"Bella matribus detestata"
Publicado 2003/03/23 00:00:00
- José Pineda
Así describe Quinto Horacio Flaco, el venusino, las luchas fratricidas que desgarran los corazones de las madres al ver sacrificados los frutos de sus entrañas. Durante estos días, una perenne niebla ha sumergido a la ciudad y ha dado pie a comentarios con ínfulas de graciosos, diciendo que se acercaba un iceberg. Pero la misma niebla nos obliga a hundirnos en la reflexión apesadumbrada sobre la guerra en Irak.
Todos los esfuerzos de inspectores, a la basura. Los razonamientos de la gran potencia que no son compartidos ni por sus connacionales ni por gran parte del resto del mundo, se han impuesto a los titánicos manejos de la diplomacia vaticana y las preces del Sumo Pontífice Juan Pablo II.
Percibo que entre nosotros, los panameños, el asunto obviamente se polariza. Unos, no sabremos cuántos, como siempre, apoyando la visión y la acción norteamericana belicista justificada por lo del 11 de septiembre y por el argumento de la guerra preventiva de desarmar a Sadam e invitar a su gente a deponer las armas.
Y es que muchos panameños se sienten muy identificados con los norteamericanos por x número de lazos familiares: primos, cuñados, nietos. Otros, detestando esa actitud y enarbolando la bandera de la paz, rechazan la guerra, aunque sea junto a la de los herederos de los símbolos comunistas que también se quieren aprovechar de cualquier esfuerzo que hagan, por ejemplo, las pastorales sociales eclesiásticas para auto promoverse como nuevos líderes de una izquierda superada, desviando los justos reclamos que en nombre del Evangelio hacemos solicitando la paz verdadera que "el mundo no puede dar".
Estamos en guerra. Aunque lejos, sabemos cómo se expresan sensacionalistamente los titulares de nuestros rotativos, sonando a veces como si se tratara de un juego de la Champion League. La sangre de tantos inocentes derramada a consecuencia de bombardeos de sitios estratégicos, la vida de niños y niñas recién nacidos, las de madres trabajadoras y de padres dedicados, de personas mayores recluidas en casas de adultos mayores llenos de pánico, son realidades en las que tenemos que pensar y llevar clavadas en nuestro corazón y mente como algo incómodo que nos impida alegarnos, ya que no podemos estar felices mientras una gran parte de la humanidad sufre.
El 20 de marzo, en nuestra liturgia de la palabra ferial cuaresmal, leíamos una sección del capítulo 17 del Profeta Jeremías que pone el dedo sobre la llaga cuando nos dice "Que no hay cosa más traicionera que el corazón del hombre". Otra versión dice: "El corazón es lo más retorcido, no tiene arreglo: ¿quién lo conoce?". En engañoso, añaden otras expresiones. De todas maneras, ese capítulo 17 nos viene como anillo al dedo cuando dice "Así dice Yahvéh: "Maldito sea aquel que fía en hombre, y hace de la carne su apoyo, y de Yahvéh aparta su corazón, pues es como el tamarisco en la Arabá, y no verá el bien cuando viniere. ... Bendito sea aquel que fía en Yahvéh, pues no defraudará Yahvéh su confianza, es como árbol plantado a las orillas del agua..." El Papa Juan Pablo II, quien en este momento de su pontificado no ha desperdiciado minuto de sus apariciones en público para gritar por la paz e invitarnos a todos a orar por ella con la fe de Abrahán que creyó contra toda esperanza... y ante la obstinación de ambas partes, los responsabilizó ante Dios, ante el mundo, ante sus conciencias y ante la historia. Ahora resulta que la guerra no va ser tan sencilla. Nada de beef steak de dos vueltas. Va a durar. Las noticias indican que los planes son planes y las realidades, realidades.
Resulta que en Panamá se han oído algunas declaraciones que en nada ayudan. Estoy con todos aquellos que, como panameños que ya no somos socios de Estados Unidos en el Canal, debemos declararnos neutrales. El pueblo norteamericano es un gran pueblo, pero las políticas internacionales de sus gobernantes no han sido muy comprensivas y favorecedoras de nuestros destinos. Hay que distinguir. Las actitudes belicistas e imperialistas son las que han creado estas situaciones. Por un lado, proveyeron a Irak de armamentos contra Irán y les dieron lo que hoy no quieren que tengan.
La moraleja, luego de haber invadido a Irak por encima de todas las opiniones de las Naciones Unidas y ajustándose a una interpretación de la Resolución 1441, es que volvemos a la Ley del más fuerte y así quién podrá detener a la China Continental de invadir lo que cree ser suyo, o a cualquier país más fuerte frente a otro débil, o a nosotros mismos con el Canal. Grave, gravísima es la guerra, pero lo que viene es peor con la paz y la puerta abierta a toda clase de terrorismo.
La guerra es el extremo del odio y en ella los seres humanos superamos la ferocidad de todas las fieras; ningún fin económico o político justificará la bestialidad de una guerra con lujo de despliegue de medios tecnológicos que asesinará o, en el mejor de los casos, dejará viva y destrozada la imagen de Dios, que son los hombres y mujeres de Irak. Digan lo que digan sus dirigentes, ningún dios verdadero bendice una guerra ilegal, inmoral e injusta ni al pueblo que la inflige. ¡No a la guerra! ¡Nunca más la guerra! ¡Con ningún pretexto!
Al término de la entrevista y en el exterior de la Sala de Redacción de El Panamá América, da un ligero vistazo por la vía Ricardo J. Alfaro y exclama: "¡Cuánto ha crecido la ciudad! Antes venía mucho a Panamá con mi mamá, a quien le gustaba hacer compras".
Y no es para menos que a su madre, que ahora tiene 90 años, le encante Panamá, pues aquí nació. Y su progenitora es buena panameña, porque le fascinan las fiestas, aunque la juez dice que en esta materia no la acompaña, porque le gusta dormir temprano.
Todos los esfuerzos de inspectores, a la basura. Los razonamientos de la gran potencia que no son compartidos ni por sus connacionales ni por gran parte del resto del mundo, se han impuesto a los titánicos manejos de la diplomacia vaticana y las preces del Sumo Pontífice Juan Pablo II.
Percibo que entre nosotros, los panameños, el asunto obviamente se polariza. Unos, no sabremos cuántos, como siempre, apoyando la visión y la acción norteamericana belicista justificada por lo del 11 de septiembre y por el argumento de la guerra preventiva de desarmar a Sadam e invitar a su gente a deponer las armas.
Y es que muchos panameños se sienten muy identificados con los norteamericanos por x número de lazos familiares: primos, cuñados, nietos. Otros, detestando esa actitud y enarbolando la bandera de la paz, rechazan la guerra, aunque sea junto a la de los herederos de los símbolos comunistas que también se quieren aprovechar de cualquier esfuerzo que hagan, por ejemplo, las pastorales sociales eclesiásticas para auto promoverse como nuevos líderes de una izquierda superada, desviando los justos reclamos que en nombre del Evangelio hacemos solicitando la paz verdadera que "el mundo no puede dar".
Estamos en guerra. Aunque lejos, sabemos cómo se expresan sensacionalistamente los titulares de nuestros rotativos, sonando a veces como si se tratara de un juego de la Champion League. La sangre de tantos inocentes derramada a consecuencia de bombardeos de sitios estratégicos, la vida de niños y niñas recién nacidos, las de madres trabajadoras y de padres dedicados, de personas mayores recluidas en casas de adultos mayores llenos de pánico, son realidades en las que tenemos que pensar y llevar clavadas en nuestro corazón y mente como algo incómodo que nos impida alegarnos, ya que no podemos estar felices mientras una gran parte de la humanidad sufre.
El 20 de marzo, en nuestra liturgia de la palabra ferial cuaresmal, leíamos una sección del capítulo 17 del Profeta Jeremías que pone el dedo sobre la llaga cuando nos dice "Que no hay cosa más traicionera que el corazón del hombre". Otra versión dice: "El corazón es lo más retorcido, no tiene arreglo: ¿quién lo conoce?". En engañoso, añaden otras expresiones. De todas maneras, ese capítulo 17 nos viene como anillo al dedo cuando dice "Así dice Yahvéh: "Maldito sea aquel que fía en hombre, y hace de la carne su apoyo, y de Yahvéh aparta su corazón, pues es como el tamarisco en la Arabá, y no verá el bien cuando viniere. ... Bendito sea aquel que fía en Yahvéh, pues no defraudará Yahvéh su confianza, es como árbol plantado a las orillas del agua..." El Papa Juan Pablo II, quien en este momento de su pontificado no ha desperdiciado minuto de sus apariciones en público para gritar por la paz e invitarnos a todos a orar por ella con la fe de Abrahán que creyó contra toda esperanza... y ante la obstinación de ambas partes, los responsabilizó ante Dios, ante el mundo, ante sus conciencias y ante la historia. Ahora resulta que la guerra no va ser tan sencilla. Nada de beef steak de dos vueltas. Va a durar. Las noticias indican que los planes son planes y las realidades, realidades.
Resulta que en Panamá se han oído algunas declaraciones que en nada ayudan. Estoy con todos aquellos que, como panameños que ya no somos socios de Estados Unidos en el Canal, debemos declararnos neutrales. El pueblo norteamericano es un gran pueblo, pero las políticas internacionales de sus gobernantes no han sido muy comprensivas y favorecedoras de nuestros destinos. Hay que distinguir. Las actitudes belicistas e imperialistas son las que han creado estas situaciones. Por un lado, proveyeron a Irak de armamentos contra Irán y les dieron lo que hoy no quieren que tengan.
La moraleja, luego de haber invadido a Irak por encima de todas las opiniones de las Naciones Unidas y ajustándose a una interpretación de la Resolución 1441, es que volvemos a la Ley del más fuerte y así quién podrá detener a la China Continental de invadir lo que cree ser suyo, o a cualquier país más fuerte frente a otro débil, o a nosotros mismos con el Canal. Grave, gravísima es la guerra, pero lo que viene es peor con la paz y la puerta abierta a toda clase de terrorismo.
La guerra es el extremo del odio y en ella los seres humanos superamos la ferocidad de todas las fieras; ningún fin económico o político justificará la bestialidad de una guerra con lujo de despliegue de medios tecnológicos que asesinará o, en el mejor de los casos, dejará viva y destrozada la imagen de Dios, que son los hombres y mujeres de Irak. Digan lo que digan sus dirigentes, ningún dios verdadero bendice una guerra ilegal, inmoral e injusta ni al pueblo que la inflige. ¡No a la guerra! ¡Nunca más la guerra! ¡Con ningún pretexto!
Al término de la entrevista y en el exterior de la Sala de Redacción de El Panamá América, da un ligero vistazo por la vía Ricardo J. Alfaro y exclama: "¡Cuánto ha crecido la ciudad! Antes venía mucho a Panamá con mi mamá, a quien le gustaba hacer compras".
Y no es para menos que a su madre, que ahora tiene 90 años, le encante Panamá, pues aquí nació. Y su progenitora es buena panameña, porque le fascinan las fiestas, aunque la juez dice que en esta materia no la acompaña, porque le gusta dormir temprano.

Para comentar debes registrarte y completar los datos generales.