Los cuatro retos que afronta Panamá
Publicado 2004/01/15 00:00:00
- Roberto N. Méndez
El estallido social de enero de1964, cuyo cuadragésimo aniversario celebramos hace pocos días, condujo a negociaciones diplomáticas entre Panamá y Estados Unidos (EU), y a la eventual firma y ejecución de un nuevo tratado sobre el Canal, el Tratado Torrijos-Carter de 1977. Dicho pacto contiene logros importantes; pero también creó grandes problemas y retos a Panamá.
Los barcos de carga que atraviesan el Canal de Panamá son cada vez más voluminosos. Si esta vía no se moderniza y amplía, eventualmente quedará obsoleta. Las opciones son: la construcción de un canal a nivel; la de un "tercer juego" de esclusas; y la combinación de soluciones conocida como "canal seco".
El tercer juego de esclusas, que se perfila como la opción más probable, costaría cerca de 5,000 millones de dólares, y su construcción podría demorar entre cinco y diez años. Ello involucra un desembolso anual cercano a los 1,000 millones de dólares durante la ejecución del proyecto. ¿Es viable recurrir a los peajes para financiarlo? Creo que sí.
El Canal obtiene actualmente cerca de 600 millones de dólares anuales en peajes. Esto significa que para obtener $1,000 millones anuales más, tendríamos que aumentar los peajes en un 150%, aproximadamente. Un estudio de la Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas (CEPAL) determinó, en 1971, que el costo de transitar por el Canal es aproximadamente una séptima parte de lo que un barco promedio tendría que gastar circunvalando América del Sur.
Es decir, que los peajes podrían sextuplicarse sin que el tránsito se desviase a rutas alternas. Aún cuando ha habido aumentos de peajes desde aquella fecha, también ha habido un gran crecimiento del volumen promedio de los barcos, de manera que el ahorro probablemente se mantiene cercano a la citada proporción. Esto me indica que los peajes podrían aumentarse en más de un 150% sin que ocurra, en consecuencia, una desviación importante del tránsito por el Canal.
Pero los lagos Gatún y Alajuela no tendrían la capacidad de abastecer las nuevas esclusas. Se ha planteado la creación de lagos artificiales en las tierras altas de Coclé y Colón; sin embargo, ello tendría consecuencias sociales y ecológicas muy adversas. Más racional parece la alternativa de un sistema de reciclaje de agua, cuya viabilidad debemos analizar con cuidado.
El Tratado de 1977 devolvió a Panamá tierras e infraestructura valoradas en varios miles de millones de dólares. Aún cuando son criticables el reducido contenido social y otros aspectos del aprovechamiento de estas áreas y edificios hasta la fecha, el mismo ha compensado ya, en gran parte, la pérdida de empleos suscitada al retirarse las bases militares de Panamá en el año 1999, y su potencial es mucho mayor a lo ya logrado.
Además del reto que representa el aprovechamiento futuro de estas áreas, está en pie una de las consecuencias más negativas de la presencia de bases militares norteamericanas en Panamá, cual es la contaminación de cientos de hectáreas con deshechos militares y químicos peligrosos. El Tratado de 1977 exigía la descontaminación de dichas áreas "hasta donde fuese posible". En otra muestra de su tradicional mezquindad hacia Panamá, el gobierno de EU se ha negado, hasta la fecha, a limpiarlas.
La Administración Moscoso abordó inicialmente el problema, llevándolo incluso a las Naciones Unidas; pero luego lo archivó, al parecer buscando la "buena voluntad" de los EU en lo referente a la firma de un "tratado de libre comercio" con dicho país, lo cual es un grave error, que debemos corregir con urgencia.
El Tratado de Neutralidad, anexo al Tratado de 1977, y sus "enmiendas", designan a los EU como el garante de la "neutralidad" del Canal, además de lo cual otorgan a sus barcos de guerra derechos de tránsito prioritario. Con ambas disposiciones, el pacto se contradice a sí mismo: por definición, un tratado de neutralidad no puede ser garantizado por un solo país, ni puede otorgarle derechos preferenciales a ningún país.
El Tratado confiere, además, a EU, ofensivos derechos unilaterales de intervenir en Panamá. Es cierto que la experiencia reciente, en Afganistán e Irak, demuestra que los gobernantes de EU están dispuestos a pisotear el orden jurídico internacional cuando les conviene; sin embargo, ello no significa que debamos otorgarles tratados que les faciliten cometer abusos contra nuestros pueblos. Es, pues, importante que Panamá plantee ante los principales foros internacionales la renegociación de este Tratado.
Cuarto reto: Apartar a Panamá de la ofensiva militarista y neocolonial de EU. Con la retirada de las bases militares en 1999, Panamá dejó de ser un objetivo militar de los enemigos de EU. Pero hoy, con el pretexto de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, la Administración Bush ha emprendido una peligrosa ofensiva militarista y neocolonialista. La misma ha incluido los -ya citados- ataques a Afganistán e Irak. Dicha ofensiva también amenaza afectar a Panamá, país al cual los gobernantes norteamericanos pretenden convertir, una vez más, en una plataforma de agresión contra organizaciones o gobiernos latinoamericanos.
Plegándose a las presiones de EU, la Administración Moscoso concertó con dicho país el ilegal acuerdo "Salas-Becker" en el año 2001, que permite el tránsito de tropas y equipo militar norteamericano, por los aires y aguas de Panamá. También vendió, el año pasado, a la embajada de EU, 17 hectáreas de la antigua base militar de Clayton, para la supuesta construcción de una nueva sede diplomática. Esto tiene todos los visos de ser una ilegal -y muy peligrosa- base militar norteamericana.
¡En conclusión, la heroica lucha librada por los mártires de enero de 1964 no ha terminado! Surgen ante nosotros cuatro retos de dimensión histórica. ¿Nos atreveremos a afrontarlos, para bien de nuestros hijos, con el coraje necesario, inclusive emplazando a los candidatos a puestos de elección pública al respecto? Tú tienes la respuesta.
Los barcos de carga que atraviesan el Canal de Panamá son cada vez más voluminosos. Si esta vía no se moderniza y amplía, eventualmente quedará obsoleta. Las opciones son: la construcción de un canal a nivel; la de un "tercer juego" de esclusas; y la combinación de soluciones conocida como "canal seco".
El tercer juego de esclusas, que se perfila como la opción más probable, costaría cerca de 5,000 millones de dólares, y su construcción podría demorar entre cinco y diez años. Ello involucra un desembolso anual cercano a los 1,000 millones de dólares durante la ejecución del proyecto. ¿Es viable recurrir a los peajes para financiarlo? Creo que sí.
El Canal obtiene actualmente cerca de 600 millones de dólares anuales en peajes. Esto significa que para obtener $1,000 millones anuales más, tendríamos que aumentar los peajes en un 150%, aproximadamente. Un estudio de la Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas (CEPAL) determinó, en 1971, que el costo de transitar por el Canal es aproximadamente una séptima parte de lo que un barco promedio tendría que gastar circunvalando América del Sur.
Es decir, que los peajes podrían sextuplicarse sin que el tránsito se desviase a rutas alternas. Aún cuando ha habido aumentos de peajes desde aquella fecha, también ha habido un gran crecimiento del volumen promedio de los barcos, de manera que el ahorro probablemente se mantiene cercano a la citada proporción. Esto me indica que los peajes podrían aumentarse en más de un 150% sin que ocurra, en consecuencia, una desviación importante del tránsito por el Canal.
Pero los lagos Gatún y Alajuela no tendrían la capacidad de abastecer las nuevas esclusas. Se ha planteado la creación de lagos artificiales en las tierras altas de Coclé y Colón; sin embargo, ello tendría consecuencias sociales y ecológicas muy adversas. Más racional parece la alternativa de un sistema de reciclaje de agua, cuya viabilidad debemos analizar con cuidado.
El Tratado de 1977 devolvió a Panamá tierras e infraestructura valoradas en varios miles de millones de dólares. Aún cuando son criticables el reducido contenido social y otros aspectos del aprovechamiento de estas áreas y edificios hasta la fecha, el mismo ha compensado ya, en gran parte, la pérdida de empleos suscitada al retirarse las bases militares de Panamá en el año 1999, y su potencial es mucho mayor a lo ya logrado.
Además del reto que representa el aprovechamiento futuro de estas áreas, está en pie una de las consecuencias más negativas de la presencia de bases militares norteamericanas en Panamá, cual es la contaminación de cientos de hectáreas con deshechos militares y químicos peligrosos. El Tratado de 1977 exigía la descontaminación de dichas áreas "hasta donde fuese posible". En otra muestra de su tradicional mezquindad hacia Panamá, el gobierno de EU se ha negado, hasta la fecha, a limpiarlas.
La Administración Moscoso abordó inicialmente el problema, llevándolo incluso a las Naciones Unidas; pero luego lo archivó, al parecer buscando la "buena voluntad" de los EU en lo referente a la firma de un "tratado de libre comercio" con dicho país, lo cual es un grave error, que debemos corregir con urgencia.
El Tratado de Neutralidad, anexo al Tratado de 1977, y sus "enmiendas", designan a los EU como el garante de la "neutralidad" del Canal, además de lo cual otorgan a sus barcos de guerra derechos de tránsito prioritario. Con ambas disposiciones, el pacto se contradice a sí mismo: por definición, un tratado de neutralidad no puede ser garantizado por un solo país, ni puede otorgarle derechos preferenciales a ningún país.
El Tratado confiere, además, a EU, ofensivos derechos unilaterales de intervenir en Panamá. Es cierto que la experiencia reciente, en Afganistán e Irak, demuestra que los gobernantes de EU están dispuestos a pisotear el orden jurídico internacional cuando les conviene; sin embargo, ello no significa que debamos otorgarles tratados que les faciliten cometer abusos contra nuestros pueblos. Es, pues, importante que Panamá plantee ante los principales foros internacionales la renegociación de este Tratado.
Cuarto reto: Apartar a Panamá de la ofensiva militarista y neocolonial de EU. Con la retirada de las bases militares en 1999, Panamá dejó de ser un objetivo militar de los enemigos de EU. Pero hoy, con el pretexto de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, la Administración Bush ha emprendido una peligrosa ofensiva militarista y neocolonialista. La misma ha incluido los -ya citados- ataques a Afganistán e Irak. Dicha ofensiva también amenaza afectar a Panamá, país al cual los gobernantes norteamericanos pretenden convertir, una vez más, en una plataforma de agresión contra organizaciones o gobiernos latinoamericanos.
Plegándose a las presiones de EU, la Administración Moscoso concertó con dicho país el ilegal acuerdo "Salas-Becker" en el año 2001, que permite el tránsito de tropas y equipo militar norteamericano, por los aires y aguas de Panamá. También vendió, el año pasado, a la embajada de EU, 17 hectáreas de la antigua base militar de Clayton, para la supuesta construcción de una nueva sede diplomática. Esto tiene todos los visos de ser una ilegal -y muy peligrosa- base militar norteamericana.
¡En conclusión, la heroica lucha librada por los mártires de enero de 1964 no ha terminado! Surgen ante nosotros cuatro retos de dimensión histórica. ¿Nos atreveremos a afrontarlos, para bien de nuestros hijos, con el coraje necesario, inclusive emplazando a los candidatos a puestos de elección pública al respecto? Tú tienes la respuesta.

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