Embarazos y concubinatos escolares
Publicado 2007/07/05 23:00:00
En el pasado, hemos guardado silencio sobre el tema, dejándolo en manos supuestamente expertas de pedagogos, psicólogos y sociólogos, quienes coincidieron en la conveniencia de permitir a las embarazadas menores de edad seguir dando clases junto con sus compañeros adolescentes. Se estimó entonces, acaso con buen juicio, que suficiente trauma es un embarazo prematuro, como para sumarle una expulsión que, además, representaba una especie de denegación del derecho a educarse.
Han pasado algunos años desde entonces y los embarazos escolares han ido en aumento. Hoy la relación sexual temprana se está convirtiendo en regla y muchos empiezan a relacionar el fenómeno a la permisividad con la presencia en las aulas de jóvenes encinta que reforzaría un mensaje claramente recibido de la sociedad en otros ambientes.
Ahora ha surgido una alarma por lo que implica un salto cualitativo del problema. Ahora las aulas no sólo se pueblan de embarazadas, sino también de parejas que viven en abierto concubinato, esto es, de jóvenes que viven con sus parejas como marido y mujer. Y allí nos parece advertir una contradicción.
¿Qué es peor, que una estudiante embarazada viva con sus padres o con su pareja? A primera vista la respuesta no es fácil. Si se embarazó no fue porque lo hizo sola. Y en consecuencia, lo natural es que viva y comparta la nueva condición con el responsable. La ley civil, incluso, contempla la figura de la emancipación de edad, según la cual un menor de edad puede adquirir los derechos y obligaciones propios de un adulto casándose o adquiriendo parejas. Ya en el pasado, muchos jóvenes han superado con éxito juntos, con el apoyo inicial de sus padres, el trance.
¿Mal ejemplo? Lo menos que podemos sugerir es que los especialistas deben ponerse de acuerdo. Si permitieron a embarazadas que viven con sus padres en las escuelas, difícilmente pueden negar igual derecho a las parejas que vivan juntos.
Quizás ha llegado el momento de un debate, pasado ya tiempo suficiente desde el experimento de permitir en las escuelas a jóvenes encargando bebés. Acaso debe considerarse impartir una educación especial, propia de un adulto, a quienes en su vida íntima asumieron decisiones y responsabilidades igualmente propias de adultos.

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