En defensa de la ciencia libre
En defensa de la ciencia libre
En la medida en que la humanidad avanza, a través del ensayo y error se acumula experiencia y conocimiento que ayudan a encontrar sentido a la realidad. La ciencia, comprendida como un conjunto de conocimientos sistematizados, parte primero de la observación, tras lo cual se generan postulados (hipótesis), para encontrar una posible explicación (objetivo); luego, se propone una metodología de trabajo o experimentación, que garantice la replicación futura por el investigador u otras personas; seguidamente, se discute y analizan los resultados obtenidos, contrastándolos con experiencias previas (si las hay) y finalmente se llegan a conclusiones válidas, que procuran dar respuesta al objetivo planteado en la investigación.
Lo anterior resume de modo sencillo el método científico, siendo Don René Descartes, filósofo y matemático francés, el principal precursor. Dicho método es aplicable en los diferentes niveles de formación académica, desde la escuela hasta la universidad. Por otro lado, es menester comprender que, la motivación para hacer ciencia es intrínseca en el ser humano, al querer encontrar respuestas y por ello, la ciencia no es exclusiva de ninguna persona o entidad. Sin embargo, existen mecanismos que pueden ayudar a garantizar la calidad de la contribución científica, siempre y cuando estos sean desarrollados de manera objetiva, por personas idóneas y con ética, para evitar posibles sesgos o manipulaciones antojadizas que atentan contra la libre expresión de los hombres y mujeres de ciencia.
El propósito de este escrito es dejar un manifiesto frontal y directo, en defensa de la ciencia libre, para lo cual se exponen estos tres principios orientadores:
1. La ciencia es libre, sin discriminación por edad, experiencia, formación, género, credo o simpatía personal. Esto es importante de ser reafirmado, porque la ciencia debe estar al servicio de la sociedad a la que nos debemos, honrando claro está el método científico con responsabilidad. Lamentablemente, pueden surgir supuestos "Gurúes" o "Sabios" (Vacas Sagradas), que con un halo de impunidad se sientan dueños absolutos de la verdad y crean que pueden criticar o inclusive prohibir que otras personas también se interesen por trabajar temáticas similares, viéndolos como posible amenaza y haciendo "críticas" muchas veces a espaldas de los que hacen y avanzan; sin tener la valentía para hablar de frente y con respeto.
2. La crítica constructiva ayuda a crecer y mejorar como científico y como ser humano; la crítica destructiva es mejor ignorarla. En relación con lo anterior, hay quienes son amantes de "criticar por criticar", teniendo razón o no, solamente por un ego desmedido y querer humillar o menospreciar los aportes o contribuciones del prójimo o, peor aún, de un estudiante en proceso formativo y que necesita ganar por derecho propio experiencias y conocimientos para avanzar (quemar etapas). Lamentablemente, algunas casas de estudio pueden albergar en sus aulas (cámaras o recintos), estos entes dañinos como víboras (con el respeto que merecen estos interesantes reptiles), que miran (observan) y andan (reptan) al asecho, para atacar a traición y envenenar la mente y corazón de quienes los rodean.
3. Nadie es dueño absoluto de la verdad. Esta tercera afirmación deja claro que, por más experiencia y conocimientos que se logren consolidar en un determinado momento, la ciencia es dinámica y como tal, puede estar sujeta a cambios. Al igual que la materia y la energía, que pasan por diversos procesos de transformación, la ciencia puede evolucionar y, dado que es intrínseca a la naturaleza humana, toda persona tiene el potencial de generar cambios. Dicho esto, la ciencia es un patrimonio compartido por la humanidad y no se le debe pedir permiso ni rendir pleitesías a ninguna "Secta Científica" o grupo de "Fanáticos", siempre y cuando se haga ciencia con ética y responsabilidad.