Don de vida
El poder de la oración
En estos últimos días, a propósito de un accidente que sufrió nuestra sobrina, la periodista Erika Michela Guerra, hija de mi apreciado hermano, el jurista y
En estos últimos días, a propósito de un accidente que sufrió nuestra sobrina, la periodista Erika Michela Guerra, hija de mi apreciado hermano, el jurista y abogado Ramiro Guerra, hemos estado cavilando sobre ese apreciado don que es la vida. Reconocemos el gran esfuerzo de los médicos del Hospital Santo Tomás, quienes diligentemente pusieron empeño para que nuestra sobrina siga para rato en el mundo del periodismo dando y prestando sus valiosos servicios, pero es justo reconocer y en eso estoy convencido, que hoy en mí se afinca ese pensamiento que el poder de la oración ante el jefe, todo lo puede. Dios intervino para que Erika, cristiana convencida, sea un testimonio viviente de que Jesucristo es misericordioso y bueno.
Nosotros, los mortales, solemos perder las perspectivas de nuestro ser espiritual y nos creemos inmortales, eternos y vivimos la vida como si esta nunca se nos irá y nos vamos al extremo de creernos poderosos y no nos damos cuenta de que cuanto tenemos (familia, bienes, amigos) se lo debemos a nuestro Dios. Nos volvemos soberbios, vanidosos, pretenciosos, abusivos, etc, ¡Qué equivocados estamos!
La Biblia, el libro de los libros, sagrada, evoca el pasaje del rey Nabucodonosor, quien un día al levantarse y pararse en el balcón de su palacio, exclamó todo este imperio y riquezas lo he hecho yo. Una voz de lo más profundo y celestial, le dijo Necio, cómo menosprecias mi benevolencia, yo que todo te lo he dado y en verdad te digo que en un año perderás poder y riquezas y surcarás los caminos de la pobreza y miseria y vivirás como animal. Así fue, pero la grandeza de Nabucodonosor aprendió la lección y Dios le devolvió el reinado de Babilonia y en adelante brilló por su humildad.
En los Estados Unidos, existe una comunidad de científicos, todos médicos, que de ateos, agnósticos, han aceptado que lo que la ciencia no puede, lo puede el Poder de la oración y la fe. En Panamá tenemos testimonios de enfermos terminales, que ni los médicos de cabecera saben explicarse cómo estos pacientes se han recuperados. ¡Gloria a Dios!
Aprovecho para en nombre de mi hermano Ramiro, darles las gracias a los miles de panameños que pusieron a Erika Guerra en oración, a sus compañeros periodistas y de trabajo. A las autoridades de los ministerios de Justicia y Seguridad, quienes han estado pendiente del estado de salud de nuestra sobrina, a los médicos de la Sala de Cuidados Intensivos, no tenemos palabras para externar nuestro eterno agradecimiento.
¡Erika, te queremos!

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