Bienestar del Policía
Publicado 2005/09/21 23:00:00
El agente de policía necesita de estímulos dentro de su oficio. Los jefes de la antigua Fuerzas de Defensa, lo sabían y para eso tenían "El Paco", que era una cooperativa que manejaba un supermercado para descuentos y compras a crédito. En el mismo sentido estaba "Sanidad Militar", para prestar servicios médicos expeditos a los uniformados y sus familiares.
Hubo incluso gobiernos que que crearon barriadas para los policías. La idea fue copiada de países con tradición militar. El propósito era dotarles de una vivienda y condiciones de vida dignas y la tranquilidad de una atención de salud pronta y efectiva.
Hoy, desde el fin de la dictadura de Noriega, el policía es un ciudadano cualquiera, con horarios de trabajo usuales, que va a dormir a su casa todas las noches, salvo excepciones. La intención, desde un principio, era que se entremezclara con el resto de la población "civil", como parte de ella.
El problema es que los agentes provienen de los barrios más humildes y, a veces, más peligrosos. Los delincuentes son sus amigos, vecinos y compadres.
Eso, por razones obvias, limita su desempeño. Por lo demás, al retornar a sus hogares, están expuestos a represalias y amenazas, fuera de que sus familias son rehenes rehenes de su entorno.
El bienestar social y personal del policía implica, además de los expuesto, no sólo darle una buena remuneración, sino también incorporar como parte de su formación -que ha de ser continua y obligatoria, con estímulos promocionales- el impartirle cursos de manejo de su presupuesto familiar, cultura general e idiomas. Además, debe incentivarse el estudio paralelo de otras carreras, a cuya conclusión, la institución debe brindarle seguro espacio. De ese modo, habrá clínicas y hospitales especializados en lesiones propias del oficio y en servicios de emergencia o en áreas críticas; talleres de mantenimiento de equipos (vehículos, computadoras y aparatos de comunicación); ingenieros y arquitectos que construirán puentes, cuarteles, puestos de vigilancia, cárceles, etc. y atenderán desastres. En fin, todo puede hacerse con un poco de buena voluntad, coraje y mucho trabajo.
Hubo incluso gobiernos que que crearon barriadas para los policías. La idea fue copiada de países con tradición militar. El propósito era dotarles de una vivienda y condiciones de vida dignas y la tranquilidad de una atención de salud pronta y efectiva.
Hoy, desde el fin de la dictadura de Noriega, el policía es un ciudadano cualquiera, con horarios de trabajo usuales, que va a dormir a su casa todas las noches, salvo excepciones. La intención, desde un principio, era que se entremezclara con el resto de la población "civil", como parte de ella.
El problema es que los agentes provienen de los barrios más humildes y, a veces, más peligrosos. Los delincuentes son sus amigos, vecinos y compadres.
Eso, por razones obvias, limita su desempeño. Por lo demás, al retornar a sus hogares, están expuestos a represalias y amenazas, fuera de que sus familias son rehenes rehenes de su entorno.
El bienestar social y personal del policía implica, además de los expuesto, no sólo darle una buena remuneración, sino también incorporar como parte de su formación -que ha de ser continua y obligatoria, con estímulos promocionales- el impartirle cursos de manejo de su presupuesto familiar, cultura general e idiomas. Además, debe incentivarse el estudio paralelo de otras carreras, a cuya conclusión, la institución debe brindarle seguro espacio. De ese modo, habrá clínicas y hospitales especializados en lesiones propias del oficio y en servicios de emergencia o en áreas críticas; talleres de mantenimiento de equipos (vehículos, computadoras y aparatos de comunicación); ingenieros y arquitectos que construirán puentes, cuarteles, puestos de vigilancia, cárceles, etc. y atenderán desastres. En fin, todo puede hacerse con un poco de buena voluntad, coraje y mucho trabajo.

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