Jesucristo
El sufrimiento en la cruz solamente lo hizo por ti
Y la encarnación fue un hecho real: Dios se hace hombre y para siempre. Y por ti. Cómo entender que la infinitud divina en sabiduría, misericordia
Y la encarnación fue un hecho real: Dios se hace hombre y para siempre. Y por ti. Cómo entender que la infinitud divina en sabiduría, misericordia y poder, el Dios que no tiene límites, en la segunda persona de la Santísima Trinidad se despojara del goce de sus atributos para hacerse hombre, como nosotros en todo, menos en el pecado. Esto implica asumir todo lo que vive el hombre, por ejemplo, el trauma del crecimiento humano en sus diferentes facetas: niñez, adolescencia, juventud y madurez; además, dependiendo de criaturas humanas como María Santísima y José para aprender a hablar, caminar, leer y vivir en el marco de la pobreza, digna en sí, pero siempre con sus carencias y limitaciones, y en un casi anonimato hasta llegar a la vida pública.
Esto solamente se hace porque Dios nos ama, te ama a ti, hasta el extremo de ser como tú, igual en todo, menos en nuestra desobediencia al Padre. Cansarse, llorar, experimentar miedo, dolor, angustias, así como reír, cantar, sentir alegría y felicidad; saber lo que es la tristeza y pasar hambre, sufrir el desprecio y la marginación… Eso es la encarnación y lo hizo por ti.
Y el sufrimiento en la cruz fue real. Su pasión empezó al descubrir Jesús que uno de los doce lo iba a traicionar. Cuando Judas llega con un grupo para apresarlo y se acerca y lo besa, Jesús sintió una puñalada en el corazón. La traición de un amigo, con quien compartió tres años en los que Jesús brindó todo su amor y dedicación a los discípulos, supuso un golpe certero y duro al alma de Cristo. Y luego el juicio injusto, testigos falsos, la cobardía de Pilatos, la tortura de la soldadesca romana, que saciaron en Cristo todas sus frustraciones por ser un ejército invasor, despreciado por los judíos, lejos de su tierra y familias. El dolor que experimentó Jesús cuando descubre a Pedro traicionándolo, insultándolo, negándose a aceptar que era de los suyos. La comparación con un “tal Barrabás”, asesino condenado a muerte y que el populacho pidió fuera liberado, en vez de Jesús. Todo eso lo sufrió Jesús por ti.
Las torturas más espantosas. Entregar a Jesús, el Cordero inmaculado, la inocencia pura y en total vulnerabilidad a una tropa sedienta de crueldad, fue el peor acto que se le ocurrió a Pilatos. Qué noche tan horrenda. Los latigazos dados con esas cuerdas cuyas puntas tenían bolas de plomo, algunas con un garfio especial que arrancaba la piel; los golpes en la cara y en el cuerpo; los salivazos y las burlas continuas; todo esto provocó en Jesús una mengua radical de energía física y aumentaban el dolor moral, por la forma en que veía que la humanidad le pagaba su gesto de amor de encarnarse y entregarse por todos. Jesús estaba entrando en una lenta agonía ya que todo su cuerpo estaba llagado por los latigazos, y para rematar le ponen un corona de espinas que le hace sangrar el cuero cabelludo y se ríen poniéndole un manto color púrpura y un “cetro real” mofándose de él. Y todo eso lo aguantó Jesús por amor a ti.
Sus últimos momentos. Pilatos lo entrega a la muerte por crucifixión y el populacho enardecido, gritando y burlándose, acompaña a Jesús y a los soldados romanos al calvario. Las tres caídas que dice la tradición; la ayuda que le dio Simón de Cirene a Jesús cargando con la cruz de Cristo. El diálogo con las mujeres que lloran; el encuentro que apunta la tradición tuvo Jesús con Verónica; Jesús va sin fuerzas al Gólgota y allí lo clavan en la cruz. El golpe certero del martillo hunde los clavos en la carne de Jesús atravesándola, clavando pies y manos al madero. Brota la sangre; Jesús grita de dolor. Y todo eso lo experimentó Jesús por amor a ti.
Jesús se está muriendo. La agonía en la cruz está causada por la tortura previa, las heridas provocadas por los clavos, la asfixia en que se somete Cristo por la forma en que está colgado su cuerpo, ya que solo recibe bocanadas de aire cuando se empina en sus pies clavados y el tétano le está comprimiendo los músculos del tórax y la mandíbula impidiéndole respirar. Se está desangrando y deshidratando. Y ahí está cargando con los pecados de todos y sintiendo el abandono de su Padre por asumir la culpa de todas las maldades cometidas en el mundo. Y así entrega su vida al Padre exclamando “todo está cumplido”, muriendo en la cruz por amor a ti, solamente porque te ama, Él, con quien eres invencible.

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