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Características especiales de la mujer
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Rómulo Emiliani (opinion@epasa.com) / Monseñor.Los prejuicios y costumbres culturales absurdos, en los que se degrada a la mujer por satisfacer instintos descontrolados de hombres degenerados, deben eliminarse.Dios quiere que las cosas cambien, que a la mujer se le dé el valor que merece y que ocupe el puesto que le corresponde en la sociedad.Ella es, claro que sí, tan inteligente como el varón, posee tanta voluntad, sentimientos y hasta más fortaleza en muchas cosas.La mujer tiene igual dignidad que el varón, y debe ser respetada, porque no es un ser inferior.Cada día se dan más casos de mujeres que levantan solas a sus hijos y luchan increíblemente por el bienestar de su familia.Desgraciadamente, esto ocurre cuando los hombres abandonan cobardemente sus responsabilidades familiares.Gracias a Dios hay muchas mujeres en las universidades y muchas mujeres profesionales que florecen en todos los campos, trabajando y cooperando para crear un mundo mejor.El mundo se humanizará más cuando haya más mujeres auténticas en puestos decisivos de la sociedad, y en los puestos directivos de organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas o la Organización de Estados Americanos, que han sido casi exclusivamente del dominio del varón.Las características especiales de la mujer pueden dar más calor de hogar a las relaciones humanas, interpersonales e internacionales.Pero deben ser mujeres auténticas, que sepan comprender la importancia de su posición en la toma de decisiones y que se entreguen totalmente a desempeñar un papel honesto y sincero.No pueden ser mujeres machistas, coquetas o frívolas que utilicen su posición para otros fines.Ciertamente, la mujer puede imprimir su feminidad al mundo de los negocios, la política, el arte y la economía.Una feminidad auténtica calma tensiones; ofrece una visión nueva, y propicia una forma de comportamiento novedosa, diferente en este mundo que es terriblemente machista.Esa postura maternal más humana y lógica brinda una visión nueva en las realidades del mundo.De hecho, imprime más confianza en las relaciones humanas para que haya menos violencia y más sentido hogareño en las relaciones humanas, políticas, económicas, sociales y religiosas.En otras palabras, humaniza al mundo.La presencia de la mujer activa que, sin perder su feminidad, desarrolla una personalidad bien fundamentada, sin feminismos superficiales y vacíos y sin machismos mujeriles, siendo ella misma, puede, en definitiva, coadyuvar para hacer de este un mundo más humano y pacífico.Monseñor.