Panamá
El nuevo ADN organizacional: La empresa que no se reinventa, se vuelve irrelevante
- Julio Giraut
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- Socio Senior de McKinsey Panamá
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Por años, las organizaciones pudieron optimizar dentro de marcos relativamente estables, gracias a economías pujantes y órdenes globales consolidados. Ese mundo terminó. Hoy, empresas, instituciones y fondos operan en un entorno donde la disrupción es continua y estructural.
El reporte The State of Organizations 2026 de McKinsey deja claro que tres fuerzas tectónicas están remodelando la forma en que las organizaciones crean valor y sostienen el rendimiento en el largo plazo. La primera es la aceleración tecnológica, encabezada por la inteligencia artificial. La segunda es la fragmentación económica y geopolítica. La tercera proviene de cambios profundos en la fuerza laboral. Estas fuerzas no actúan de manera aislada, sino que se refuerzan mutuamente, obligando a los líderes a replantear estructuras, procesos y modelos de liderazgo con una urgencia inédita.
El dato más revelador del estudio resume el momento actual. Aunque poco más de la mitad de los líderes espera impactos positivos en el corto plazo, el 72% reconoce que sus organizaciones no están plenamente preparadas para lo que viene. La brecha entre ambición y preparación es hoy uno de los mayores riesgos estratégicos.
Ante este escenario, Panamá avanza con paso firme. El ejemplo más reciente fue el Foro “Panamá es Innovación 2025”, celebrado en octubre pasado, donde se presentaron sendos avances en política industrial, formación técnica del talento y la adopción de la IA aplicada a distintos sectores. Otro ejemplo es la llegada de la red 5G al país el año pasado, tras seis meses de pruebas y ejecuciones de pilotos comerciales en sectores como retail, logística, educación y vigilancia mejorada. Todo indica que las empresas panameñas estarán a la vanguardia… pero el camino sigue siendo largo. ¿Qué factores tendrán el mayor peso de aquí en adelante para no ser irrelevantes en la carrera?
Transformaciones que redefinen la organización
El informe de McKinsey identifica nueve cambios clave que están redibujando el funcionamiento organizacional. Tres de ellos, ligados a la disrupción tecnológica, concentran el mayor potencial de creación de valor.
El primero es la construcción de la organización habilitada por IA. Aunque el 88% de las empresas ya experimenta con inteligencia artificial, el 81% aún no observa impactos relevantes en el resultado financiero. El problema radica en la adopción fragmentada: menos del 20% de las compañías que han intentado implementarla han visto efectos tangibles en su rentabilidad.
El segundo cambio es la colaboración entre humanos y agentes de IA. Aquí emerge una nueva arquitectura del trabajo. El 55% de los líderes considera que desarrollar capacidades de IA en la fuerza laboral generará ganancias exponenciales de productividad. Sin embargo, en el corto plazo predomina la cautela. El 53% espera que la IA actúe principalmente como herramienta de apoyo y sólo una cuarta parte anticipa agentes autónomos en el horizonte inmediato.
El tercer frente tecnológico es la reinvención de los servicios compartidos. El 84% de las organizaciones planea ampliar el alcance de estos centros en los próximos dos años, aunque más del 40% todavía no inicia una adopción tecnológica sistemática. El modelo evoluciona desde hubs transaccionales hacia centros globales de servicios impulsados por IA que orquestan trabajo de punta a punta.
Productividad, foco estratégico y simplicidad operativa
Más allá de la tecnología, entre los líderes persiste un problema de complejidad organizacional. Dos tercios de los líderes consideran que sus organizaciones son excesivamente complejas e ineficientes, y la respuesta ya no pasa por rediseños estructurales tradicionales, cuyos rendimientos están disminuyendo. La nueva frontera de productividad implica pasar de la estructura al flujo de trabajo. Simplificar procesos, eliminar duplicaciones y automatizar decisiones se vuelve más relevante que reorganizar organigramas.
En paralelo, emerge la necesidad de un enfoque más disciplinado en la asignación de recursos. Apenas el 30% de las organizaciones reasigna capital y talento de forma dinámica en toda la empresa. Esto limita la capacidad de concentrarse en las verdaderas palancas de valor.
El reto de desempeño también tiene una dimensión humana. Menos del 25% de las organizaciones logra mejoras sostenidas en su impacto, y sólo el 20% de los líderes reconoce el poder de los incentivos no financieros para impulsar rendimiento. La ventaja competitiva futura dependerá de combinar disciplina operativa con una gestión más sofisticada del capital humano.
La organización como sistema de cambio continuo
Quizá el giro conceptual más importante del informe es tratar el cambio como capacidad permanente. Las organizaciones que prosperan institucionalizan la experimentación, alinean métricas con resultados de negocio y desarrollan un músculo interno de transformación continua.
Esto es crítico porque la velocidad tecnológica, en especial la de la IA, está acelerando la reorganización del trabajo y la creación de valor. Por lo tanto, el liderazgo también evoluciona. Por eso, el 30% de ellos cree que su organización puede ajustarse rápidamente al cambio frente a sólo el 17% de los líderes menos reflexivos.
Una agenda clara para América Latina
Las organizaciones que ganen en este nuevo ciclo serán aquellas que avancen simultáneamente en los tres frentes. Me refiero a reimaginar el trabajo con IA en el núcleo, simplificar radicalmente sus operaciones, y construir una capacidad institucional de transformación continua.
La fuerza tectónica organizacional ya se está moviendo. Queda la pregunta: ¿Qué tan rápido serán las empresas para cambiar sus estrategias? Está por verse.

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