La normalización del juega vivo
- Ing. Helmut De Puy
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- Ciudadano Construyendo futuro
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En Panamá, muchas veces hablamos de los grandes problemas del país como si ninguno tuviera algo que ver con nosotros. Señalamos la corrupción, el desorden, la falta de respeto a las normas o el deterioro de la convivencia, pero pocas veces nos detenemos a analizar cómo pequeñas conductas cotidianas también contribuyen a normalizar eso mismo que tanto criticamos.
El juega vivo se ha convertido, poco a poco, en algo tan común que en ocasiones hasta se aplaude. Se ve en quien se estaciona donde no debe "solo por un momento", en quien se cuela en una fila porque "nadie se va a dar cuenta", en quien tira basura esperando que otro la recoja o en quien intenta sacar ventaja incumpliendo reglas que sí exige a los demás.
El problema es que ninguna sociedad logra avanzar cuando la trampa cotidiana se percibe como algo normal. Porque el deterioro institucional no inicia únicamente en las altas esferas; también empieza cuando nosotros mismos, como ciudadanos, dejamos de respetar pequeñas normas básicas de convivencia.
Muchas veces exigimos orden mientras contribuimos al desorden. Pedimos una mejor ciudad mientras no cuidamos los espacios públicos. Queremos instituciones fuertes, pero miramos hacia otro lado cuando nos benefician personalmente.
Y quizás ahí está una de las reflexiones más importantes que debemos hacernos como sociedad, el cambio no depende únicamente de gobiernos o leyes. También depende de la cultura ciudadana que construimos todos los días a través de nuestras acciones.
Respetar las reglas no debería verse como ingenuidad. Ser responsable no debería convertirse en motivo de burla. Y actuar correctamente no tendría que depender de si existe o no una sanción de por medio.
Las sociedades que progresan no lo hacen solo por tener más recursos o mejores gobiernos. También avanzan porque desarrollan una cultura donde el respeto, el orden y la responsabilidad dejan de ser excepciones y se convierten en hábitos colectivos.
Panamá tiene enormes oportunidades como país. Pero para aprovecharlas plenamente, debemos entender que las pequeñas acciones del día a día también construyen, o destruyen, la sociedad en la que vivimos. Porque al final, el juega vivo que hoy parece insignificante, mañana termina convirtiéndose en el problema que todos criticamos.

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