El Consejo de Relaciones Exteriores
Publicado 1999/03/05 00:00:00
- Carlos A. RodrÃguez / VÃctor Santos
En el plan de gobierno del Ing. Alberto Vallarino se contempla la creación del Consejo de Relaciones Exteriores.
El Consejo ha existido y dejado de existir periódicamente. Hay gobiernos que le dieron importancia al mismo y otros ninguna. El éxito del Consejo de Relaciones Exteriores está basado en los propósitos o la filosofía de gobierno que tenga el señor Presidente de la República y el Ministro de Relaciones Exteriores.
El Consejo puede constituirse en una gran ayuda o puede que él no sirva para nada, como sucedió con el último que nació y murió sin pena ni gloria. Este Consejo, del cual formé parte, pero la forma como era conducido y orientado, me llevó a renunciar de él a las pocas semanas de haber sido nombrado. Lamentablemente fue un desperdicio del talento de quienes lo constituyeron. Su función fue casi exclusivamente de avalar los actos del Ministerio de Relaciones Exteriores lo que lo hizo totalmente inoperante. No fue un Consejo consultivo que le diera al señor Presidente y al señor Ministro recomendaciones sobre nuestra política internacional. Más bien lo que se buscó fue el que éste compartiera responsabilidades con la Cancillería.
Panamá, como país pequeño, debe contar siempre con una política clara, muy bien definida y con objetivos precisos. En la consistencia de nuestras posiciones debemos imitar a los países que con gran experiencia en las relaciones internacionales han mantenido un liderazgo mundial a través de los años. Las políticas internacionales de estos países no cambian. Ellas están, por lo regular, al margen de quienes sean sus gobernantes. Allí tenemos como nuestra el caso reciente de España y Cuba. Algunos pensaron que al ser desplazado del poder el gobierno socialista de Felipe González por el actual Presidente José María Aznar, se iba a producir un cambio radical en la política española con la isla caribeña. España se mantuvo inalterable con el cambio del gobierno. Suiza es otro caso que nos ilustra mucho. Su política de neutralidad no ha variado por muchos lustros. Suiza ha tenido muchos gobiernos pero su posición internacional ha sido la misma. No pertenece, inclusive, a las Naciones Unidas para ser consecuente con su política de neutralidad, manteniéndose siempre al margen de alianzas o bloques de países.
El caso de las dos Chinas es para nosotros muy interesante y digno de un estudio profundo y, sobre todo, la adopción de una política que resuelva el "status quo" existente. Los países pequeños solo pueden lograr el respeto internacional con políticas definidas, consistentes, basadas en el respeto al derecho y a la moral. La dualidad de nuestras posiciones con las dos Chinas, o como algunos prefieren llamarla, una China con dos sistemas políticos, es moralmente muy criticado. Con Taiwan mantenemos relaciones formales y con la Continental vínculos extraoficiales. No podemos, en este caso, seguir casados con una China y un sistema y mantener a la otra la condición de "querida". Una u otra, pero no la dualidad de hoy.
Un consejo bien constituido, con funciones definidas, prepararía sus recomendaciones en cuanto a las políticas de nuestros países con las otras naciones, de manera muy especial con Estados Unidos. ¿Qué tipo de relación ha de ser ésta después que el Canal y todas sus áreas colindantes pasen al control y plena soberanía de Panamá? Tenemos presente cómo vamos a lograr tener una relación especial con la democracia norteña que ha sido nuestro socio en la colosal obra del Canal por casi un siglo? ¿Tenemos algunos planes concretos para que continúe ese vínculo? Son estas las interrogantes que un buen Consejo ayudarían mucho a definir.
Un presidente y un Ministro de Relaciones Exteriores se enriquecerían con un Consejo que les dé opciones, que les presente alternativas y que les dé recomendaciones de lo que debe ser nuestra política internacional a corto, mediano y largo plazo.
Ese Consejo, me atrevo a sugerir, tendría mayor efectividad y permanencia en sus recomendaciones si estuviera integrado por personas que representen todas las corrientes políticas e ideológicas del país. Debemos recoger las experiencias del pasado y constituir un organismo de consulta que cumpla de manera efectiva los requerimientos de una política internacional de Panamá más consistente y sin zigzagueos perjudiciales.
El Consejo ha existido y dejado de existir periódicamente. Hay gobiernos que le dieron importancia al mismo y otros ninguna. El éxito del Consejo de Relaciones Exteriores está basado en los propósitos o la filosofía de gobierno que tenga el señor Presidente de la República y el Ministro de Relaciones Exteriores.
El Consejo puede constituirse en una gran ayuda o puede que él no sirva para nada, como sucedió con el último que nació y murió sin pena ni gloria. Este Consejo, del cual formé parte, pero la forma como era conducido y orientado, me llevó a renunciar de él a las pocas semanas de haber sido nombrado. Lamentablemente fue un desperdicio del talento de quienes lo constituyeron. Su función fue casi exclusivamente de avalar los actos del Ministerio de Relaciones Exteriores lo que lo hizo totalmente inoperante. No fue un Consejo consultivo que le diera al señor Presidente y al señor Ministro recomendaciones sobre nuestra política internacional. Más bien lo que se buscó fue el que éste compartiera responsabilidades con la Cancillería.
Panamá, como país pequeño, debe contar siempre con una política clara, muy bien definida y con objetivos precisos. En la consistencia de nuestras posiciones debemos imitar a los países que con gran experiencia en las relaciones internacionales han mantenido un liderazgo mundial a través de los años. Las políticas internacionales de estos países no cambian. Ellas están, por lo regular, al margen de quienes sean sus gobernantes. Allí tenemos como nuestra el caso reciente de España y Cuba. Algunos pensaron que al ser desplazado del poder el gobierno socialista de Felipe González por el actual Presidente José María Aznar, se iba a producir un cambio radical en la política española con la isla caribeña. España se mantuvo inalterable con el cambio del gobierno. Suiza es otro caso que nos ilustra mucho. Su política de neutralidad no ha variado por muchos lustros. Suiza ha tenido muchos gobiernos pero su posición internacional ha sido la misma. No pertenece, inclusive, a las Naciones Unidas para ser consecuente con su política de neutralidad, manteniéndose siempre al margen de alianzas o bloques de países.
El caso de las dos Chinas es para nosotros muy interesante y digno de un estudio profundo y, sobre todo, la adopción de una política que resuelva el "status quo" existente. Los países pequeños solo pueden lograr el respeto internacional con políticas definidas, consistentes, basadas en el respeto al derecho y a la moral. La dualidad de nuestras posiciones con las dos Chinas, o como algunos prefieren llamarla, una China con dos sistemas políticos, es moralmente muy criticado. Con Taiwan mantenemos relaciones formales y con la Continental vínculos extraoficiales. No podemos, en este caso, seguir casados con una China y un sistema y mantener a la otra la condición de "querida". Una u otra, pero no la dualidad de hoy.
Un consejo bien constituido, con funciones definidas, prepararía sus recomendaciones en cuanto a las políticas de nuestros países con las otras naciones, de manera muy especial con Estados Unidos. ¿Qué tipo de relación ha de ser ésta después que el Canal y todas sus áreas colindantes pasen al control y plena soberanía de Panamá? Tenemos presente cómo vamos a lograr tener una relación especial con la democracia norteña que ha sido nuestro socio en la colosal obra del Canal por casi un siglo? ¿Tenemos algunos planes concretos para que continúe ese vínculo? Son estas las interrogantes que un buen Consejo ayudarían mucho a definir.
Un presidente y un Ministro de Relaciones Exteriores se enriquecerían con un Consejo que les dé opciones, que les presente alternativas y que les dé recomendaciones de lo que debe ser nuestra política internacional a corto, mediano y largo plazo.
Ese Consejo, me atrevo a sugerir, tendría mayor efectividad y permanencia en sus recomendaciones si estuviera integrado por personas que representen todas las corrientes políticas e ideológicas del país. Debemos recoger las experiencias del pasado y constituir un organismo de consulta que cumpla de manera efectiva los requerimientos de una política internacional de Panamá más consistente y sin zigzagueos perjudiciales.

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