Equidad social
Publicado 2005/02/04 00:00:00
- Néstor Jaén
De lo que se trata es de un balance entre ganancias y moralidad social o solidaridad.
Hace poco el presidente de Brasil, Lula da Silva, en el contexto del catastrófico maremoto en Asia, publicó en el diario español El Mundo el artículo "Sepultados bajo la ola gigante de la injusticia". Voy a transcribir algunos de sus párrafos que pueden hacernos reflexionar ahora que se han aprobado las polémicas reformas fiscales panameñas.
"Abundancia e injusticia han sido los rasgos salientes del siglo XX. En los últimos 40 años el PIB mundial se duplicó mientras se triplicaba la desigualdad económica entre el centro y la periferia del planeta. El 25 % de los más ricos consume el 80% de los recursos disponibles, mientras casi 2.000 millones de personas subsisten bajo el umbral de la pobreza, con menos de dos dólares diarios. Las economías industrializadas gastan 900.000 millones de dólares para proteger sus fronteras, pero dedican menos de 60.000 millones a las naciones pobres donde el hambre es la principal arma de destrucción masiva: mata 11 niños por minuto, 24.000 personas por día, el equivalente a un tsunami por semana.
Aterroriza la idea de una civilización que arroja oleadas de muerte contra su propia infancia. Si no se logra contener el aumento de la desigualdad, si las metas de desarrollo del milenio que nos hemos marcado no se cumplen, esto significará la primera gran derrota humanitaria de este siglo. Para romper la injusticia hace falta sacudir la indiferencia". Hasta aquí Lula.
En Panamá llevamos muchos años repitiendo que somos el segundo país de América en cuanto a la mala distribución de las riquezas. Según datos del Ministerio de Economía y Finanzas de marzo del 2000, citados por la Conferencia Episcopal Panameña en su carta pastoral sobre la justicia social en Panamá del 6 de enero de 2001, el 20% más rico de los panameños gana el 62.7% del ingreso nacional mientras que el 20% más pobre sólo percibe el 1.5% de dicho ingreso. Esto es un pecado que clama al cielo y al decirlo, los obispos no están fomentando ninguna lucha de clases sino el despertar de las conciencias y el salir de esa indiferencia que censura Lula en su artículo.
Técnicamente no podemos opinar sobre las reformas recién aprobadas, porque la economía no es nuestro campo; pero ciertos puntos de reflexión tal vez sirvan a algunas personas o grupos.
1. Para conseguir equidad no podemos esperar a que "la copa de vino" de los que más tienen se llene y luego se derrame para que algo caiga hacia los que menos tienen. Eso no es ni humanista ni cristiano. Hay que renunciar "hasta que duela", al menos un poco, como decía la madre Teresa de Calcuta. Y nosotros nos preguntamos, ¿al aumentar los impuestos es necesario que las empresas pasen su costo a los consumidores o es sólo una estrategia económica?
2. Lo anterior no significa que en lo económico haya que tener pérdidas. No. De lo que se trata es de un balance entre ganancias y moralidad social o solidaridad. En este sentido el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia nos dice: "Así como en el área de la moralidad uno debe tener en cuenta las razones y requisitos de la economía, igualmente también en el área de la economía uno debe abrirse a las exigencias de la moralidad". (No 331). Producir bienes eficientemente es un deber moral para no perder recursos, pero esa producción debe asegurar la equidad en su distribución por motivos de justicia y caridad.
3. Para "sanear nuestra casa" los empresarios exitosos no deben evadir sus impuestos, ni los trabajadores asalariados negar sus contribuciones. Pero a su vez el gobierno tiene que dar el ejemplo con la rebaja de ciertos salarios y gastos de representación exagerados y con un uso justo social y transparente de sus recaudaciones.
4. No seamos miopes en el sentido de ver sólo nuestros intereses. Abramos mentes y corazones hacia el bien del país entero y así todos saldremos ganando.
Hace poco el presidente de Brasil, Lula da Silva, en el contexto del catastrófico maremoto en Asia, publicó en el diario español El Mundo el artículo "Sepultados bajo la ola gigante de la injusticia". Voy a transcribir algunos de sus párrafos que pueden hacernos reflexionar ahora que se han aprobado las polémicas reformas fiscales panameñas.
"Abundancia e injusticia han sido los rasgos salientes del siglo XX. En los últimos 40 años el PIB mundial se duplicó mientras se triplicaba la desigualdad económica entre el centro y la periferia del planeta. El 25 % de los más ricos consume el 80% de los recursos disponibles, mientras casi 2.000 millones de personas subsisten bajo el umbral de la pobreza, con menos de dos dólares diarios. Las economías industrializadas gastan 900.000 millones de dólares para proteger sus fronteras, pero dedican menos de 60.000 millones a las naciones pobres donde el hambre es la principal arma de destrucción masiva: mata 11 niños por minuto, 24.000 personas por día, el equivalente a un tsunami por semana.
Aterroriza la idea de una civilización que arroja oleadas de muerte contra su propia infancia. Si no se logra contener el aumento de la desigualdad, si las metas de desarrollo del milenio que nos hemos marcado no se cumplen, esto significará la primera gran derrota humanitaria de este siglo. Para romper la injusticia hace falta sacudir la indiferencia". Hasta aquí Lula.
En Panamá llevamos muchos años repitiendo que somos el segundo país de América en cuanto a la mala distribución de las riquezas. Según datos del Ministerio de Economía y Finanzas de marzo del 2000, citados por la Conferencia Episcopal Panameña en su carta pastoral sobre la justicia social en Panamá del 6 de enero de 2001, el 20% más rico de los panameños gana el 62.7% del ingreso nacional mientras que el 20% más pobre sólo percibe el 1.5% de dicho ingreso. Esto es un pecado que clama al cielo y al decirlo, los obispos no están fomentando ninguna lucha de clases sino el despertar de las conciencias y el salir de esa indiferencia que censura Lula en su artículo.
Técnicamente no podemos opinar sobre las reformas recién aprobadas, porque la economía no es nuestro campo; pero ciertos puntos de reflexión tal vez sirvan a algunas personas o grupos.
1. Para conseguir equidad no podemos esperar a que "la copa de vino" de los que más tienen se llene y luego se derrame para que algo caiga hacia los que menos tienen. Eso no es ni humanista ni cristiano. Hay que renunciar "hasta que duela", al menos un poco, como decía la madre Teresa de Calcuta. Y nosotros nos preguntamos, ¿al aumentar los impuestos es necesario que las empresas pasen su costo a los consumidores o es sólo una estrategia económica?
2. Lo anterior no significa que en lo económico haya que tener pérdidas. No. De lo que se trata es de un balance entre ganancias y moralidad social o solidaridad. En este sentido el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia nos dice: "Así como en el área de la moralidad uno debe tener en cuenta las razones y requisitos de la economía, igualmente también en el área de la economía uno debe abrirse a las exigencias de la moralidad". (No 331). Producir bienes eficientemente es un deber moral para no perder recursos, pero esa producción debe asegurar la equidad en su distribución por motivos de justicia y caridad.
3. Para "sanear nuestra casa" los empresarios exitosos no deben evadir sus impuestos, ni los trabajadores asalariados negar sus contribuciones. Pero a su vez el gobierno tiene que dar el ejemplo con la rebaja de ciertos salarios y gastos de representación exagerados y con un uso justo social y transparente de sus recaudaciones.
4. No seamos miopes en el sentido de ver sólo nuestros intereses. Abramos mentes y corazones hacia el bien del país entero y así todos saldremos ganando.

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