Día de descanso (I)
Publicado 2003/04/25 23:00:00
- Enrique Lowinger
En Israel, país del Medio Oriente, la inactividad comercial durante el séptimo día de la semana, más que tradición bíblica, es la ley. La legislación de este Estado está, en parte, fundamentada en el judaísmo y, según esta religión, este día de descanso representa el séptimo día de La Creación. Además, uno de Los Diez Mandamientos es “respetarás el Shabat” (sábado en hebreo). De acuerdo a la Biblia, el Ser Supremo creó el mundo en seis días y descansó en el séptimo. Pero si este Creador es un ser Todopoderoso y sin límites; es decir, incansable, sería una contradicción pensar que El “descansó”. Además, ¿para qué descansar como si al día siguiente otro mundo debiese ser creado? ¿Acaso este mismo Ser necesita precisamente seis días y no cinco o un segundo para crear el Universo? ¿Cómo pudieron existir “días” en la Creación, si el sol y la luna fueron creados en el tercer “día”?
La semana israelí transcurre normalmente así: desde el “primer día”, correspondiente al domingo, hasta el quinto día o jueves se trabaja normalmente; el viernes, el sexto día, se trabaja parcialmente, el comercio incrementa sus ventas y la mayoría de nosotros contamos las horas de luz solar para organizarnos y prepararnos para la sagrada cena de “Shabat” junto a la familia y amigos. (En el calendario judío los días comienzan al anochecer.) Ya al salir la luna del viernes, casi todo comercio ha cerrado sus puertas y sólo servicios esenciales permanecen activos, en actividad mínima.
No todos están sujetos a esta ley, pues lugares de esparcimiento como restaurantes, discotecas y cines abren viernes y sábados con permisos especiales. También urbes con población árabe están exentas de esta norma. Así, la actividad comercial de la mayoría de los israelíes se concentra los viernes por la mañana y sábados por la noche. Esto nos limita mucho en el tiempo que nos queda para realizar ciertas actividades básicas: con el sol del viernes nos dedicamos a los quehaceres de la casa. Con caras tensas y cansadas de cinco días de trabajo, la urbe se llena de desesperados, quienes hacen sus compras antes del cierre de las tiendas a eso de las tres de la tarde. Con la luna del sábado, en contraste, después de haber dormido hasta tarde y comido agradablemente, nos dedicamos a ir a centros de recreación y de comercio ya más relajados.
Las caras y los movimientos corporales de las masas se caracterizan por un relajamiento extremo y una sensación de satisfacción por el hecho de que por 24 horas reinó una tranquilidad y paz colectiva y general inexistente durante la congestionada semana de trabajo. Tampoco funciona el transporte público de forma normal, lo que ayuda al relajamiento de las calles y motiva al público en general a salir sin tráfico. El obvio problema de esto es que aquellos sin vehículo privado no pueden gozar de este privilegio (sale caro tomar taxi) y este punto todavía se encuentra en debate entre los distintos segmentos de la sociedad. Así, el pueblo israelí disfruta de su divina semana. Este es un modelo difícil de entender para alguien que está acostumbrado a tener acceso a bienes comerciales de forma continua durante casi todo el año.
Panamá podría legislarse de forma similar, contando que el descanso sea mejor aprovechado, no expandido y no desperdiciado, pero más productivo.
(continuará en segunda entrega la semana próxima.
(Lowinger@bezeqint.net)
La semana israelí transcurre normalmente así: desde el “primer día”, correspondiente al domingo, hasta el quinto día o jueves se trabaja normalmente; el viernes, el sexto día, se trabaja parcialmente, el comercio incrementa sus ventas y la mayoría de nosotros contamos las horas de luz solar para organizarnos y prepararnos para la sagrada cena de “Shabat” junto a la familia y amigos. (En el calendario judío los días comienzan al anochecer.) Ya al salir la luna del viernes, casi todo comercio ha cerrado sus puertas y sólo servicios esenciales permanecen activos, en actividad mínima.
No todos están sujetos a esta ley, pues lugares de esparcimiento como restaurantes, discotecas y cines abren viernes y sábados con permisos especiales. También urbes con población árabe están exentas de esta norma. Así, la actividad comercial de la mayoría de los israelíes se concentra los viernes por la mañana y sábados por la noche. Esto nos limita mucho en el tiempo que nos queda para realizar ciertas actividades básicas: con el sol del viernes nos dedicamos a los quehaceres de la casa. Con caras tensas y cansadas de cinco días de trabajo, la urbe se llena de desesperados, quienes hacen sus compras antes del cierre de las tiendas a eso de las tres de la tarde. Con la luna del sábado, en contraste, después de haber dormido hasta tarde y comido agradablemente, nos dedicamos a ir a centros de recreación y de comercio ya más relajados.
Las caras y los movimientos corporales de las masas se caracterizan por un relajamiento extremo y una sensación de satisfacción por el hecho de que por 24 horas reinó una tranquilidad y paz colectiva y general inexistente durante la congestionada semana de trabajo. Tampoco funciona el transporte público de forma normal, lo que ayuda al relajamiento de las calles y motiva al público en general a salir sin tráfico. El obvio problema de esto es que aquellos sin vehículo privado no pueden gozar de este privilegio (sale caro tomar taxi) y este punto todavía se encuentra en debate entre los distintos segmentos de la sociedad. Así, el pueblo israelí disfruta de su divina semana. Este es un modelo difícil de entender para alguien que está acostumbrado a tener acceso a bienes comerciales de forma continua durante casi todo el año.
Panamá podría legislarse de forma similar, contando que el descanso sea mejor aprovechado, no expandido y no desperdiciado, pero más productivo.
(continuará en segunda entrega la semana próxima.
(Lowinger@bezeqint.net)

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