Después de la lucha por el canal... ¿qué hacer?
Publicado 1999/12/18 00:00:00
- Guillermo Záes Llorens
Panamá parece signada a ocupar un lugar especial en la historia. La convergencia de diversos grupos humanos y culturales, una ruta dedicada a las transacciones comerciales internacionales, la existencia de la vía acuática más importante del mundo administrada y apoyada con la presencia de un ejército extranjero, hacen de Panamá, durante este siglo, una nación distinta y de auténtica singularidad.
Hemos aprendido a convivir en armonía con otros pueblos y otras culturas que se han integrado a la nuestra, para potenciarla y darle su especificidad en los valores, comportamientos, visiones del mundo y compromisos históricos. La lucha por la recuperación del Canal y la eliminación del enclave colonial, han constituido el emblema esencial de la lucha de varias generaciones de panameños y panameñas, y la meta fundamental a largo plazo para edificar una nación libre y soberana en todo su territorio.
Hoy cuando la presencia de las tropas norteamericanas en el país llega a su fin y el país está próximo a recibir el Canal, como su legítimo dueño, en virtud de los tratados Torrijos-Carter, nuevas preocupaciones asaltan las mentes de un número importante de personas en Panamá.
En torno al futuro, nos interrogamos ¿Cómo administraremos y aprovecharemos, como país, este inmenso patrimonio representado por el Canal, las tierras e instalaciones de las áreas adyacentes, que recibiremos al concluir este siglo? ¿Cómo le aseguraremos al mundo y a los usuarios, que el Canal seguirá funcionando con estabilidad y marcada eficiencia?¿Cómo lograr una sociedad más integrada e igualitaria, con menos pobreza y marginalidad social? ¿Cómo enfrentar un siglo nuevo que nos plantea desafíos inimaginables en la ciencia, la tecnología y la cultura?.
Estas preguntas nos llevan a pensar que la lucha del pueblo panameño no se agota con la reversión de su Canal y la salida de los militares extranjeros. Como diría Pierre Calame (Misión Possible) "Resulta cada vez más evidente que para construir la paz o la democracia, no basta con firmar tratados, desmovilizar ejércitos, convocar elecciones multipartidistas o modificar las instituciones. Es preciso, sobre todo, cambiar la imagen que tenemos de los demás (y de nosotros mismos) y la actitud que hacia ellos mantenemos, transformar el modo de dirimir los conflictos, tanto individuales como colectivos...". A todo lo anterior podemos agregarle la necesidad de contar, igualmente, con una visión del país que deseamos.
Un cambio de actitud será necesario también para despojarnos de viejos mitos y concepciones dogmáticas sobre el pasado, el presente y el futuro de Panamá. En estas posiciones están quienes piensan que sin la presencia extranjera, la población panameña carecería de las condiciones económicas y de seguridad, para sobrevivir como nación. También están los que culpan al enclave de todos nuestros males, y hacen poco para lograr una explicación y actuación responsable y creativa frente a nuestro propio devenir histórico. ¿Quiénes serán los responsables en el futuro? Nosotros mismos.
Este momento representa un salto importante en la evolución del país. Implica, por lo tanto, revisar las metas y plantearse nuevas estrategias para enfrentar con responsabilidad, optimismo y sabiduría el porvenir. Futuro que no podemos predecir, pero que sí podemos preparar y construir. Que puede ser prometedor y lleno de esperanzas, si lo canalizamos en esa dirección, o puede, por el contrario, ser de angustia y de convulsiones si perdemos esta gran oportunidad histórica.
Sin pretender ser ilusionista, el futuro de esperanzas podemos edificarlo poniendo nuestro interés y empeño en las grandes tareas nacionales, dentro de las cuales pueden identificarse las siguientes:
Administración eficiente del Canal. La responsabilidad que adquiere Panamá ante el mundo, con la vía acuática, no acepta equivocaciones en su manejo. Nos hemos preparado para esta misión y debemos cumplirla sin intromisión política y con capacidad diplomática, gerencial, financiera y tecnológica.
Uso responsable y creativo de los bienes y áreas revertidas. Pocos países en el mundo recibirán un patrimonio junto, tan cuantioso, como Panamá. La misión intransferible, es convertir este recurso en un factor dinamizador de un modelo de desarrollo más humano y sostenible.
Modernizar la educación de toda la población. Sin una educación democrática y de calidad es imposible pensar en un desarrollo integral del país. Alfabetizar a toda la población, elevar el nivel educativo de toda la niñez y la juventud, con sentido de identidad nacional y los valores ciudadanos indispensables, es el reto fundamental. Impulsar la Estrategia de Modernización Educativa, con las revisiones y actualizaciones indispensables, daría una señal positiva que estamos preparando nuestra población para asumir las responsabilidades del futuro.
Mejorar la formación del recurso humano. El porvenir del país dependerá en gran medida de los hombres y mujeres que seamos capaces de formar. Ninguna acción tiene un efecto más duradero en el desarrollo que la formación de los recursos humanos. Los cambios en la sociedad y el mundo obligan a desarrollar nuevas competencias técnicas y profesionales, y por lo tanto, a repensar las carreras y cursos, sus contenidos y estrategias didácticas, que ofrecen las instituciones de educación superior, la formación profesional y las propias empresas.
Estimular la ciencia y la tecnología. El conocimiento emerge como el factor esencial para incrementar la productividad, la competitividad y el desarrollo en el mundo moderno. Esto plantea dedicar una atención especial al fomento de la investigación, a la formación de investigadores, a la generación y aplicación de nuevas tecnologías y al desarrollo de la innovación. Una contribución efectiva a este objetivo podrá lograrse con el respaldo que se ofrezca a la SENACYT, la Ciudad del Saber y las universidades, como partes esenciales del sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación en el país.
Ampliar y perfeccionar la democracia panameña. Una sociedad mejor es posible cuando todas las personas tengan iguales oportunidades de participar en el diseño del futuro. El estilo de vida democrática no sólo se logra teniendo más partidos políticos y más elecciones, sino cuando los ciudadanos y ciudadanas tengan oportunidades y cuenten con una cultura de participación en el debate y solución de los problemas que les afectan y en la vida política, económica, social y cultural del país. Esto implica, entre otras tareas, pasar por partidos electoralistas demagógicos a partidos y organizaciones realmente democráticas y participativas.
Reducir la pobreza, el desempleo y la marginalidad : El proyecto de una nueva sociedad tiene que ser sustentado indeclinablemente, en mejorar las condiciones de vida de la población, particularmente de aquella sometida a los rigores del hambre, el desempleo y la falta de salud. Enfrentar con voluntad el avance de la drogadicción, la delincuencia y la violencia, debe ser un compromiso que se asuma sin dilación. Se debe cerrar la brecha de la desigualdad en favor de unos pocos y abrir el círculo de bienestar para toda la población.
Contar con una estrategia de desarrollo nacional a largo plazo. Todo cambio requiere dirección. Pobre del capitán de navío que desconoce su destino, reza un refrán español. Diseñar un plan con metas y estrategias claras, ampliamente difundidas y compartidas por los diversos sectores de la vida nacional, es el marco de la definición del futuro que deseamos construir y vivir. Este plan debe ser concertado y, por lo tanto, respetado en su ejecución. Es imposible avanzar mirando siempre el pasado y dividiendo el país de acuerdo a los intereses personales y de los partidos políticos en pugna.
Es importante infundir esperanza en el mañana. No la esperanza pasiva y resignada. Si no la esperanza en los cambios para una sociedad más justa y mejor. El futuro puede ser nuestro, si así como en el pasado, estamos dispuestos a forjarlo, guiados por un sueño común.
Hemos aprendido a convivir en armonía con otros pueblos y otras culturas que se han integrado a la nuestra, para potenciarla y darle su especificidad en los valores, comportamientos, visiones del mundo y compromisos históricos. La lucha por la recuperación del Canal y la eliminación del enclave colonial, han constituido el emblema esencial de la lucha de varias generaciones de panameños y panameñas, y la meta fundamental a largo plazo para edificar una nación libre y soberana en todo su territorio.
Hoy cuando la presencia de las tropas norteamericanas en el país llega a su fin y el país está próximo a recibir el Canal, como su legítimo dueño, en virtud de los tratados Torrijos-Carter, nuevas preocupaciones asaltan las mentes de un número importante de personas en Panamá.
En torno al futuro, nos interrogamos ¿Cómo administraremos y aprovecharemos, como país, este inmenso patrimonio representado por el Canal, las tierras e instalaciones de las áreas adyacentes, que recibiremos al concluir este siglo? ¿Cómo le aseguraremos al mundo y a los usuarios, que el Canal seguirá funcionando con estabilidad y marcada eficiencia?¿Cómo lograr una sociedad más integrada e igualitaria, con menos pobreza y marginalidad social? ¿Cómo enfrentar un siglo nuevo que nos plantea desafíos inimaginables en la ciencia, la tecnología y la cultura?.
Estas preguntas nos llevan a pensar que la lucha del pueblo panameño no se agota con la reversión de su Canal y la salida de los militares extranjeros. Como diría Pierre Calame (Misión Possible) "Resulta cada vez más evidente que para construir la paz o la democracia, no basta con firmar tratados, desmovilizar ejércitos, convocar elecciones multipartidistas o modificar las instituciones. Es preciso, sobre todo, cambiar la imagen que tenemos de los demás (y de nosotros mismos) y la actitud que hacia ellos mantenemos, transformar el modo de dirimir los conflictos, tanto individuales como colectivos...". A todo lo anterior podemos agregarle la necesidad de contar, igualmente, con una visión del país que deseamos.
Un cambio de actitud será necesario también para despojarnos de viejos mitos y concepciones dogmáticas sobre el pasado, el presente y el futuro de Panamá. En estas posiciones están quienes piensan que sin la presencia extranjera, la población panameña carecería de las condiciones económicas y de seguridad, para sobrevivir como nación. También están los que culpan al enclave de todos nuestros males, y hacen poco para lograr una explicación y actuación responsable y creativa frente a nuestro propio devenir histórico. ¿Quiénes serán los responsables en el futuro? Nosotros mismos.
Este momento representa un salto importante en la evolución del país. Implica, por lo tanto, revisar las metas y plantearse nuevas estrategias para enfrentar con responsabilidad, optimismo y sabiduría el porvenir. Futuro que no podemos predecir, pero que sí podemos preparar y construir. Que puede ser prometedor y lleno de esperanzas, si lo canalizamos en esa dirección, o puede, por el contrario, ser de angustia y de convulsiones si perdemos esta gran oportunidad histórica.
Sin pretender ser ilusionista, el futuro de esperanzas podemos edificarlo poniendo nuestro interés y empeño en las grandes tareas nacionales, dentro de las cuales pueden identificarse las siguientes:
Administración eficiente del Canal. La responsabilidad que adquiere Panamá ante el mundo, con la vía acuática, no acepta equivocaciones en su manejo. Nos hemos preparado para esta misión y debemos cumplirla sin intromisión política y con capacidad diplomática, gerencial, financiera y tecnológica.
Uso responsable y creativo de los bienes y áreas revertidas. Pocos países en el mundo recibirán un patrimonio junto, tan cuantioso, como Panamá. La misión intransferible, es convertir este recurso en un factor dinamizador de un modelo de desarrollo más humano y sostenible.
Modernizar la educación de toda la población. Sin una educación democrática y de calidad es imposible pensar en un desarrollo integral del país. Alfabetizar a toda la población, elevar el nivel educativo de toda la niñez y la juventud, con sentido de identidad nacional y los valores ciudadanos indispensables, es el reto fundamental. Impulsar la Estrategia de Modernización Educativa, con las revisiones y actualizaciones indispensables, daría una señal positiva que estamos preparando nuestra población para asumir las responsabilidades del futuro.
Mejorar la formación del recurso humano. El porvenir del país dependerá en gran medida de los hombres y mujeres que seamos capaces de formar. Ninguna acción tiene un efecto más duradero en el desarrollo que la formación de los recursos humanos. Los cambios en la sociedad y el mundo obligan a desarrollar nuevas competencias técnicas y profesionales, y por lo tanto, a repensar las carreras y cursos, sus contenidos y estrategias didácticas, que ofrecen las instituciones de educación superior, la formación profesional y las propias empresas.
Estimular la ciencia y la tecnología. El conocimiento emerge como el factor esencial para incrementar la productividad, la competitividad y el desarrollo en el mundo moderno. Esto plantea dedicar una atención especial al fomento de la investigación, a la formación de investigadores, a la generación y aplicación de nuevas tecnologías y al desarrollo de la innovación. Una contribución efectiva a este objetivo podrá lograrse con el respaldo que se ofrezca a la SENACYT, la Ciudad del Saber y las universidades, como partes esenciales del sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación en el país.
Ampliar y perfeccionar la democracia panameña. Una sociedad mejor es posible cuando todas las personas tengan iguales oportunidades de participar en el diseño del futuro. El estilo de vida democrática no sólo se logra teniendo más partidos políticos y más elecciones, sino cuando los ciudadanos y ciudadanas tengan oportunidades y cuenten con una cultura de participación en el debate y solución de los problemas que les afectan y en la vida política, económica, social y cultural del país. Esto implica, entre otras tareas, pasar por partidos electoralistas demagógicos a partidos y organizaciones realmente democráticas y participativas.
Reducir la pobreza, el desempleo y la marginalidad : El proyecto de una nueva sociedad tiene que ser sustentado indeclinablemente, en mejorar las condiciones de vida de la población, particularmente de aquella sometida a los rigores del hambre, el desempleo y la falta de salud. Enfrentar con voluntad el avance de la drogadicción, la delincuencia y la violencia, debe ser un compromiso que se asuma sin dilación. Se debe cerrar la brecha de la desigualdad en favor de unos pocos y abrir el círculo de bienestar para toda la población.
Contar con una estrategia de desarrollo nacional a largo plazo. Todo cambio requiere dirección. Pobre del capitán de navío que desconoce su destino, reza un refrán español. Diseñar un plan con metas y estrategias claras, ampliamente difundidas y compartidas por los diversos sectores de la vida nacional, es el marco de la definición del futuro que deseamos construir y vivir. Este plan debe ser concertado y, por lo tanto, respetado en su ejecución. Es imposible avanzar mirando siempre el pasado y dividiendo el país de acuerdo a los intereses personales y de los partidos políticos en pugna.
Es importante infundir esperanza en el mañana. No la esperanza pasiva y resignada. Si no la esperanza en los cambios para una sociedad más justa y mejor. El futuro puede ser nuestro, si así como en el pasado, estamos dispuestos a forjarlo, guiados por un sueño común.

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