El pequeño Andrés Guardado
José Andrés Guardado Hernández es un jugador profesional de fútbol, de nacionalidad mexicana, que milita en el fútbol europeo de...
Guillermo Antonio Ruiz Q. /Ingeniero de sistemas. Analista político.
José Andrés Guardado Hernández es un jugador profesional de fútbol, de nacionalidad mexicana, que milita en el fútbol europeo de primera división. Además, es miembro y capitán de la selección absoluta de su país. En resumen, es un profesional de su rama con gran experiencia y reconocimiento internacional. Como tal, conoce las cosas buenas y malas de su entorno.
Como todos sabemos, la semana pasada el mundo fue testigo de la forma como, una vez más, diversas actuaciones arbitrales y según la federación local, la participación de seres oscuros no identificados, movieron las cosas dentro de unos partidos de fútbol para favorecer a la selección mexicana, primero contra la selección de Costa Rica y luego contra la de nuestro país. Por supuesto, quizás nunca sepamos quiénes son esos elementos oscuros.
Pero en un momento del juego, el jugador Guardado tuvo la oportunidad de oro de aplicar un concepto que, en teoría, es el que debe prevalecer en todos los órdenes de la vida y sobre todo el deporte: el Fair Play. Es sencillo. Si juegas limpio, todos ganan. Si el Sr. Guardado lo aplicaba en ese momento, se convertía en el nuevo símbolo mundial de este concepto. En un mundo hiperconectado, donde los medios han acortado todas las distancias, niños de Singapur, Nigeria y Nicaragua lo habrían aplaudido quizás por una generación entera. Pero, finalmente, primó la lealtad a las cosas pequeñas y mezquinas.
Hay otro caso. Michael Schumacher es un expiloto de Fórmula 1 alemán. Es el poseedor de casi todos los récords existentes en la máxima categoría del automovilismo mundial. Por estos días, se recupera de un lamentable accidente.
Lo cierto es que los amantes de este deporte admiran al Sr. Schumacher, pero en realidad el verdadero ídolo mundial es otro. Su nombre es Ayrton Senna. Un carismático corredor ya desaparecido físicamente, que lo dejaba todo en la pista por ganar para su equipo y su afición. Por supuesto, esto no es lógico. Lo correcto es que todos quisieran ser como el más premiado.
La diferencia la hace esto: en varias carreras, el equipo para el que corría el Sr. Schumacher lo favorecía de manera desproporcionada en detrimento de su compañero de equipo, fuera quien fuera. Incluso. Llegó a suceder que al final de varias carreras, estos eran instruidos para que bajaran la velocidad en beneficio del alemán. 0 Fair Play.
Todo lo anterior se aplica en el quehacer político. Muchas veces nuestros políticos no entienden por qué si son los que más regalan, los que más salen en la televisión, en la radio, etc., no son los más queridos y les cuesta todo.
Hay quienes gozan de una inmensa popularidad momentánea y al cabo de un tiempo, son relegados al olvido por los ciudadanos. Esto sucede porque la gente no es tonta. Entiende cuando quienes dicen querer trabajar para todos lo hacen solo para satisfacer egos e intereses personales.
Nuestro país ha visto cómo políticos de todas las tendencias, lo primero que dicen es que aspiran a un puesto, y luego buscan la forma de ir estableciendo un método para que todos nos enteremos de sus muy particulares aspiraciones.
Nuestra sociedad en general aprecia el Fair Play. En todas las dimensiones, no vale que se trabaje solo para cobrar el favor más adelante. Es muy común ver cómo presidentes, diputados y representantes de corregimiento publicitan sus donaciones y obras como si fueran propias, como si salieran los fondos de sus bolsillos.
La lección es sencilla: se pueden elegir liderazgos artificiales. Pero si se comete el error de no jugar limpio, la gente y la historia te van a castigar. Te olvidarán en el tiempo y las futuras generaciones te verán, si es que lo hacen, como una anécdota.
Regresando al tema deportivo, gran parte del problema de quienes pudieron ser grandes y ejemplo para muchos es que, quienes debieron dar el buen consejo, la instrucción o la directriz para ayudar a que se tomara la decisión correcta, no lo hicieron. Por eso los valores del equipo en conjunto son tan importantes.
Lo mismo sucede con los partidos políticos. Si no es la ética, la moral, los buenos principios y valores los que motivan al colectivo político, difícilmente se lograrán los objetivos más allá del corto plazo.
Que sea una lección para quienes, aun ahora, no aprenden que las oportunidades de hacer las cosas bien hay que tomarlas, siempre primando el bien común sobre los intereses particulares y las mezquindades de los pequeños grupos de poder. La historia es una y no perdona.
El pequeño Andrés Guardado pasará a la historia sin pena ni gloria, por su culpa y la del equipo. Y pensar que estuvo a una nada de ser un grande…

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