Fox y América Latina
Publicado 2000/08/17 23:00:00
Hasta la elección de Vicente Fox, el primer viaje internacional de los presidentes era a Washington. El representante del PAN ha cambiado esa tradición de los mandatarios del PRI, viajando significativamente a Chile, Brasil, Argentina y Uruguay, en una demostración significativa de la prioridad que le asigna a América Latina la política exterior del nuevo gobierno mexicano.
Asesores de Fox como el politólogo Jorge Castañeda, resaltan que el viaje del presidente mexicano es mucho más que un simple gesto. Representa la recuperación de la identidad latinoamericana de un país que más miró al norte de su frontera en busca de la aquiescencia de su poderoso vecino, hoy ligado a él más que nunca por un tratado de libre comercio. Como ex -ejecutivo de una trasnacional norteamericana, Fox no va a caer en el simplismo de confrontar a su vecino o de relativizar sus relaciones diplomáticas. Nada de eso. Fox tiene metas económicas para profundizar sus relaciones con el Mercosur y de insertarse con más fuerza y nitidez en el proceso latinoamericano. Su viaje a América del Sur coincide con la convocatoria brasileña a una reunión de jefes de Estado lanzada por Fernando Henrique Cardoso. Fox no estará presente en el cónclave por razones geográficas, pero en el Mercosur ya no habrá dudas del rol que anhela el nuevo gobierno mexicano.
La estrategia consiste en reposicionar a México dentro del triángulo Nafta- Mercosur- Unión Europea y no jugar una sola carta, como lo hizo el PRI, aunque no se desconoce el esfuerzo de Zedillo por negociar la relación con la comunidad europea.
Otro componente importante en la nueva línea internacional de Fox será su preocupación por los derechos humanos, el medio ambiente y el narcotráfico, tres puntos vulnerables en el accionar del PRI. En cuanto a derechos humanos, se modificará la postura mexicana de cerrar los ojos a los atropellos en países regidos por dictaduras, aplicando una interpretación capciosa del principio de no ingerencia en asuntos internos. El PRI se curaba en salud, aferrándose a la no intervención, para que la comunidad internacional no tuviera posibilidad de atender a los opositores y disidentes de su monopolio político. La Doctrina Estrada, concebida por el canciller mexicano Genaro Estrada para frenar el intervencionismo norteamericano, se deformó en una imagen de neutralidad calculada para no votar contra Cuba comunista, contra la dictadura militar panameña y otros regímenes de la misma calaña, en los foros internacionales en los que se debatía sus violaciones contra los derechos humanos. Sin embargo, la revolución de las relaciones internacionales no proviene del partido que usa la palabra en su logotipo sino del partido de centro que esperó pacientemente para cambiar su postura, dentro y fuera de México.
Asesores de Fox como el politólogo Jorge Castañeda, resaltan que el viaje del presidente mexicano es mucho más que un simple gesto. Representa la recuperación de la identidad latinoamericana de un país que más miró al norte de su frontera en busca de la aquiescencia de su poderoso vecino, hoy ligado a él más que nunca por un tratado de libre comercio. Como ex -ejecutivo de una trasnacional norteamericana, Fox no va a caer en el simplismo de confrontar a su vecino o de relativizar sus relaciones diplomáticas. Nada de eso. Fox tiene metas económicas para profundizar sus relaciones con el Mercosur y de insertarse con más fuerza y nitidez en el proceso latinoamericano. Su viaje a América del Sur coincide con la convocatoria brasileña a una reunión de jefes de Estado lanzada por Fernando Henrique Cardoso. Fox no estará presente en el cónclave por razones geográficas, pero en el Mercosur ya no habrá dudas del rol que anhela el nuevo gobierno mexicano.
La estrategia consiste en reposicionar a México dentro del triángulo Nafta- Mercosur- Unión Europea y no jugar una sola carta, como lo hizo el PRI, aunque no se desconoce el esfuerzo de Zedillo por negociar la relación con la comunidad europea.
Otro componente importante en la nueva línea internacional de Fox será su preocupación por los derechos humanos, el medio ambiente y el narcotráfico, tres puntos vulnerables en el accionar del PRI. En cuanto a derechos humanos, se modificará la postura mexicana de cerrar los ojos a los atropellos en países regidos por dictaduras, aplicando una interpretación capciosa del principio de no ingerencia en asuntos internos. El PRI se curaba en salud, aferrándose a la no intervención, para que la comunidad internacional no tuviera posibilidad de atender a los opositores y disidentes de su monopolio político. La Doctrina Estrada, concebida por el canciller mexicano Genaro Estrada para frenar el intervencionismo norteamericano, se deformó en una imagen de neutralidad calculada para no votar contra Cuba comunista, contra la dictadura militar panameña y otros regímenes de la misma calaña, en los foros internacionales en los que se debatía sus violaciones contra los derechos humanos. Sin embargo, la revolución de las relaciones internacionales no proviene del partido que usa la palabra en su logotipo sino del partido de centro que esperó pacientemente para cambiar su postura, dentro y fuera de México.

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