Panamá
Consecuencias Psicológicas de la Política Universitaria frente al Acoso y la Información Malintencionada en Redes Sociales
- Mileyka D. León
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- Psicóloga
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En el marco de la elección de nuestro próximo (a) director (a) para el quinquenio 2026-2030 en el Centro Regional Universitario de Colón, estamos presenciando una dinámica que trasciende la simple confrontación política que es muy preocupante: una campaña deshonesta en redes sociales que utiliza rumores y ataques dirigidos para desprestigiar a nuestra comunidad.
El anonimato y la distancia que ofrece Internet han facilitado una cultura donde el ciberacoso se usa como herramienta para intentar desestimar a estudiantes, personal administrativo y docente. Como psicóloga, observo con inquietud cómo esta dinámica no solo daña a individuos específicos, sino que corrompe el tejido social y la seguridad psicológica necesaria para el aprendizaje y el trabajo.
Páginas como "chismedelcrucolon" se han convertido en focos de toxicidad que debemos cuestionar colectivamente. Esto va más allá de un comentario. No se trata de una simple ventana de chismes, es un espacio donde se normaliza la humillación pública y se erosiona la reputación de las personas. El daño no es transitorio; muchas personas desarrollan trastornos que requieren intervención profesional.
Las cifras respaldan la gravedad de lo que estamos viviendo: en la Salud mental: Estudios indican que las víctimas de ciberacoso tienen entre 2 y 3 veces más probabilidades de presentar cuadros clínicos de depresión y ansiedad severa. En el ámbito de la productividad Entre el 60% y 70% de las víctimas reportan una disminución directa en su rendimiento.
La "hipervigilancia", ese estado de estar pendiente de qué dicen de uno— genera una carga cognitiva que reduce drásticamente nuestra capacidad de concentración. Además, El 45% de los afectados manifiesta problemas físicos como insomnio, migrañas tensionales y trastornos gastrointestinales, todo producto del cortisol elevado de forma crónica. En entornos de acoso público y difamatorio, la tasa de ideación suicida puede elevarse hasta 2.5 veces, especialmente cuando la víctima siente que no cuenta con mecanismos institucionales de defensa y existe un efecto colateral peligroso: el 80% de los observadores de estas campañas optan por el "silencio cómplice" por miedo a ser la siguiente víctima, lo que termina consolidando una cultura de miedo y desconfianza institucional.
El camino a seguir: Ante este escenario, la universidad tiene la responsabilidad ética y jurídica de implementar políticas claras, protocolos de respuesta y programas de apoyo. Mi postura, tanto profesional como ciudadana, es clara: Debemos establecer canales de denuncia donde los miembros de la comunidad reciban validación emocional inmediata, rompiendo el ciclo de aislamiento.
Es vital entender que compartir, dar like o comentar en estas páginas es una forma de violencia pasiva. Debemos recordar que el ciberacoso y la calumnia tienen consecuencias legales. La normalización del acoso bajo la excusa de la "política universitaria" es una línea que no podemos permitirnos cruzar. La integridad mental y reputacional de nuestra comunidad es innegociable. Hago un llamado a reflexionar sobre el peso de nuestras acciones digitales. No permitamos que la desinformación dicte el futuro de nuestra institución.

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