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Opinión / El juzgamiento de Jesús: Las miserias de un proceso plagado de abrupta perversión. ¡Jesús es real y existe, es Dios!

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Panamá América Panamá América Domingo 05 de Abril de 2026
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opinión

Panamá

El juzgamiento de Jesús: Las miserias de un proceso plagado de abrupta perversión. ¡Jesús es real y existe, es Dios!

Actualizado 2026/04/03 09:46:29
  • Silvio Guerra Morales
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Libros, tomos, han sido escrito sobre el Juicio de Jesucristo y las fuentes son tan ricas y abundantes que en este espacio solo podemos referirnos a la cuestiones más elementales. Para poner un ejemplo, el orden jurídico penal romano era muy rico en conceptos e instituciones, además de estar constantemente en evolución y desarrollo, pues los emperadores o césares tendían a modificarlo constantemente a través de los Edictos del Emperador.


    En lo que respecta al orden jurídico penal del pueblo hebreo, es menester precisar que las condenas de pena de muerte tenían la gran limitante de que no podrían ejecutarla, dado que a través de la Lex Iulia, aún las provincias (palabra que significa campo conquistado) subordinadas o sujetas al Imperio, dentro de las cuales se encontraban Galilea y Judea, toda sentencia que implica una pena de muerte tenía, por mandato legal romano, que ser autorizada su ejecución por el praefectus o pretor romano y que a la época en que Jesús es juzgado, ejercía tal cargo el militar LUCIO PONCIO PILATUS, esposo de CLAUDIA PROCULA, nieta del Emperador Augusto.
    

Es ésta, dicho sea de paso, quien le advierte a Pilatos que deje al Justo, que lo suelte, pues ha padecido mucho en sueños por causa de él” (Mateo 27:19). Claro mensaje, a través de sueños, puestos por Dios Padre en la mente de la esposa de Pilatos. Dicen los autores que se trataba de un sueño que vaticinaba la inocencia plena de Jesús “Un hombre justo” y, en consecuencia, impedía su condena a muerte. La misma naturaleza, al exhalar Jesús su último respiro, y diciendo Consumatum est (Consumado es), gimió con grandes truenos, relámpagos, se rasgó el velo del templo, signo de la Nueva Alianza, el Nuevo Pacto, entre Dios y los hombres. Todo a través de Jesucristo.
  

 Jesús predicó, sin entrar en diatribas de si realmente fueron tres años o menos, públicamente, el mensaje redentor de Dios para la humanidad y de la Salvación a través de Él. Categóricamente dijo: “Nadie viene al Padre sino es por mi” y, públicamente, también expresó ser el Hijo del Dios viviente. Todas estas declaraciones y otras: el Verbo de Dios hecho carne; Yo soy el Pan de Vida, el agua viva que sacia la sed espiritual del ser humano (El que de mi bebiere y comiere nunca más tendrá hambre ni sed); el único que nos puede llevar a la salvación de la perdición eterna y al paraíso celestial; el único que puede perdonar pecados al hombre, liberar de la influencia de Satán y echar demonios fuera, resucitar al muerto (Caso paradigmático de Lázaro), echar a los mercaderes del Templo: “Pues la casa de mi padre casa de oración será llamada”; en las bodas de Canaán convertir el agua en vino de la mejor exquisitez; en fin, innumerables situaciones y actos, públicos todos ellos, hicieron que la más alta institución judía o hebrea, de juzgamientos, esto es el Gran Sanedrín empezara a temblar de pánico tan solo en considerar que ellos mismos eran desnudados, escribas y fariseos, en sus miserias y falsa reputación, manifiesta hipocresía de los hombres.
    

Por ello el Gran Sanedrín, integrado por 70 ancianos, ilustres y de enorme reputación, conocedores versados de la Ley de Moisés plasmada en los Cinco Libros del Pentateuco (Génesis, Éxodo, Números, Levítico y Deuteronomio), principal instrumento religioso y jurídicos que los regía, conjuntamente con las sentencias célebres dictadas por ellos mismos, las prácticas y los precedentes consuetudinarios inspirados también en la Ley Mosaica, desataron la gran persecución en contra de quien decía y sostenía ser el hijo de Dios, el Mesías prometido, el Salvador esperado. Los profetas mayores, en el Antiguo Testamento, ya lo había profetizado, sobre todo el Profeta Isaías (Isaías 53: 3-10): “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones; molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
    

Con falsos testigos, sin decir a Jesús cuál era el cargo, violando el principio de diurnidad (Todo juzgamiento tenía que hacerse en el día antes de ocultarse el sol y Jesús fue interrogado de noche, luego de su ilegal arresto, por Anás, suegro de José Caifás, quien no tenía ningún cargo en el Sanedrín. Se violó toda imparcialidad e independencia, amén de la usurpación del caro y de las funciones. Se trató, realmente, ante el Sanedrín, de un juicio totalmente ilegal. Anás estaba furioso contra Jesús, pues habiendo el Señor echado a los mercaderes del templo, éste y tantos otros, vio afectados sus ingresos y de los cuales había amasado grandes fortunas.
    

Violaron el principio de que todo testigo falso se hace acreedor de la misma pena que le habría de corresponder al acusado de haber sido encontrado culpable. Con los falsos testigos con que condenó el Sanedrín a Jesús nada pasó, prueba evidente de que eran urdidos y tramados por el propio Sanedrín y su Presidente José Caifás.
    

Del mismo modo, en lo que toca al juzgamiento ante el Sanedrín, se violó el principio de publicidad del juzgamiento, pues todo juicio tenía que hacerse en la plaza pública, transparente, a la luz del día. No tuvo quien lo defendiera, quien abogara por él. Pues las leyes del pueblo hebreo consagraban el derecho del acusado a ser representado, por sí mismo o por un judío designado por éste o que se ofreciera a defenderlo. No hubo cargo o delito concreto conforme al derecho criminal hebreo. Todo fue un plan de persecución urdida, macabro, en contra de Jesús.
    

Como no podían ejecutar la pena de muerte dictada en contra de Jesús, viene la segunda etapa del juicio: ser presentado Jesús ante el pretor Lucio Poncio Pilatus. Éste juega a la política, a sus propios intereses. Primero declina la competencia, pues alega que corresponde el conocer del juicio a Herodes Antipas, gobernador de Galilea, argumentando que siendo Jesús galileo de nacimiento, ello era de la competencia de su par en Galilea. Herodes Antipas se mofa y burla de Jesús, lo tiene por loco, se niega a juzgarlo. Lo devuelve vestido con túnicas blancas.
    

Ya ante Pilatos, éste se congracia con la muchedumbre clamorosa del constante grito y pedido de “Crucifícale”. Manda a azotar a Jesús. En realidad, Jesús fue flagelado. Se permitían máximo 40 azotes, por ley. Sin embargo, los análisis médicos forenses, de los expertos, en el sudario de Cristo, dan prueba de que fueron más de 200 azotes (Los azotes eran propinados con látigos de flagelación romana que terminaban en una bola con puntas de hierro que arrancaban la carne del cuerpo del flagelado) que le propinaron al Maestro. Científicamente, imposible que sobreviviera. Pero Jesús cargó la cruz y ya en un punto del camino, en el viacrucis, llaman a Simón de Cirene para que concluyera el proyecto.
    

Jesús fue crucificado por el delito de sedición. Conforme a la Ley Iulia de Imperii, delito inexistente en la acusación. Pero Caifás utilizó el argumento de que haciéndose llamar Rey de los Judíos, Cristo subvertía el orden del Imperio y desafiaba al César. Pilatos entiende la jugada política y entrega al Hijo de Dios, al Dios hecho hombre, y complace el pedido popular de que fuera entregado a la muerte por crucifixión en la cruz del calvario, en el monte Gólgota. Ley de Roma era poner el título por el que se condenaba a muerte: Por ello, autoría del propio Pilato, el acrónimo INRI (Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum-Jesús Nazareno Rey de los Judíos).
    

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El Juicio de Jesús, ni antes ni después, podrá ser comparado ante ningún otro, en lo mínimo, con su muerte y crucifixión. Probó, con hechos y milagros, ser el Hijo de Dios. Probó, con hechos y actos concretos, ser el Salvador de la humanidad. La pantomima de justicia aplicada a Jesús recoge nuestra propia miseria, como humanos y como juzgadores. Nuestra justicia es vil, miserable e inmunda.
    

¿Tenía que darse todo como se dio?. Sí y no. Sí, rotundamente, porque era el Plan de Dios y Dios, omnisciente y omnipresente, sempiterno, tenía el plan para la salvación de la humanidad, de todo pecador: Jesús resucitado, vencedor de la muerte y de todo mal y enfermedad. No, porque el libre albedrío en todo hombre, así dado por Dios, nos facultad a decidir y dirigir nuestras pensamientos y actos. Somos culpables de brutalidad, violencia extrema, castigos inhumanos, torpeza e irracionalidad en el juzgamiento del Hijo de Dios.      Miles de miles siguieron a Jesús. No se fueron tras Caifás ni tras Pilato. Hoy, millones y millones en todo el mundo somos seguidores de Jesús. Solo Jesús puede librarnos del mal y de la perdición eterna. Cristo, con su muerte y resurrección, dio inicio a una nueva gran era para la humanidad: El mundo de la redención cristiana. ¡Dios bendiga a la Patria!. Publicado el 04/15 de 2022-El Periódico de Panamá.
  

 La distinguida periodista Carmen Guevara Cruz en fecha de 01 de abril de 2024, en el Semanario La Universidad, Universidad de Panamá,  analizó el artículo ut supra, haciendo las siguientes adiciones y calificaciones: “Ningún cargo formulado o imputado a Cristo le fue probado; los mismos no hacían tránsito a delito, menos los hechos que invocaban. No había relación o referencia a violación de norma jurídica alguna” ( Silvio Guerra).
    

En esta semana de conmemoración religiosa es válido citar un análisis sobre los hechos y normas jurídicas de la época, en relación con el proceso y juicio a Jesús. Se trata de un escrito publicado en redes sociales, autoría del profesor de Derecho Procesal Penal en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá, Silvio Guerra y reproducido por el diario Crítica, fechado 15 de abril de 2022.
    

Desde la perspectiva jurídica, el letrado se refiere a los fundamentos de las normas actuales del derecho procesal que se conoce en la actualidad, Guerra prefiere contextualizar lo consignado en las normas jurídicas penales y judiciales que regían en la época de Jesús; la pasión sufrida y su muerte mediante crucifixión en la cruz, precedida por la más horrenda y despiadada flagelación humana.
    

El análisis lo hace basado en las normas jurídicas que fundamentaban el juzgamiento en el pueblo de Israel y en la provincia de Judea, que estaba bajo el dominio del emperador Tiberio Julio César.
    

El análisis realizado por Guerra presenta al lector las herramientas o fuentes que ayudan una aproximación a la realidad y enumera las siguientes conclusiones:

La Biblia, la principal fuente de referencia, es irrefutable e incontrovertible. Recoge los hechos de lo que realmente aconteció, con una descripción de tal claridad y objetividad que es lo suficientemente ilustrativa de la flagelación y crucifixión. Los hechos de los apóstoles, plasmados en los Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan, dan fe de ello y en estas verdades no se presentan contradicciones, ya que del testimonio de los apóstoles se evidencian una coherencia y armonía de tal magnitud que ilustran sobre lo acontecido en este juicio a Dios.

El Derecho Mosaico o hebreo: Recordar que fue el Gran Sanedrín, compuesto por 70 miembros, ancianos, ilustrísimas personas que dominaban los cánones y preceptos de la ley de Moisés, dirigidos en ese año del juzgamiento al Señor, por el Sumo Sacerdote, Caifás, yerno de Anás. Israel era una nación sometida al Imperio Romano y las autoridades del Sanedrín, religiosos todo ellos, mantenían un cierto grado de autonomía local. Roma era la que en materia de juzgamiento tenía la última palabra. 

El Derecho Romano: Indispensable para poder comprender la intervención, en el juzgamiento de Jesús por el gobernador de Judea, Lucio Poncio Pilatos, alude a la importancia de entender por qué Jesús fue llevado, luego de ser juzgado por el Sanedrín, ante la justicia romana, representada por el praefectus romano en Judea.

Todos los poderes terrenos, seculares (religiosos y políticos), se aliaron, entraron en contubernio, para condenar al Justo, al hijo de Dios.
  

 Como  humanidad no fuimos capaces de distinguir al Justo, al real y efectivo Hijo de Dios, el Creador de todas las cosas y de nosotros mismos. El Domingo de Ramos anuncia el inicio de la Semana Santa. El Juicio de Dios pone en evidencia que la justicia humana es defectuosa y está afectada de ser miserable, imperfecta, injusta, y que lejos de enaltecer a la verdad y a la justicia como tales, se arrastra en el fango de sus propias miserias y malquerencias.
  

 Como dijo Prieto y Prieto en 1943, En Revista General de Legislación y Jurisprudencia, 1953; Tomo XXVI, página 594 en su ensayo sobre el Juicio a Jesucristo al que tituló con el nombre de: ¿Fue Ilegal el proceso de Cristo?: “No hubo norma procesal sin violar; la ley penal con oportunidad aducida ni hecho probado con suficiencia”.
  

 Ningún cargo formulado o imputado a Cristo le fue probado; los mismos no hacían tránsito a delito, menos los hechos que invocaban.
    

No había relación o referencia a violación de norma jurídica alguna.
    

Finaliza el jurisconsulto, “que el Juicio de Jesucristo, si bien es cierto, concluyó con la pena de muerte por crucifixión, la más ignominiosa y humillante de la época, representa, a mi modo de ver las cosas, el propio auto juzgamiento a la humanidad, la manifestación de nuestras propias miserias y egoísmos, porque si no fuimos capaz de respetar las normas jurídicas del juicio para el hijo de Dios, que no tenía motivos ni razón de ser, menos seremos capaces de respetarlas para nosotros mismos”.
    

En otro artículo de opinión, publicado el 02/04/2021, intitulado Cristo Resucitado: El Mega Paradigma de la Historia, concluí diciendo: “Cristo, inmaculado e inmarcesible, puro y santo, sin manchas ni pecado alguno en Él, tiene la voz y la autoridad como Dios que es para reivindicarnos en medios de teorías e hipótesis ideologizantes, seculares, mundanales y hasta infernales, que persiguen, a veces hasta con furia, destruir los atributos de Dios en el hombre y tuercen las verdades de Cristo con intentos perversos de desafiar al mismo Señor del Monte Gólgota, el Todopoderoso Jesús,  con acciones y actitudes contrarias a la obediencia a Cristo.  Hoy, los cristianos, tenemos el deber, la obligación de abogar por nuestra Fe, defenderla a toda costa e imponernos frente a quienes desafían los mandamientos de Cristo en aras de imponer los suyos”. ¡Dios bendiga a la Patria!


 

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