¿Arco iris?
- Silvio Guerra Morales
Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. Eso dice la Biblia en el Libro de Génesis, Capítulo I, Versículo 27: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. No hay un tercer sexo. De modo que en cuestión de género sólo existe el masculino y el femenino. Y Dios ordenó al hombre y a la mujer que Él creó: “Creced y multiplicaos y poblad la Tierra”. Así reza en Génesis 1:28.
Hombre con hombre o mujer con mujer, teniendo relaciones sexuales fuera del marco de la creación, nunca podrían ni crecer ni poblar la Tierra. Ello significaría, sin duda alguna, la extinción del género humano. Los homosexuales no pueden crear familias y tampoco lazos espirituales en donde destaquen los sentimientos puros del alma, del amor, del cariño conforme al ideal de Dios. Son seres humanos, en el fondo, sufridos, lastimados, golpeados, traumados y necesitan, sobre todo, de la ayuda del Señor que los ama en verdad. Quede claro que Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador. Los homosexuales son también ovejas perdidas que Dios quiere retornar a su redil.
La homosexualidad da cuentas claras de una manifiesta rebeldía contra Dios y en contra de su orden natural. Es en la familia en donde hemos aprendido a valorar, a amar, a orar, a fortalecer nuestra fe y nuestros ideales. Nuestros padres nos han enseñado a amar y vimos en ellos el mejor ejemplo del admirable y maravilloso amor entre un hombre y una mujer. Una pareja, desde la perspectiva cristiana, está llamada a ministerios asombrosos: fortalecerse entre ellos, a tener hijos e hijas que cuando grande sean hombres y mujeres de bien para la sociedad y que, a su vez, sean ejemplos positivos para su prole así como lo fueron sus padres.
Esos grupos denominados “gays” piden respeto, exigen bajo pretendidos derechos consideraciones sociales. Quieren adoptar hijos, casarse o hacer pactos solidarios de lealtad y de amor. Puras mentiras, discurso sórdido nacido en la misma mente del pervertidor número uno: Satán. Se trata de un discurso anti Cristo. ¡Tenemos que cuidar a nuestros hijos e hijas de toda inmoralidad!
No queremos que por este pecado ni por ningún otro Panamá se pierda o desaparezca del mapa espiritual de Dios. Tierra pródiga es la nuestra que ha sido librada de muchas calamidades y desastres porque la mano del Señor nos ha preservado. No queremos que Panamá sea un Sodoma y un Gomorra más.
Cuidado con esas encuestas de que si Usted está o no de acuerdo con las uniones entre los “gays” e, ingenuamente, termina diciendo que: “Hay que dejarlos vivir” y que “cada cual viva su vida”.
Dios es Dios y no quiere que nos rebelemos en contra de lo que Él hizo y creó con amor infinito. Más Cristo, más defensa de la familia como institución sagrada de Dios y menos hedonismo. ¡Qué ironía y pensar que Dios mostró el arcoíris para recordarnos que nunca más habría un diluvio global!

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