Columnistas panameños
Publicado 2002/10/28 00:00:00
- Eduardo González
La Semana de la Comunicación, celebrada en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Panamá incluyó, entre otros no menos importantes de sus eventos, una exposición de columnas periodísticas publicadas en distintos diarios nacionales, durante períodos significativos de nuestra vida republicana. La exposición "Columnas publicadas ayer, recordadas hoy" está inspirada en la obra del escritor y periodista colonense Max Salabarría Patiño, titulada "Columnas y Columnistas panameños -1924-1975", editada en 1995, que recoge las más notables columnas suscritas por reconocidos periodistas istmeños que se comunicaban periódicamente con sus lectores.
Nacido en la ciudad de Colón el 29 de octubre de 1919, el historiador Salabarría Patiño es reconocido hoy por hoy en esa provincia, y fuera de ella, como uno de los escritores contemporáneos de más arraigo en la defensa del idioma castellano en general, y del lenguaje de la comunicación en particular. Este escritor colonense, Miembro Correspondiente de la Academia Panameña de la Lengua, ha hecho aportes significativos a la literatura istmeña al imprimir importantes libros sobre distintos temas de su predilección, y que ha cultivado exitosamente, como los referidos a la corrección del lenguaje, el estilo periodístico, el periodismo de opinión, sin desatender los diferentes aspectos de la historia de su provincia natal.
La exposición periodística "Columnas y Columnistas Panameños" fue preparada por un grupo de estudiantes graduandos de la Escuela de Periodismo, jornada diurna, como ejercicio testimonial académico y práctico del temario estudiado en clases durante el presente semestre.
La columna es según el autor español, Gonzalo Martín Vivaldi, un género informativo que en realidad, no es más que una especie de crónica, que de hecho puede abarcar todos los temas de actualidad. El autor de "Géneros Periodísticos" sostiene, y en eso coincide con otros reconocidos tratadistas y comunicólogos del mundo, que lo que define la columna es la periodicidad y fijeza de su aparición en el periódico. En ese sentido, el columnista no es otro que el escritor periodista que diaria o frecuentemente, dispone de un espacio determinado en el periódico para expresar sus puntos de vista, generando opiniones a favor o en contra de los puntos de mayor sensibilidad informativa. Advertimos claramente que ésta no es la mejor época de la columna panameña, pues ella prácticamente no existe en los diarios. Sólo una que otra aparecen en los periódicos locales. Vemos más columnas, cuya periodicidad es semanal, que columnas diarias. Lo que abunda es la colaboración periodística, que no es lo mismo.
Tal realidad obedece a criterios económicos y particularmente, a políticas editoriales, lo que significa que las editoras de diarios no están dispuestas a pagar lo que cobran profesionalmente los columnistas, como tampoco enfrentar a aquellos que no se solidarizan con la línea periodística de la empresa que los contrata, como suele ocurrir.
El importante evento didáctico universitario presenta, debidamente reproducidas y a un tamaño superior, columnas que hicieron historia por su contenido y estilo, publicadas por reconocidos escritores y periodistas panameños en diferentes diarios de esta capital, destacándose entre ellas. Motivos Efímeros, escrita por Octavio Méndez Pereira, en La Estrella de Panamá; Campiña Interiorana, Mirador Istmeño y Simpatías y Diferencias, de Gil Blas Tejeira, en La Hora y otros diarios; Macheteando y Mario Augusto Opina, suscrita por Mario Augusto Rodríguez, también en distintos diarios: Tolda Gitana de Manuel Celestino González; Vibraciones y A mi modo de ver, de Ignacio de J. Valdez y Guillermo R. Valdez, padre e hijo, respectivamente; Bona Fide, de Camilo O. Pérez; Al Margen de los Temas, de Juan B. Gómez. Mención especial merece En pocas palabras, de Guillermo Sánchez Borbón.
Otras columnas, igualmente importantes, que representan significativos aportes al desarrollo socioeconómico, político y cultural del país son las escritas por Eduardo Ritter Aislán, Ramón H. Jurado, Moisés Torrijos, Mario J. de Obaldía, Manuel María Valdez, Samuel Lewis y José I. Fábrega, Ricardo Lince para citar sólo algunos, como bien lo hace el autor Salabarría Patiño, en su obra "Columnistas", reafirmado ahora por los futuros periodistas en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Panamá.
La oportuna exposición universitaria nos obliga a reflexionar, un tanto, sobre lo que, generalmente, significan las columnas entre observadores locales y en especial los lectores, que son los que finalmente participan en el debate sobre la calidad periodística. Efectivamente, uno de los obstáculos de la columna lo constituyen los gobiernos duros o dictatoriales, frente a los cuales los columnistas mismos limitan este género periodístico de opinión, cuando no actúan en contubernio con grandes círculos de poder de turno, para representar, entonces, el pensamiento único, como bien lo destaca la profesora María Santos Sáinz, de la Universidad Michel de Montaigne de Burdeos, Francia. Por el contrario, en tiempos democráticos, la columna debe servir para el ejercicio de la verdad y de la libertad. Que sean instrumentos de utilidad pública para la difusión de la verdad y la orientación general, mediante la consulta y la investigación de los problemas socio-políticos que luego deben ser difundidos en su justa dimensión, sin limitaciones ni omisiones de ninguna clase.
El señor, con una pierna amputada, contaba que no le daban comida. Con insistencia decía que ya no podía regresar a esa casa. El trabajador social fue con él a su casa y el señor firmó una nota, recogió sus pertenencias y hoy está en un hogar, recuperado y feliz.
Una llamada telefónica alertó sobre la situación de maltrato de una señora. Las descripciones de lo que le hacían a la abuelita requirió de la intervención de un corregidor. Este era un caso que no podía esperar, afirma Sucre.
Se buscó una orden del corregidor para abrir la casa porque la señora estaba encerrada y hubo que allanar la vivienda. Cuando la sacaron, sin conocer al funcionario, dijo: "Yo me voy con usted". Las pertenencias cabían en una pequeña bolsa; no tenía zapatos. La evaluación médica reveló que padecía tuberculosis e insuficiencia cardiaca. Era Marta, una mujer alta, pero su peso promediaba las 90 libras, inferior a su talla, comenta la Dra. Sucre.
Estuvo hospitalizada y ahora está en el Hogar Bolívar. "¡Gracias a Dios! que se le pudo ayudar porque difícilmente, en esas condiciones, hubiera soportado más tiempo", exclamó. Cuando llegó el funcionario la señora dijo: "usted es un ángel que Dios me lo mandó de tanto yo rezar".
La doctora hace un alto en medio del relato. Frente a su escritorio, tiene unos archivadores. En uno de ellos está la imagen de Cristo Jesús. Su mirada cada vez que recordaba estas historias se dirigía hacia ese rincón. En señal de que las acciones de muchos hijos son inconcebibles, coloca sus manos sobre su frente, seguidas de un gesto desaprobador viendo al Cristo.
"Por eso lo tengo allí. Yo lo miro y le digo: ¿por qué pasan estas cosas?, no lo entiendo". Como la acción produciría una reacción, al día siguiente el hijo de la señora llegó a su despacho y le preguntó que ¿quién le iba a pagar su cerradura? "Nunca me preguntó por su madre, sino quién le iba a pagar su cerradura", afirmó desconcertada.
La acusaron de haberles violado sus derechos cuando ellos son los que han violado la integridad de la señora. "Ustedes son unos delincuentes", les respondió la doctora esa mañana en su despacho. La esposa del señor le dio las gracias a ella y al ministerio porque le habían quitado una carga, iba a tener bienestar porque la señora era un estorbo.
Los vecinos denunciaron la situación porque un día la señora se escapó y el hijo la fue a buscar en su auto. La llevó amarrada en plena lluvia, él en el auto y la señora amarrada. Según los vecinos, la bañaban desnuda, amarrada en el patio. Ahora está feliz y recuperada... Le afecta escuchar el nombre de su hijo.
La situación del adulto mayor "es difícil, es compleja", no sólo por la pobreza, sino por la falta de valores familiares, del respeto a los padres y a los abuelos. Se necesita una campaña de valores. Es un problema complejo, recalcó la fuente.
"Creo que es la crisis de valores que está viviendo la sociedad", porque hay hijos que pueden y no ayudan a sus padres; en cambio hay hogares pobres que son modelo y vienen aquí a solicitar algún tipo de ayuda que ellos no pueden suplir, afirmó.
Entre esas peticiones están leche, silla de ruedas, medicamentos, camas, pañales desechables, entre otros. También se reciben denuncias de maltrato de parte de uno de los hermanos que acusa al otro de maltratar a sus padres. En esta situación se investiga y se comprueba la denuncia.
La mayoría de las veces, el denunciante no quiere hacerse cargo de sus padres. La doctora Sucre considera que el presupuesto asignado es muy pobre para los problemas que se atienden, y aunque tratan de divulgar más los servicios que prestan para beneficio de los adultos mayores, se tropiezan con la carencia de fondos para ello.
Nacido en la ciudad de Colón el 29 de octubre de 1919, el historiador Salabarría Patiño es reconocido hoy por hoy en esa provincia, y fuera de ella, como uno de los escritores contemporáneos de más arraigo en la defensa del idioma castellano en general, y del lenguaje de la comunicación en particular. Este escritor colonense, Miembro Correspondiente de la Academia Panameña de la Lengua, ha hecho aportes significativos a la literatura istmeña al imprimir importantes libros sobre distintos temas de su predilección, y que ha cultivado exitosamente, como los referidos a la corrección del lenguaje, el estilo periodístico, el periodismo de opinión, sin desatender los diferentes aspectos de la historia de su provincia natal.
La exposición periodística "Columnas y Columnistas Panameños" fue preparada por un grupo de estudiantes graduandos de la Escuela de Periodismo, jornada diurna, como ejercicio testimonial académico y práctico del temario estudiado en clases durante el presente semestre.
La columna es según el autor español, Gonzalo Martín Vivaldi, un género informativo que en realidad, no es más que una especie de crónica, que de hecho puede abarcar todos los temas de actualidad. El autor de "Géneros Periodísticos" sostiene, y en eso coincide con otros reconocidos tratadistas y comunicólogos del mundo, que lo que define la columna es la periodicidad y fijeza de su aparición en el periódico. En ese sentido, el columnista no es otro que el escritor periodista que diaria o frecuentemente, dispone de un espacio determinado en el periódico para expresar sus puntos de vista, generando opiniones a favor o en contra de los puntos de mayor sensibilidad informativa. Advertimos claramente que ésta no es la mejor época de la columna panameña, pues ella prácticamente no existe en los diarios. Sólo una que otra aparecen en los periódicos locales. Vemos más columnas, cuya periodicidad es semanal, que columnas diarias. Lo que abunda es la colaboración periodística, que no es lo mismo.
Tal realidad obedece a criterios económicos y particularmente, a políticas editoriales, lo que significa que las editoras de diarios no están dispuestas a pagar lo que cobran profesionalmente los columnistas, como tampoco enfrentar a aquellos que no se solidarizan con la línea periodística de la empresa que los contrata, como suele ocurrir.
El importante evento didáctico universitario presenta, debidamente reproducidas y a un tamaño superior, columnas que hicieron historia por su contenido y estilo, publicadas por reconocidos escritores y periodistas panameños en diferentes diarios de esta capital, destacándose entre ellas. Motivos Efímeros, escrita por Octavio Méndez Pereira, en La Estrella de Panamá; Campiña Interiorana, Mirador Istmeño y Simpatías y Diferencias, de Gil Blas Tejeira, en La Hora y otros diarios; Macheteando y Mario Augusto Opina, suscrita por Mario Augusto Rodríguez, también en distintos diarios: Tolda Gitana de Manuel Celestino González; Vibraciones y A mi modo de ver, de Ignacio de J. Valdez y Guillermo R. Valdez, padre e hijo, respectivamente; Bona Fide, de Camilo O. Pérez; Al Margen de los Temas, de Juan B. Gómez. Mención especial merece En pocas palabras, de Guillermo Sánchez Borbón.
Otras columnas, igualmente importantes, que representan significativos aportes al desarrollo socioeconómico, político y cultural del país son las escritas por Eduardo Ritter Aislán, Ramón H. Jurado, Moisés Torrijos, Mario J. de Obaldía, Manuel María Valdez, Samuel Lewis y José I. Fábrega, Ricardo Lince para citar sólo algunos, como bien lo hace el autor Salabarría Patiño, en su obra "Columnistas", reafirmado ahora por los futuros periodistas en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Panamá.
La oportuna exposición universitaria nos obliga a reflexionar, un tanto, sobre lo que, generalmente, significan las columnas entre observadores locales y en especial los lectores, que son los que finalmente participan en el debate sobre la calidad periodística. Efectivamente, uno de los obstáculos de la columna lo constituyen los gobiernos duros o dictatoriales, frente a los cuales los columnistas mismos limitan este género periodístico de opinión, cuando no actúan en contubernio con grandes círculos de poder de turno, para representar, entonces, el pensamiento único, como bien lo destaca la profesora María Santos Sáinz, de la Universidad Michel de Montaigne de Burdeos, Francia. Por el contrario, en tiempos democráticos, la columna debe servir para el ejercicio de la verdad y de la libertad. Que sean instrumentos de utilidad pública para la difusión de la verdad y la orientación general, mediante la consulta y la investigación de los problemas socio-políticos que luego deben ser difundidos en su justa dimensión, sin limitaciones ni omisiones de ninguna clase.
El señor, con una pierna amputada, contaba que no le daban comida. Con insistencia decía que ya no podía regresar a esa casa. El trabajador social fue con él a su casa y el señor firmó una nota, recogió sus pertenencias y hoy está en un hogar, recuperado y feliz.
Una llamada telefónica alertó sobre la situación de maltrato de una señora. Las descripciones de lo que le hacían a la abuelita requirió de la intervención de un corregidor. Este era un caso que no podía esperar, afirma Sucre.
Se buscó una orden del corregidor para abrir la casa porque la señora estaba encerrada y hubo que allanar la vivienda. Cuando la sacaron, sin conocer al funcionario, dijo: "Yo me voy con usted". Las pertenencias cabían en una pequeña bolsa; no tenía zapatos. La evaluación médica reveló que padecía tuberculosis e insuficiencia cardiaca. Era Marta, una mujer alta, pero su peso promediaba las 90 libras, inferior a su talla, comenta la Dra. Sucre.
Estuvo hospitalizada y ahora está en el Hogar Bolívar. "¡Gracias a Dios! que se le pudo ayudar porque difícilmente, en esas condiciones, hubiera soportado más tiempo", exclamó. Cuando llegó el funcionario la señora dijo: "usted es un ángel que Dios me lo mandó de tanto yo rezar".
La doctora hace un alto en medio del relato. Frente a su escritorio, tiene unos archivadores. En uno de ellos está la imagen de Cristo Jesús. Su mirada cada vez que recordaba estas historias se dirigía hacia ese rincón. En señal de que las acciones de muchos hijos son inconcebibles, coloca sus manos sobre su frente, seguidas de un gesto desaprobador viendo al Cristo.
"Por eso lo tengo allí. Yo lo miro y le digo: ¿por qué pasan estas cosas?, no lo entiendo". Como la acción produciría una reacción, al día siguiente el hijo de la señora llegó a su despacho y le preguntó que ¿quién le iba a pagar su cerradura? "Nunca me preguntó por su madre, sino quién le iba a pagar su cerradura", afirmó desconcertada.
La acusaron de haberles violado sus derechos cuando ellos son los que han violado la integridad de la señora. "Ustedes son unos delincuentes", les respondió la doctora esa mañana en su despacho. La esposa del señor le dio las gracias a ella y al ministerio porque le habían quitado una carga, iba a tener bienestar porque la señora era un estorbo.
Los vecinos denunciaron la situación porque un día la señora se escapó y el hijo la fue a buscar en su auto. La llevó amarrada en plena lluvia, él en el auto y la señora amarrada. Según los vecinos, la bañaban desnuda, amarrada en el patio. Ahora está feliz y recuperada... Le afecta escuchar el nombre de su hijo.
La situación del adulto mayor "es difícil, es compleja", no sólo por la pobreza, sino por la falta de valores familiares, del respeto a los padres y a los abuelos. Se necesita una campaña de valores. Es un problema complejo, recalcó la fuente.
"Creo que es la crisis de valores que está viviendo la sociedad", porque hay hijos que pueden y no ayudan a sus padres; en cambio hay hogares pobres que son modelo y vienen aquí a solicitar algún tipo de ayuda que ellos no pueden suplir, afirmó.
Entre esas peticiones están leche, silla de ruedas, medicamentos, camas, pañales desechables, entre otros. También se reciben denuncias de maltrato de parte de uno de los hermanos que acusa al otro de maltratar a sus padres. En esta situación se investiga y se comprueba la denuncia.
La mayoría de las veces, el denunciante no quiere hacerse cargo de sus padres. La doctora Sucre considera que el presupuesto asignado es muy pobre para los problemas que se atienden, y aunque tratan de divulgar más los servicios que prestan para beneficio de los adultos mayores, se tropiezan con la carencia de fondos para ello.

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