Lecciones de "política" y sabiduría popular
Publicado 1999/04/12 23:00:00
La sabiduría popular, sin la disciplina del conocimiento científico, pero bajo la prueba imbatible del "ensayo y error" es producto de las aportaciones hechas por seres humanos de todas partes, en todos los tiempos. Que los dichos y refranes mejores testimonios de esa sabiduría- se le adjudiquen a orientales, occidentales, norteños o a sureños, no es lo más importante, lo que más importa es su casi validez universal, sin perder de vista su carga jocosa y educativa, junto a la claridad indiscutible que poseen.
En el ámbito político, por ejemplo, ¿qué precaución es más valedera que aquella que reza "di tú plimelo" adjudicada a algún precavido oriental radicado en nuestro entorno. Y ¿por qué? Entre otras razones, basta ver el vaivén de organizaciones y actores políticos durante los últimos meses, para darse cuenta que el respaldo, como hecho que garantiza el apoyo dado o recibido, es algo que se fragua debidamente, solo después que se manifiesta una actitud de compromiso del lado de quien lo obtiene y una percepción de ventaja, de parte de quien lo da, y no antes; de lo contrario, se corre el peor de los riesgos políticos: ser objetivo de una "sacada de tabla" . Si no cumple con esta exigencia, el respaldo, a lo más que llega acercarse es al inservible o por lo más, decorativo "apoyo moral". Más abajo del apoyo moral, el escalón inmediatamente inferior es el de "la neutralidad", decir "soy neutral" no es más que asumir la cómoda postura que generalmente termina por favorecer al que cuenta con más ventajas para dominar.
De esta forma, los acuerdos se convierten en transacciones supeditadas a sorpresivas agarradas "con los pantalones abajo", a medida que el tiempo va exigiéndole definición a los actores. Los principios, programas y contenidos ideológicos, en la mayoría de los casos, no son más que baños dorados que se van perdiendo, a medida que "el cobre va saliendo".
Para muestra unos cuantos botones: En el bando oposicionista, el MOLIRENA lo ha experimentado todo en pocos meses. Guillermo Ford y Rodrigo Arosemena coincidieron contra Arturo Vallarino y éste no pudo convertirse en líder del partido. Pocas semanas después, Ford y Vallarino conjugaron esfuerzos para expulsar a Arosemena del MOLIRENA; a renglón siguiente, los recién aliados (Ford y Vallarino) contra Arosemena utilizarían todo su poder de fuego para destruirse mutuamente, ante la coyuntura de determinar quién habría de ocupar la vicepresidencia que ofrecía la candidata arnulfista. A final de cuentas, con tal rotación de pactos en tan breve periodo de tiempo, quedaba claro que una de las más importantes destrezas requeridas para la subsistencia política es dominar la carpintería, con especialidad en "serruchadera de pisos".
En el arnulfismo, la triunfante Mireya Moscoso pudo arrancarle palabras de reconocimiento a quien había sido su adversario en las primarias, y que meses antes había hecho pública su no intención de aspirar a la candidatura presidencial y su apoyo a la Sra. Moscoso, para la contienda electoral de 1999. Pero en definitiva, Alberto Vallarino, tras la aceptación de su derrota, marcó otra ruta, a contrapelo de quien semanas atrás le había ganado en las primarias de su partido. Medio año después de las primarias arnulfistas, Vallarino sentía que se había "mojado" lo suficiente para "coger los camarones", y no veía razón alguna para darse por vencido. Junto a él aparecería un importante grupo de legisladores arnulfistas que solo unas cuantas semanas antes habían hecho acto de fe ante el liderazgo de la Sra. Moscoso.
Por su parte, el partido Demócrata Cristiano, cuya dirigencia venía de dos años de estar sentada en la mesa de negociaciones con los partidos Arnulfista y MOLIRENA y de acompañar a estas organizaciones en la alianza Unión por Panamá, da un giro de 180 grados y se convierte en la primera fuerza que ofrece el boleto de Alberto Vallarino, para un viaje que tiene como destino la presidencia de la República. El PDC, al estilo de "Juan Seguro" que "mató a Confianza", prefirió apostar, en una súbita jugada, a su supervivencia de manera clara y decidida. Atrás había quedado el romanticismo de una familia oposicionista que mucho "rezó unida, pero que no permaneció unida". Esta vez el PDC no habría de sufrir las consecuencias de un "camarón que se duerme ", como le había ocurrido en la campaña de 1989 y posteriormente en abril de 1991, cuando fue expulsado del gobierno arnulfista. Sin duda, se trataba de una verdadera "sacada de clavo".
Los liberales que tienen como líder a Joaquín Franco y que una vez rompieron con toda una historia de pugnas, cuando en 1984 unieron fuerzas con los panameñistas y apoyaron a Arnulfo Arias; ahora, tras diez años de compañerismo, dieron su voz de aliento a favor de Alberto Vallarino, lejos ya del Partido Arnulfista. Después de algunos meses de estar guardando distancia de Doña Mireya Moscoso y su partido, los liberales de la campana una vez más demostraban sus habilidades como "fumadores bajo el agua", que se atreven a "robarse el mandado" cuando no son tomadas en cuenta sus expectativas y exigencias electorales.
Omaira "Mayín" Correa, figura que ha logrado agrandar su órbita política más allá de los límites del distrito capital, dio muestras de ser una buena administradora de su tiempo político. Aunque su principal riesgo queda en evidencia con la sentencia de que "el que mucho abarca, poco aprieta"; sus posibilidades, tanto para la candidatura de vicepresidenta, como para un nuevo periodo como alcaldesa se fueron definiendo a medida en que se definían otros poderosos actores. Mayín hizo de la máxima "el apuro trae cansancio" un verdadero patrón de conducta. Su candidatura como vicepresidenta y alcaldesa, consiguió de sus acérrimos enemigos, los demócratas cristianos, el reconocimiento y la digestión de muchas palabras vertidas en más de un lustro de guerra sin cuartel.
En el PRD, el partido menos sacudido por golpes y contragolpes internos, no faltaron sorpresas, las primarias confirmaron lealtades y también revelaron deslealtades. Sin duda, el más llamativo caso fue el de Alfredo Oranges, quien al calor de las tensiones y del debate electoral, terminó en la cocción del caldo oposicionista, específicamente en el grupo que tiene por candidato presidencial a Alberto Vallarino. Osado, con una actitud que se ha caracterizado por "hablar de la soga en casa del ahorcado" y ya en campaña para la obtención de un puesto en la Asamblea Legislativa, no dudó en intentar un transplante de miembros de su partido a las filas de apoyo a Alberto Vallarino, con la novedad de una tesis torrijista en el seno de la oposición.
El partido Movimiento Papa Egoró, después de una larga y bulliciosa decantación, fijó su rumbo de acuerdo a la intención de pertenecer a alguna alianza. Todo parece indicar que su credo de "antitradicionalismo político" profesado en 1994 pertenece al pasado y la búsqueda de respuestas a sus necesidades inmediatas, validada por la máxima que asegura que "más vale pájaro en mano que cien volando" lo acercó a la fuerza electoral que más garantías le dio para su sobrevivencia como organización política. A la temprana edad de sus segundas elecciones, los egoristas se darían cuenta por qué "una golondrina no hace verano".
Por otra parte, otros partidos de corta edad o de membresía pequeña, como Cambio Democrático, Renovación Civilista, Nacionalista Popular y MORENA, tampoco resistieron la tentación de tomar "de la botella un trago" y cuando no tuvieron su "San Benito", por lo menos dieron repentinos brincos en medio del folklore de las alianzas.
Cambio Democrático (CD), partido que vio la luz durante la administración de Pérez Balladares y que respaldó la reforma constitucional de la reelección, se convirtió en un adversario de los que hasta ayer habían sido sus aliados, gracias a una "pesca en río revuelto" que se dio en aquellos días en que las nóminas y alianzas presidenciales sonaban a un ritmo de `treinta y tres revoluciones por minuto", con lo que pasó a formar parte de la alianza liderada por Mireya Moscoso.
Renovación Civilista, sometido al debate de elegir a Alberto Vallarino como candidato presidencial, tuvo que soportar a un Juan Manuel Castulovich quien levantó toda una gama de denuncias contra la opción de Vallarino. El partido Nacionalista Popular, "quemó sus últimos cartuchos" en una discusión entre el excoronel Roberto Díaz Herrera y la dirigencia del partido, en la que no faltó ninguna clase de insultos. MORENA, que en 1994 había construido una barrera que lo separara de Doña Mireya, en 1999 se convertiría en un partido convencido de que "a falta de pan, buenas son las galletas".
En medio de pactos y negociaciones de partidos, los brincos, sobresaltos, cambios bruscos, contradicciones, giros de 180 grados y golpes de timón, son todos sinónimos de `maniobras" diarias motivadas por ejercicios de astucia en política. Así, lo excepcional pasa a convertirse en lo común y corriente y la desconfianza reinante pone en vigencia la ley de que "en política no hay sorpresas, sino sorprendidos", ya que, como decía el recordado líder liberal, Don David Samudio Avila, "la política es una fiesta en la que nadie sabe con quién bailará la última pieza".
En el ámbito político, por ejemplo, ¿qué precaución es más valedera que aquella que reza "di tú plimelo" adjudicada a algún precavido oriental radicado en nuestro entorno. Y ¿por qué? Entre otras razones, basta ver el vaivén de organizaciones y actores políticos durante los últimos meses, para darse cuenta que el respaldo, como hecho que garantiza el apoyo dado o recibido, es algo que se fragua debidamente, solo después que se manifiesta una actitud de compromiso del lado de quien lo obtiene y una percepción de ventaja, de parte de quien lo da, y no antes; de lo contrario, se corre el peor de los riesgos políticos: ser objetivo de una "sacada de tabla" . Si no cumple con esta exigencia, el respaldo, a lo más que llega acercarse es al inservible o por lo más, decorativo "apoyo moral". Más abajo del apoyo moral, el escalón inmediatamente inferior es el de "la neutralidad", decir "soy neutral" no es más que asumir la cómoda postura que generalmente termina por favorecer al que cuenta con más ventajas para dominar.
De esta forma, los acuerdos se convierten en transacciones supeditadas a sorpresivas agarradas "con los pantalones abajo", a medida que el tiempo va exigiéndole definición a los actores. Los principios, programas y contenidos ideológicos, en la mayoría de los casos, no son más que baños dorados que se van perdiendo, a medida que "el cobre va saliendo".
Para muestra unos cuantos botones: En el bando oposicionista, el MOLIRENA lo ha experimentado todo en pocos meses. Guillermo Ford y Rodrigo Arosemena coincidieron contra Arturo Vallarino y éste no pudo convertirse en líder del partido. Pocas semanas después, Ford y Vallarino conjugaron esfuerzos para expulsar a Arosemena del MOLIRENA; a renglón siguiente, los recién aliados (Ford y Vallarino) contra Arosemena utilizarían todo su poder de fuego para destruirse mutuamente, ante la coyuntura de determinar quién habría de ocupar la vicepresidencia que ofrecía la candidata arnulfista. A final de cuentas, con tal rotación de pactos en tan breve periodo de tiempo, quedaba claro que una de las más importantes destrezas requeridas para la subsistencia política es dominar la carpintería, con especialidad en "serruchadera de pisos".
En el arnulfismo, la triunfante Mireya Moscoso pudo arrancarle palabras de reconocimiento a quien había sido su adversario en las primarias, y que meses antes había hecho pública su no intención de aspirar a la candidatura presidencial y su apoyo a la Sra. Moscoso, para la contienda electoral de 1999. Pero en definitiva, Alberto Vallarino, tras la aceptación de su derrota, marcó otra ruta, a contrapelo de quien semanas atrás le había ganado en las primarias de su partido. Medio año después de las primarias arnulfistas, Vallarino sentía que se había "mojado" lo suficiente para "coger los camarones", y no veía razón alguna para darse por vencido. Junto a él aparecería un importante grupo de legisladores arnulfistas que solo unas cuantas semanas antes habían hecho acto de fe ante el liderazgo de la Sra. Moscoso.
Por su parte, el partido Demócrata Cristiano, cuya dirigencia venía de dos años de estar sentada en la mesa de negociaciones con los partidos Arnulfista y MOLIRENA y de acompañar a estas organizaciones en la alianza Unión por Panamá, da un giro de 180 grados y se convierte en la primera fuerza que ofrece el boleto de Alberto Vallarino, para un viaje que tiene como destino la presidencia de la República. El PDC, al estilo de "Juan Seguro" que "mató a Confianza", prefirió apostar, en una súbita jugada, a su supervivencia de manera clara y decidida. Atrás había quedado el romanticismo de una familia oposicionista que mucho "rezó unida, pero que no permaneció unida". Esta vez el PDC no habría de sufrir las consecuencias de un "camarón que se duerme ", como le había ocurrido en la campaña de 1989 y posteriormente en abril de 1991, cuando fue expulsado del gobierno arnulfista. Sin duda, se trataba de una verdadera "sacada de clavo".
Los liberales que tienen como líder a Joaquín Franco y que una vez rompieron con toda una historia de pugnas, cuando en 1984 unieron fuerzas con los panameñistas y apoyaron a Arnulfo Arias; ahora, tras diez años de compañerismo, dieron su voz de aliento a favor de Alberto Vallarino, lejos ya del Partido Arnulfista. Después de algunos meses de estar guardando distancia de Doña Mireya Moscoso y su partido, los liberales de la campana una vez más demostraban sus habilidades como "fumadores bajo el agua", que se atreven a "robarse el mandado" cuando no son tomadas en cuenta sus expectativas y exigencias electorales.
Omaira "Mayín" Correa, figura que ha logrado agrandar su órbita política más allá de los límites del distrito capital, dio muestras de ser una buena administradora de su tiempo político. Aunque su principal riesgo queda en evidencia con la sentencia de que "el que mucho abarca, poco aprieta"; sus posibilidades, tanto para la candidatura de vicepresidenta, como para un nuevo periodo como alcaldesa se fueron definiendo a medida en que se definían otros poderosos actores. Mayín hizo de la máxima "el apuro trae cansancio" un verdadero patrón de conducta. Su candidatura como vicepresidenta y alcaldesa, consiguió de sus acérrimos enemigos, los demócratas cristianos, el reconocimiento y la digestión de muchas palabras vertidas en más de un lustro de guerra sin cuartel.
En el PRD, el partido menos sacudido por golpes y contragolpes internos, no faltaron sorpresas, las primarias confirmaron lealtades y también revelaron deslealtades. Sin duda, el más llamativo caso fue el de Alfredo Oranges, quien al calor de las tensiones y del debate electoral, terminó en la cocción del caldo oposicionista, específicamente en el grupo que tiene por candidato presidencial a Alberto Vallarino. Osado, con una actitud que se ha caracterizado por "hablar de la soga en casa del ahorcado" y ya en campaña para la obtención de un puesto en la Asamblea Legislativa, no dudó en intentar un transplante de miembros de su partido a las filas de apoyo a Alberto Vallarino, con la novedad de una tesis torrijista en el seno de la oposición.
El partido Movimiento Papa Egoró, después de una larga y bulliciosa decantación, fijó su rumbo de acuerdo a la intención de pertenecer a alguna alianza. Todo parece indicar que su credo de "antitradicionalismo político" profesado en 1994 pertenece al pasado y la búsqueda de respuestas a sus necesidades inmediatas, validada por la máxima que asegura que "más vale pájaro en mano que cien volando" lo acercó a la fuerza electoral que más garantías le dio para su sobrevivencia como organización política. A la temprana edad de sus segundas elecciones, los egoristas se darían cuenta por qué "una golondrina no hace verano".
Por otra parte, otros partidos de corta edad o de membresía pequeña, como Cambio Democrático, Renovación Civilista, Nacionalista Popular y MORENA, tampoco resistieron la tentación de tomar "de la botella un trago" y cuando no tuvieron su "San Benito", por lo menos dieron repentinos brincos en medio del folklore de las alianzas.
Cambio Democrático (CD), partido que vio la luz durante la administración de Pérez Balladares y que respaldó la reforma constitucional de la reelección, se convirtió en un adversario de los que hasta ayer habían sido sus aliados, gracias a una "pesca en río revuelto" que se dio en aquellos días en que las nóminas y alianzas presidenciales sonaban a un ritmo de `treinta y tres revoluciones por minuto", con lo que pasó a formar parte de la alianza liderada por Mireya Moscoso.
Renovación Civilista, sometido al debate de elegir a Alberto Vallarino como candidato presidencial, tuvo que soportar a un Juan Manuel Castulovich quien levantó toda una gama de denuncias contra la opción de Vallarino. El partido Nacionalista Popular, "quemó sus últimos cartuchos" en una discusión entre el excoronel Roberto Díaz Herrera y la dirigencia del partido, en la que no faltó ninguna clase de insultos. MORENA, que en 1994 había construido una barrera que lo separara de Doña Mireya, en 1999 se convertiría en un partido convencido de que "a falta de pan, buenas son las galletas".
En medio de pactos y negociaciones de partidos, los brincos, sobresaltos, cambios bruscos, contradicciones, giros de 180 grados y golpes de timón, son todos sinónimos de `maniobras" diarias motivadas por ejercicios de astucia en política. Así, lo excepcional pasa a convertirse en lo común y corriente y la desconfianza reinante pone en vigencia la ley de que "en política no hay sorpresas, sino sorprendidos", ya que, como decía el recordado líder liberal, Don David Samudio Avila, "la política es una fiesta en la que nadie sabe con quién bailará la última pieza".

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