impregnada de grasa. No, no respondan.
En Panamá todo lo "fashion", otra palabrita gringa que usamos cada vez más, es en inglés. Los nombres de los salones de belleza que se respeten llevan apóstrofe o termina en la palabra "salon", sí sin tilde, en inglés no se usa. Es lo mismo para los otros comercios.
Los baratillos sólo se dan en los almacenes populares, los comercios finos se llaman "stores" y tienen "sales".
En los cines es impensable pedir millo o palomitas de maíz, lo indicado es solicitar "pop corn".
Nuestros buenos modales también sufrieron la influencia del idioma de Shakespeare. El gracias fue reemplazado por el "thank you" o "thanks"; el por favor por "please" y el adiós por el "bye" o "see you".
En las esferas ejecutivas las conversaciones informales y de negocios se llevan a cabo mitad en inglés y mitad en español. Emplean terminología que tiene su equivalente en nuestro idioma, pero que al parecer suena más profesional en inglés, por ejemplo: marketing, focusing o un Master Bussines Administration o MBA. "Es como si todo lo especial se expresara en inglés", me dijo otro extranjero, "con lo rico que es nuestro idioma".
La profesora universitaria Isabel Barragán de Turner, señala que los panameños no somos los únicos que nos enfrentamos a una situación como ésta, porque todos los países del mundo, donde el comercio es importante, tienen el germen del anglicismo en su lenguaje.
Manifestó que no debemos preocuparnos por la forma de hablar de los más jóvenes, quienes más emplean los anglicismos, debido a que todas las generaciones han tenido su propio lenguaje.
Desde la retirada definitiva de los norteamericanos de suelo panameño han pasado ya tres años, pero seguimos aprendiendo de ellos. Ya no con clases presenciales, sino con la tecnología multimedia que nos facilitan los medios masivos de comunicación, el Internet y el cine. Queda de nosotros entonces, decodificar esos mensajes, quedarnos con los positivos y desechar los perniciosos.
Para el periodista y sociólogo Milciades Ortiz, los panameños tomamos el gusto por la buena vida, resultado de tantos años de ocupación de los norteamericanos en nuestro territorio. Ellos tenían acceso a toda clase de productos y marcas de calidad, "vimos lo bien que ellos vivían y quisimos lo mismo para nosotros".
De allí nuestro marcado consumismo. Cuando es día de pago los establecimientos comerciales, restaurantes y sitios nocturnos, están abarrotados de personas deseosas de pagar por algo de ropa, comida y/o satisfacción.
Algunos panameños manifiestan abierta simpatía por todo lo norteamericano, o americano como dirían ellos; mientras que otros, más discretos, se limitan a disfrutar del muy panameño "american style".
En un principio los comercios crecían y se abastecían para los "gringos" que vivían aquí, luego lo siguieron haciendo cuando se dieron cuenta de que a los nacionales también nos gustaba comprar.
Para nosotros es muy natural, pero para los extanjeros es muy singular nuestro estilo de vida. Una vez un periodista ecuatoriano, cansado pero satisfecho después de un ajetreado día de compras en nuestra capital, me dijo lo afortunado que éramos por tener el dólar. Ellos, que en aquel entonces apenas se estaban "dolarizando", habían sufrido por años los embates de la inflación y la depreciación de su moneda.
Cosas tan sencillas como el natalicio de una persona, en nuestro país se vuelve un acto bilingüe. El "feliz cumpleaños a ti, feliz....." estaría incompleto sin el acompañamiento del "Happy birthday to you", sin olvidar el "que repartan el cake...." .
Nuestra forma de festejar días especiales también es muy norteamericana, hacemos desfiles por todo, que si el Día del Niño, todos las fechas patrias, el desfile de Navidad, el novísimo desfile de las Mil Polleras, la Semana del Campesino, entre otros.
Los desfiles o paradas (parade en inglés) son televisados, igual que los de Estados Unidos.
En las efemérides patrias nos vestimos de blanco, rojo y azul (los mismos colores de Estados Unidos) y desempolvamos las banderas para colgarlas en nuestras casas y sitios públicos, todo un despliegue de fervor patrio que no se vuelve a repetir hasta el año siguiente.
¡Ah! y también complementamos las celebraciones con fuegos artificiales; si hay algún parecido con la celebración de 4 de julio es mera coincidencia.
Lo norteamericano también se nota en nuestros hábitos alimenticios. En cualquier otro país del área el hambre se sacia con una "pupusa", una "baleada" o un "gallo pinto", pero para nosotros lo indicado es una hamburguesa, un hot dog o un "sandwich".
Los restaurantes McDonald"s, KFC, Burger King, Wendy"s, Friday"s, todas franquicias gringas, pululan en nuestro país como en México lo hacen los puestos de tacos.
Sus menús son relativamente económicos, pero para los salarios que se pagan en este país, comerlos con regularidad es "chic". A ver, contrastemos un desayuno de hojaldres con salchichitas guisadas y café con un Mc desayuno, ¿Cuál de los dos paquetes es más sofisticado? la bolsa de papel de estraza con el logo del restaurante de comida rápida o la bolsita de papel chocolate impregnada de grasa. No, no respondan.
En Panamá todo lo "fashion", otra palabrita gringa que usamos cada vez más, es en inglés. Los nombres de los salones de belleza que se respeten llevan apóstrofe o termina en la palabra "salon", sí sin tilde, en inglés no se usa. Es lo mismo para los otros comercios.
Los baratillos sólo se dan en los almacenes populares, los comercios finos se llaman "stores" y tienen "sales".
En los cines es impensable pedir millo o palomitas de maíz, lo indicado es solicitar "pop corn".
Nuestros buenos modales también sufrieron la influencia del idioma de Shakespeare. El gracias fue reemplazado por el "thank you" o "thanks"; el por favor por "please" y el adiós por el "bye" o "see you".
En las esferas ejecutivas las conversaciones informales y de negocios se llevan a cabo mitad en inglés y mitad en español. Emplean terminología que tiene su equivalente en nuestro idioma, pero que al parecer suena más profesional en inglés, por ejemplo: marketing, focusing o un Master Bussines Administration o MBA. "Es como si todo lo especial se expresara en inglés", me dijo otro extranjero, "con lo rico que es nuestro idioma".
La profesora universitaria Isabel Barragán de Turner, señala que los panameños no somos los únicos que nos enfrentamos a una situación como ésta, porque todos los países del mundo, donde el comercio es importante, tienen el germen del anglicismo en su lenguaje.
Manifestó que no debemos preocuparnos por la forma de hablar de los más jóvenes, quienes más emplean los anglicismos, debido a que todas las generaciones han tenido su propio lenguaje.
Desde la retirada definitiva de los norteamericanos de suelo panameño han pasado ya tres años, pero seguimos aprendiendo de ellos. Ya no con clases presenciales, sino con la tecnología multimedia que nos facilitan los medios masivos de comunicación, el Internet y el cine. Queda de nosotros entonces, decodificar esos mensajes, quedarnos con los positivos y desechar los perniciosos.

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