La Calzada de Amador y el Casco Viejo
- Carlos A. RodrÃguez / VÃctor Santos
En días pasados me dediqué, aprovechando el poco tráfico del día, a recorrer la Calzada de Amador y el Casco Viejo de la ciudad.
Con gran satisfacción pude apreciar como en la Calzada de Amador va “viento en popa” la construcción del Museo Gehry y al panameño disfrutar la mayoría de las veces con su familia de la gran belleza del sitio, sin que hubiera para ellos ninguna discriminación económica, ni social. Eran panameños utilizando ese bien revertido a la nación cuando se aprobó el Tratado Torrijos-Carter. Pude observar a gente haciendo ejercicios, a otros paseando en bicicletas, y algunos se contentaban con observar el mar y el bello panorama que tenían ante sí. Varias marinas con yates y botes de distintos tamaños abarrotaban los fondeaderos.
En esa área de la Calzada abundan los restaurantes y pequeñas fondas con comidas muy diversas que son muy disfrutadas por compatriotas y turistas. Es realmente impresionante el desarrollo que en ese sentido se da. Sin embargo, pude apreciar también, pero con preocupación, como se están levantando muchos edificios que van a agravar más el grave problema existente del tránsito. Independientemente, aunque lo dudo mucho, que ese tipo de edificación estuviera incluida en el plan original de desarrollo del área, lo cierto es que la actual infraestructura de La Calzada de Amador no permite ese tipo desordenado de construcciones que se están dando.
En el recorrido que hice ese día pasé al Casco Viejo. Pude con nostalgia y pena rememorar parte de mi juventud. Con mucha frecuencia acompañado de varios amigos íbamos a presenciar los programas de boxeo que se daban en el entonces Gimnasio Neco de la Guardia frente al cuartel de la Policía Nacional. Al terminar la función nos dirigíamos a pie hasta nuestra casa en la Plaza Herrera. Pasábamos todo ese tramo sin preocupación y temor, inclusive atravesábamos sin problema lo que entonces se llamaba la “área de tolerancia” en donde las mujeres entre las calles 18 y 22 ofrecían sus servicios sexuales. Jamás tuvimos contratiempo caminando prácticamente solos en nuestro largo recorrido. No existían, por supuesto, los maleantes de hoy, ni las bandas de jóvenes criminales que se quieren matar entre ellos. Eran sin duda otros tiempos y la familia panameña estaba mejor constituida; era más responsable y educaban mejor a sus hijos. El área que ocupa el Casco Viejo muestra un gran crecimiento, aunque todavía se experimenta mucha delincuencia, y que ojalá desaparezca pronto para beneficio propio y de los extranjeros que nos visitan. No hay la menor duda de que en pocos años será el Casco Viejo un lugar de gran atracción turística, como lo constituyen hoy día la parte antigua de La Habana, Cartagena y otras ciudades que han impulsado mucho la reconstrucción de esos sitios.

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