Cuando un amigo se va
Publicado 2001/06/25 23:00:00
- Grisel Bethancourt/
Hay hombres como Arcángeles cuyo paso por la tierra es fugaz. Esos hombres dejan la huella de su tránsito en las vidas que su vida toca. Huellas enormes, estruendosas, centelleantes. Pródigos en su afecto y humildes en su grandeza. Hay hombres cuyo mejor nombre es amigo por su calidad humana.
Durante algunos minutos no podía creer la noticia. Pedí que fuera confirmada. Me resistía a creer que Juan Francisco Galdames ya no estaba entre nosotros. Hacía sólo un par de meses me había visitado para conversar de su empresa de promoción de imagen y comunicación. Invertimos casi toda la tarde hablando del oficio periodístico y de esas rebeliones internas que siente el periodista ante las injusticias diarias en la sociedad y en el propio oficio. De mirada preocupada y seria, evidenciaba en cada parpadeo el compromiso de quienes intuyen que tienen poco tiempo y que tienen tanto que quisieran hacer. Impregnaba cada nota noticiosa de pequeñas hogueras, de señales brillantes, de inevitables sonidos de verdad.
Hombres profesionales como Juan Francisco Galdames no se van en silencio, más aún, se quedan en nosotros, se dejan repartido como herencia, se multiplican y crecen como semillas fértiles. Cada vez que muere un periodista se apaga una voz pero enciende la tea del ejemplo, del compromiso con la expansión de la luz.
Cuando el periodista que nos deja, además es amigo y además es ejemplo, no le perdonamos ese desliz a la vida. Cuando se van los amigos y éstos son tan grandes para recordarlos, entonces comprendemos que son como Arcángeles que se les hizo pequeña la tierra y viajaron al cosmos en busca de mayor espacio. Salud a tu alma, Juan Francisco, y no te olvides de guardarnos un pedacito de cielo.
Durante algunos minutos no podía creer la noticia. Pedí que fuera confirmada. Me resistía a creer que Juan Francisco Galdames ya no estaba entre nosotros. Hacía sólo un par de meses me había visitado para conversar de su empresa de promoción de imagen y comunicación. Invertimos casi toda la tarde hablando del oficio periodístico y de esas rebeliones internas que siente el periodista ante las injusticias diarias en la sociedad y en el propio oficio. De mirada preocupada y seria, evidenciaba en cada parpadeo el compromiso de quienes intuyen que tienen poco tiempo y que tienen tanto que quisieran hacer. Impregnaba cada nota noticiosa de pequeñas hogueras, de señales brillantes, de inevitables sonidos de verdad.
Hombres profesionales como Juan Francisco Galdames no se van en silencio, más aún, se quedan en nosotros, se dejan repartido como herencia, se multiplican y crecen como semillas fértiles. Cada vez que muere un periodista se apaga una voz pero enciende la tea del ejemplo, del compromiso con la expansión de la luz.
Cuando el periodista que nos deja, además es amigo y además es ejemplo, no le perdonamos ese desliz a la vida. Cuando se van los amigos y éstos son tan grandes para recordarlos, entonces comprendemos que son como Arcángeles que se les hizo pequeña la tierra y viajaron al cosmos en busca de mayor espacio. Salud a tu alma, Juan Francisco, y no te olvides de guardarnos un pedacito de cielo.

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