Educación sexual sin valores: condena hacia el fracaso
- Silvio Guerras Morales
Quienes opinan lo contrario olvidan o soslayan que esas “miserias” no son más que el producto de seres que han crecido sin valores.
Todo realismo, su incursión en la vida del hombre, que proyecte reformas de hechos, circunstancias y otros aspectos del ser humano, que se divorcie del idealismo, está condenado al fracaso por omisión de los valores y de la espiritualidad del hombre. Un realismo que pretenda primar sobre el idealismo deviene en absurdo, pusilánime, pues persigue, sin ambages, regular o entrometerse en la conducta del ser humano con el propósito de normar o regular sus inclinaciones, instintos, comportamientos, etc., pero soslayando, omitiendo, insisto, de modo imperdonable, que primero hay que alimentar la esfera espiritual del ser humano para que este pueda tener noción, comprensión cabal, en fin, de qué se quiere hacer o construir para su propio bien.
Quienes opinan lo contrario, renunciando a los valores, a la ética, a la cultura, etc., y promover programas, planes, diciendo que enfrentan la cruda realidad y las miserias propias del ser humano, olvidan o soslayan que esas “miserias” no son más que el producto de seres que han crecido sin valores, sin principios y reglas de vida o que, en menor o mayor medida, han tenido que enfrentarse a un mundo que les niega el derecho a ser “personas” y que los ha marginado del progreso y de la prosperidad propia a la que tiene derecho todo ser humano.
Un mundo en donde el egoísmo perverso, el canibalismo troglodita de los que más tienen sobre los que nada tienen o poco poseen demuestra que la pobreza y la miseria de nuestra América india sigue postrada en un fango de dimensiones horrorosas.
Luego, ¿cómo podemos entender un programa de educación sexual que se promueve argumentando que hay que entender la realidad de nuestras muchachas, adolescentes embarazadas, de una educación sexual hasta el momento inexistente y que nada dice de esa misma realidad, al margen de esa dimensión anímica, espiritual y que pernocta en un sueño de hambre y de desaciertos, incertidumbres, sin metas ni proyecciones hacia el mañana?
Educa al niño y no castigarás al hombre, reza el aforismo. La Biblia dice: “Instruye al niño en su camino y aun cuando fuere viejo no se apartara de él”. ¿Qué es lo que queremos de nuestros muchachos? ¿Que no tengan relaciones sexuales, o que no se embaracen las doncellas y que los jovencitos dejen de practicar el sexo prematuramente? ¿De qué estamos hablando?
Entendemos que hay que hacerles frente a estos problemas, serios por cierto, ya que una juventud castrada de sueños y de esperanzas es la patria condenada, por ello es menester encarar la situación. De ello no hay duda, pero --por favor-- lo que no se quiere es alimentar el problema diciéndoles que “usa el condón”, “tomen las pastillas”, “usen preservativos”, porque “se pega el sida o quien sabe que otra cosa”. Así a secas, no hay política ni filosofía de vida. Pienso que en el fondo ese discurso traduce el derrotismo, un derrotismo frustrado, incapaz, traumado, pues entiende que se acepta el estado de cosas y que lo mejor es decirles a los muchachos que deben “prevenir”; pero nadie les dice nada de educarse mejor, que se capaciten, sembrarles valores y principios de vida, de respeto, de amor por sí mismo y por los demás; a la familia, a los hermanos, admiración por la amistad, etc.
Que hay que cultivar las cosas del alma, del espíritu, que quien construye sobre ideas, valores, principios, al decir de Emerson, construye para la eternidad. Que nosotros, los adultos, creemos en ellos, que son ellos y los recipiendarios de la patria y los que habrán de administrar la cosa pública o que desempeñándose en la vida privada todo acto debe estar encaminado a honrar a Dios, a la patria y a la familia, y así ser servidores de la sociedad.
Abogado

Para comentar debes registrarte y completar los datos generales.