La desigualdad social en Panamá
- Antonio Saldaña
Por eso existen países muy pobres con ingresos desiguales pero también países de ingreso medio, como nuestro terruño, con altos niveles de desigualdad. Un ejemplo de lo anterior es la comparación de pobreza versus desigualdad de Honduras y Panamá.
Quizás la representación panameña en el Foro Mundial de Economía (Davos) haya pasado inadvertida por la vorágine desatada por el escándalo de corrupción de Odebrecht. Sin embargo, los panameños esperamos que el Ministro de Economía y Finanzas y la vicepresidente y canciller de la República que nos representaron en la trigésima sexta versión del Foro de Davos, que bajo el eje temático de un «Liderazgo responsable y receptivo» se desarrolló en esta localidad de los Alpes Suizos del 17 al 22 de enero de 2017 hayan expresado con firmeza y transparencia la situación de desigualdad que afecta gravemente el crecimiento económico con equidad en nuestro país. Pero más allá del diagnóstico, dejaran establecidas las estrategias o políticas públicas diseñadas por el gobierno nacional para enfrentar uno de los dos indicadores tan certeros como preocupantes de la coyuntura mundial, esto es, la desigualdad social. A la fecha la sociedad panameña no ha sido informada aun de dicha gestión internacional.
Las empresas admitieron en Davos que la globalización no ha reducido la desigualdad. Como explicó el economista Branko Milanovic en el informe de PwC, los mayores beneficios de la globalización han ido a parar a una pequeña élite, cada vez más rica, en los países industrializados y a la clase media asiática, mientras que los ciudadanos de rentas bajas en los países desarrollados y subdesarrollados o de crecimiento medio han sido sus grandes perdedores. Para corroborarlo bastan dos datos. Según un informe que publicó el pasado domingo 15 de enero Oxfam, solo ocho hombres poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, 3,600 millones de personas. En Panamá el 20% más rico de la población capta el 62% del ingreso nacional.
Nuestro País creció en el período comprendido entre 2008 y 2013 un promedio de 7% aproximadamente, en el 2014 el PIB fue de 6.1%, en el 2015 la economía prosperó menos, pero creció 5.8%, en el 2016 el incremento del producto fue de 5.4% y se prevé una progresión para el 2017 de alrededor de 5.4%. El PIB per cápita es de $12,794.00 ¿Qué podemos inferir de las cifras anteriores? Que desde el 2008 la economía panameña no ha dejado de crecer, pero a partir de 2015 crece menos y en el 2017 tendrá un crecimiento igual al año anterior, pero que será la economía de mayor crecimiento en la Región. Además somos un un país de ingreso medio alto.
Según el Banco Mundial en el 2015 la pobreza en Panamá era de 26% y para el MEF de 22.3%. El desempleo se situó en 5.1% levemente por encima del “desempleo friccional” o pleno empleo y el empleo informal se ubica en 40.2%. La tasa de inflación en el 2016 es de 0.2%. El coeficiente de GINI que mide la mala distribución del ingreso era en el 2013 de 0.50, en el año 2014 fue de 0.49 colocándose por primera vez en 23 años por debajo de 0.50, en el 2015 volvió a bajar 0.48, pero en el 2016 la desigualdad repuntó y se colocó en 0.52 ubicándose décimo entre los 14 países más desiguales del mundo. En esto hay que distinguir entre pobreza que se refiere al ingreso medio de una sociedad y la desigualdad que indica la distribución del ingreso.
Por eso existen países muy pobres con ingresos desiguales pero también países de ingreso medio, como nuestro terruño, con altos niveles de desigualdad. Un ejemplo de lo anterior es la comparación de pobreza versus desigualdad de Honduras y Panamá. Honduras tiene una población en situación de pobreza de 64.5% y Panamá con menos de la mitad 26%, sin embargo, con muchísima menor pobreza la desigualdad es muy similar, Panamá 51.7 y Honduras 53.7. Dicho de otra manera somos el País de mayor crecimiento de la Región, con insignificante inflación, robusto ingreso per cápita, desempleo casi friccional, baja pobreza, pero con una enorme “brecha” de desigualdad. Para atender estructuralmente esa dificultad se tiene que implementar políticas públicas dirigidas puntualmente, entre otras, a incrementar el salario de los empleados y trabajadores; y aumentar -con trasferencias de dinero condicionado- los ingresos de los pobres y “pobres de solemnidad” ¡Así de simple es la cosa!
El autor es abogado, analista y político.

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