El mensaje cristiano y las mujeres
- Teresita Yaniz de Arias
La vida de las mujeres en la época de Jesús estaba claramente reglamentada en todos los ámbitos. Reducidas a la esfera doméstica, sus roles tradicionales de hijas, esposas y madres imponían severas limitaciones a cualquier quehacer fuera de la casa y, por consiguiente, su participación en la vida política, social y religiosa era casi nula.
Las niñas pasaban de la tutela paterna a la del marido a partir de los doce años. El contrato matrimonial establecía las compensaciones que recibirían en caso de divorcio o viudez, pero durante el matrimonio los maridos eran los usufructuarios de la dote y tenían el derecho de repudiarlas alegando impudicias o simple desagrado. De la indefensión de las viudas hay abundantes referencias en los textos bíblicos.
La impureza ritual de las mujeres incluía el período menstrual y cualquier otro en que tuvieran flujo de sangre, además de los cuarenta días después del parto si tenía un hijo o los ochenta si era una hija con lo cual se limitaba su participación religiosa aunque se les encargaba del cumplimiento de las normas alimenticias e higiénicas, tanto en la preparación de la comida como en las prácticas funerarias. Las mujeres no tenían obligación de recibir instrucción religiosa, ni de participar en las peregrinaciones al Templo, ni de asistir a las reuniones en las sinagogas; no podían ser llamadas a leer la Toráh, ni ser tomadas en cuenta a la hora de formar el quórum o minyan para iniciar las oraciones
Para los hombres y mujeres que seguían a Jesús, la ruptura con el ritualismo y la observancia minuciosa dio paso a una nueva forma de relacionarse con Dios y con el prójimo. Dios ??"nos revela Jesús- es Padre de todos sin exclusión y llama por igual a hombres y mujeres, a justos y a pecadores. Tanto lo que estipula la Ley como lo que proclamaron los profetas queda resumido en un mandato fundamental: "Amarás a Dios con todo tu corazón y con todas tus fuerzas y al prójimo como a ti mismo".
El mensaje salvador y liberador de Jesús encontró en las mujeres una acogida inusitada, tal como lo revelan los textos evangélicos. En ellos, desde el comienzo, la aceptación y la entrega de María, su madre, ponen de relieve una particular relación de amor, respeto y colaboración entre Jesús y las mujeres, interlocutoras respetadas en diálogos cuya ternura y profundidad han trascendido hasta nosotros en el encuentro con la samaritana, la amistad con Marta y María, el perdón de la adúltera y, de manera especial, el privilegio de ser las primeras testigos de la resurrección.
Dos mil años después las mujeres seguimos encontrando en las palabras del Evangelio la inspiración para renovar nuestra fe, que libera de ataduras y prejuicios, esperar el fin de la discriminación, tanto en la sociedad como en la iglesia, y renovar la esperanza en la fuerza del amor.

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