El Dojo Kun del Maestro Gichin Funakoshi
- Rubén D. Collantes G., Ph. D.
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- Investigador, Docente Universitario y Artista Marcial
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En una entrega anterior, se presentaron los 20 preceptos del Karate Do (Niju Kun), propuestos por el Maestro Gichín Funakoshi, fundador del estilo Shotokan, a finales del siglo XIX. Posteriormente, el Maestro Funakoshi condensó estos 20 preceptos en el Lema del Dojo (Dojo Kun), que consta de cinco principios fundamentales, los cuales son declarados como reflexión al finalizar las sesiones de entrenamiento en el dojo, listados a continuación:
- Buscar un carácter perfecto. Como seres imperfectos, la búsqueda de la mejora continua es fundamental para crecer como practicante de artes marciales y, más aún, como ser humano. El carácter se moldea mediante la dedicación, la constancia y el autoexigirse más allá de sus límites. No se compite con otros, se compite con uno mismo para construir y desarrollar su mejor versión.
- Ser leal. Un valor cada vez más escaso en nuestros días, dado que cada quien procura garantizar su bienestar y supervivencia, en algunos casos afectando a otros. No obstante, cualquier bienestar logrado a costa de traicionar los ideales o principios propios o del hogar, no es digno y se debe enmendar toda acción perjudicial. Además, la disciplina del Karate Do es compatible con los preceptos éticos y morales de diversos credos; por lo que, no hay que confundir la tradición que se practica en el dojo con adoración. Simplemente, es muestra de respeto y gratitud hacia el Sensei.
- Esforzarse. El esfuerzo rinde sus frutos con el tiempo. No todos los que escogen practicar Karate Do lo hacen con la mentalidad de ser atletas olímpicos o ganar trofeos y competiciones. Muchos lo hacen con la idea de aprender a defenderse, fortalecerse física, mental y espiritualmente. Dicho esto, no es conveniente comparar el progreso de uno mismo con respecto a los demás, porque cada persona tiene cualidades diferentes y, bajo la óptica del Maestro Funakoshi, todos pueden practicar Karate Do en cualquier momento y lugar, sin importar la edad, género o condición física previa.
- Respetar a los demás. El respeto es la base para una sana convivencia en sociedad. Karate comienza y termina con respeto, porque la libertad de una persona empieza consigo misma y termina donde comienza la del otro. Por tanto, el respeto se debe practicar como parte de la cultura y modales que como miembros útiles de una sociedad necesitamos, procurando ser cada vez mejor. Así mismo, ser mejor persona implica haber atendido los tres preceptos anteriores, haberlos puesto en práctica de modo diligente para continuar avanzando.
- Abstenerse de la violencia. Este quizás es el precepto más difícil de aplicar, a simple vista. Aquellos que miran en el Karate Do la enseñanza de técnicas de golpes y patadas con potencial de hacer daño, no comprenden la esencia misma del arte marcial. Los practicantes nos sometemos a entrenamientos rigurosos para poder mejorar el umbral de tolerancia a la presión física, mental y emocional. Adicionalmente, todos los verdaderos Maestros siempre han sostenido que no hay primer ataque en Karate Do, pero se debe lograr la capacidad de neutralizar al oponente de modo inmediato con un contraataque, a fin de preservar la integridad propia y de quienes protegemos.
- Si bien estos cinco principios comprendidos en el Lema del Dojo del Maestro Funakoshi condensan de manera eficaz la filosofía del Karate Do, es necesario comprender que los mismos se nutren del Budismo Zen, Confucionismo, Sintoísmo y Taoísmo; credos ajenos para la cultura de muchas naciones que no son asiáticas. Por otro lado, lamentablemente siempre habrá personas que pondrán a prueba la paciencia y tolerancia del karateka, más aún al atentar contra su honra o integridad, sin motivo aparente o con supuestas justificaciones. Ante esto, vale recordar que el honor también es un valor muy preciado en la filosofía del Karate Do, por lo que antes de caer frente a provocaciones, es necesario recordar estos principios éticos y morales y comprender que no hay mayor deshonra que la que uno mismo puede provocarse por una mala decisión o acción. ¡Oss!

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